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Por si aún quedasen dudas del avance registrado los últimos cinco años en América Latina y se creyera que el continente 'no ha hecho aporte alguno a la teoría científico-social', como citan algunos académicos euro-centristas que maldicen el aporte del continente, desde variados espacios y diversos liderazgos, a la construcción de un bloque regional latinoamericanista para el siglo 21.
Por Alexis Ponce *
apdhecuador@gamil.com
Latinoamérica: el niño índigo del siglo 21
Si todavía alguien sostuviera que América Latina no ha aportado a la construcción de un planeta pluri-polar a punto de alumbrarse a inicio de la siguiente década y se insistiera en que nuestro continente no ha superado la larga fase de resistencia a “la oscura noche neoliberal” (el término fue acuñado por el presidente de Ecuador, Rafael Correa); quisiera recordar dos de las prolíficas experiencias del nuevo continente, que demuestran lo contrario. Que Latinoamérica, como lo dijera el joven vicepresidente de Bolivia, Álvaro García, "es el continente a la vanguardia de la reflexión planetaria porque ha sido el primero en hacer la gran pregunta: ‘¿Qué viene después del neoliberalismo?’
El nuevo mapa del poder en América Latina no está en la disyuntiva entre una “izquierda carnívora” y una “izquierda vegetariana”, como señalan varios ultristas, disputándose la representación de los nuevos procesos sociales y políticos de poder, sino ante un continente que emerge, para asombro del mundo y de tradicionales matrices de análisis de la realidad, como ‘el niño índigo del nuevo siglo 21 en el planeta’.
Como referente de organización social para el nuevo tiempo, tenemos al Movimiento Sim Terra del Brasil, cuya experiencia alumbró caminos por doquier y aportó a la existencia del Foro Social Mundial, señaló rutas en la constitución de nuevos movimientos sociales en el planeta, a la par que apostó a una visión integral de los movimientos sociales al conjugar cultura, política, arte, espacio lúdico, importancia de la comunicación y vida interna horizontal.
En segundo lugar, el desconocido aporte de los movimientos sociales e indígenas de Bolivia, cuya Constituyente no la piensan únicamente para Bolivia o el continente, sino para el planeta al asegurar –desde esa Constituyente distorsionada por los grupos privados de información y en América–, que la Constitución Boliviana está pensada "para aportar a un nuevo pacto entre la humanidad y la Pacha Mama, desde los Andes y el Sur, para el mundo entero".
Si la Constituyente en Bolivia logra derrotar la conjura interna y externa, su aporte sería nacer una Constitución, quizá la primera en el mundo, que haga suya, constitucionalmente, la lucha contra el Calentamiento Global de la Tierra, desde una perspectiva Sur.
En aras de recuperar la autoestima en algunos rincones del escenario regional, recuerdo que América tiene el honor de haber superado el llamado “Pensamiento Único”, haberle puesto fin al llamado “fin de la historia”; pues ha sido el continente donde más se ha cuestionado, en lo social, económico, cultural y humano, a la democracia a secas que ha hecho crisis; al igual que al modelo económico de "libre marcado" en picada. Y, más aún, al empezar a integrarse en un bloque regional, Latinoamérica ha desafiado la unipolaridad hegemónica en boga.

Existe actualmente un bloque sudamericano no uniforme, sino de diversos procesos y múltiples liderazgos progresistas. Tenemos hoy en Sudamérica un emergente y progresivo bloque regional formado por gobiernos progresistas simultáneos, disímiles pero concordantes entre sí, en Bolivia, Brasil, Argentina, Venezuela, Nicaragua, Uruguay, Ecuador, Chile y potencialmente los futuros Paraguay y El Salvador; en tanto que crece la actoría de movimientos civiles de nuevo tipo en casi todos los países.
Experiencias como las que hoy conmueven la región, eran impensables ayer. Ante tan seductora simultaneidad progresista latinoamericana, que no tiene parangón en otro continente del mundo, y cuya capacidad de erotizar y transformar el aburrimiento humano y la violenta política mundial, sigue intacta; la elite mundial ya nada nuevo puede ofrecer al planeta, que demanda un pacto universal que supere el agónico marco de la globalización. Ya nada innovador puede ofrecer la vieja Europa a este continente y ninguna de las ideas-fuerza de los 90as logra seducir ya.
Para que la legendaria China sea una nación, tuvo que esperar mil años y padecer cientos de guerras. Latinoamérica atraviesa un proceso sorprendente de integración sin necesidad de atravesar cientos de guerras ni milenios. Por eso es que le afea tanto a la elite que ahora reaparezca en la escena continental nuestra negada historia, que integra pasado y presente, y presente con el futuro en toda Sudamérica.
Sólo a los ‘mamertos’, y me refiero al sabroso colombianismo que así moteja a los esquemáticos de las viejas izquierdas, se les ocurre sostener en blanco y negro que este fenómeno ‘no es de izquierda’ o ‘sí es de izquierda’. Quisieran que todos los presidentes de la tendencia emergente, fueran de una sola dimensión, la de ellos, y que todos los procesos fueran ‘iguales a’, para que este complejo proceso que vive Sudamérica pueda ser bendecido como suyo.

En esa chata dimensión de nuestra realidad calzan las tesis de algunos intelectuales europeos y otros de este continente que tienen “software” del pasado, pues al tratar la nueva Sudamérica, lo hacen con parámetros del siglo 19. Todo el panorama reciente en Ecuador y el continente, lo ven bajo la óptica unilateral de una sola izquierda: la de ellos.
Nuevo paraguas tridimensional
Asistimos a nuevos tiempos que expresan una diversidad de corrientes en una misma tendencia, por eso no puede hablarse de ‘una izquierda’, igual que lo hacen los mass media pero en sentido contrario, denigrando todos los procesos nuevos como ‘eje del mal’. Se trata de varias tendencias, progresistas todas, aliadas en un paraguas tridimensional de nuevo tipo: la Integración Sudamericana, la Superación del Neoliberalismo y la búsqueda de un nuevo Proyecto común.
No hay un 'líder único', para empezar, sino un proceso en que percibimos multi-liderazgos, y es diverso y enriquecedor, ninguno ‘mejor’ que otro. Tenemos a la mayoría de países de Sudamérica cobijados con una similar matriz identitaria: la integración latinoamericana, la autodeterminación sub-continental y la construcción de un bloque propio en el escenario post-mundialización que se viene.
Hay un nuevo momento en América pero es errado verlo desde ópticas simplistas, porque así lo ven, paradoja cruel, Montaner, Vargas Llosa y nuestros pequeños Montaner en la una orilla; cuanto los "mamertos" y esquemáticos en la otra. Es un momento tendencial de nuevo tipo y por eso debemos hablar de nuevas izquierdas (en diversidad plural) en proceso de construcción donde algunas tesis deben ser incluidas: la existencia y necesidad de ampliación de la clase media latinoamericana, garantías de libertades públicas y derechos humanos en todos esos procesos y vigencia de la propiedad y empresa privada de acento nacional. Aquí otros elementos componen nuestra realidad y otros paradigmas se deben forjar.

Esto no puede ser el socialismo o el capitalismo europeo, que se intentó imponer como verdad sagrada en un continente bizarro. No puede ser socialismo cuartelero o euro-comunismo. Basta ya de seguir pensando América con matrices ajenas a nuestra realidad. Es un tema que la izquierda tradicional no quiere ver en América Latina y sólo se pasa tipificando todos los procesos.
En mayor o menor grado, todos nuestros procesos tratan de hacer realidad modelos propios: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, etcétera, pero a su manera. Así que no se puede satanizar a unos y alabar a otros: todos son importantes porque parten de factores distintos al capitalismo salvaje y al comunismo estatista.
La desconocida integración ‘sudaca’
Existen concretas, numerosas y variadas evidencias de este nuevo tiempo en Sudamérica: por primera vez en cien años tenemos un medio de comunicación regional sudamericano, que con todo y límites, es del Sur, no sólo venezolano, pues tiene capital e intervención de Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Cuba. Está por crearse Radiosur, que unificará a las radios progresistas de Sudamérica. Tenemos Petrosur, Petro-Caribe y el ‘Anillo Energético Regional’. Ha nacido una estructura política de integración diferente a la moribunda OEA: la Unión Sudamericana de Naciones, Unasur, cuya sede permanente será Quito y cuyo Secretario General es un estadista, el ex-presidente Rodrigo Borja, quien propuso una cédula de identidad única, sudamericana, para superar barreras migratorias y fardos del pasado.

Pero como fatalistas que somos, seguimos viendo con el lente del pasado y decimos ‘no va a ser posible’, ‘es teórico’. Esa es la matriz que están alimentando tipos como Montaner que todos los días tienen pantalla y papel para repetir tonterías en todo lado. En América emergen nuevos ejes, distintos al eje ‘izquierda-derecha’ con el que nos enseñaron a pensar hasta hoy.
Ahora claro, es un proceso complejo y difícil, pero al igual que los europeos luego de dos guerras mundiales, nuestros pueblos están maduros para la integración subcontinental. Es más, a pesar de que Brasil pareciera remar más lento, hoy avanza uno de los más estratégicos espacios de integración: el Banco del Sur, propuesto por Argentina, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Venezuela, y admitido recientemente por el presidente de Colombia. ¿Cuándo se habló de un Banco unificado sudamericano en los últimos cien años en el continente? Es la primera vez que ‘los sudacas’ tendremos un banco propio que repatríe nuestros capitales. El Presidente ecuatoriano, ha sido excelente y desconocido dinamizador (es economista) de los contenidos del Banco del Sur que será una realidad este fin de año.
Y para rematar, Ecuador propondrá a la Unasur que trabaje en la emisión de una moneda regional única y fuerte, y eso no había ocurrido nunca antes porque pasábamos pensando en copiar modelos de afuera: en Moscú, Miami, Pekín, París o Harvard. Tenemos que aprender a desenchufarnos de dogmas para avanzar. La gente de a pie es la más libre, los del lío son las academias y partidos, pero la mayoría no está organizada y quiere la integración, el cambio, aunque no entienda los detalles.
Latinoamérica demanda conocimiento
Tendremos que aprender a convivir en un proceso cultural complejo y nuevo, en todo el continente, donde por un tiempo sostendremos en nosotros mismos el pasado y el futuro, el siglo 20 y el 21, y los dos milenios: el que acaba de morir y el que está naciendo.
Bajo ese telón de fondo, los adversarios del proceso latinoamericano han entendido mucho mejor que las izquierdas "mamertas" lo que está en juego: no se pasan el tiempo caracterizando cada proceso desde ópticas del siglo 19, sino que a todos los fenómenos emergentes, gubernamentales y civiles que aparecen en escena, los envuelven en un solo saco de epítetos supuestamente conceptuales: "neo-populismo" o "populismo izquierdista".
El avance integrador es únicamente gubernamental, pero los movimientos sociales y partidos políticos progresistas aún no superan el lente de “la escuela de verano” como el francés Ramonet motejó al gaseoso Foro Social Mundial, tan atrasado en relación al avance latinoamericano, y tampoco superan el lente del llamado Foro de Sao Paulo, que aún analiza si estos procesos que vivimos son o no “de izquierda”.
Por eso las experiencias de cada país son cruciales en esta dinámica regional, y merecen estudiarse a fondo, informarse bien y apoyarse.
Por ello es que, sin reserva de ningún tipo, provoco a las academias, las organizaciones políticas y civiles, a conocer y apoyar al proceso ecuatoriano, a conocer y apoyar a la flamante presidenta de la Argentina progresista, Cristina Fernández de Kirchner, a conocer y apoyar al desconocido proceso paraguayo y al obispo Fernando Lugo, recién elegido presidente del Paraguay con más opciones.
La teoría militar del dominó está vigente: si una de las experiencias actuales fracasa, el emergente escenario regional empezará a caer.
Se hace imprescindible configurar regional y continentalmente, desde los gobiernos y movimientos sociales, políticos y civiles de esta plural tendencia:
- Una nueva arquitectura financiera.
- Un pacto planetario para afrontar la amenaza del Cambio Climático.
- Una nueva arquitectura comunicacional latinoamericana.
- Una nueva arquitectura militar sudamericana.
- Una nueva y propia estrategia sudamericana sobre drogas.
Un hasta pronto
“Vivimos no solamente una época de cambios, sino un cambio de época”, insiste en afirmar el joven presidente de Ecuador Rafael Correa, desde su posesión. América Latina tiene la oportunidad en sus manos, de convertirse en el continente donde el cambio de época, hecho desde nuestros errores y afectos, inteligencias y sensibilidades, le ofrezca "a la sobrecogedora y solitaria humanidad una nueva, bella y posible oportunidad de vida en la Tierra".
El reciente triunfo electoral del Polo Democrático en la alcaldía de Bogotá y otras regiones de Colombia, es además de motivador y una feliz noticia reciente, la evidencia adicional de que el nuevo "centro de gravedad" atrae y avanza. Ojala Colombia, más temprano que tarde, sume sus bellos rostros a la nueva Sudamérica.
* Vocero de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, del Ecuador.
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