AL MÁRGEN

La orden del Fénix

   
     

 

 

 

En Valledupar, un equipo gay de fútbol es el dueño del fair play en contra de la intolerancia.

Por Luis Barros Pavajeau*

pavajeau68@hotmail.com

Durante los últimos dos años el Deportivo Fénix ha causado sensación en las canchas de fútbol de Valledupar. Este singular equipo que cada día aumenta su  fama entre el imaginario colectivo, no lidera ningún campeonato intercomunal, ni sus jugadores están fichados como jóvenes promesas para integrar algún día la Selección Colombia. Es más, el Deportivo Fénix, ni siquiera tiene un director técnico que arme estrategias para rebasar un marcador en contra.

Sin tantos preámbulos, su popularidad está por fuera de los noventa minutos reglamentarios; el Deportivo Fénix es un equipo gay de fútbol, que entra a la cancha orgulloso de su condición, dispuesto a dejarse ver por una sociedad que insiste en negarle la existencia. “Esto es lo que somos, no tenemos por qué escondernos”, afirma Julio Guerra, quien junto a William Suárez, armaron la idea de crear un equipo de fútbol con el solo ánimo de divertirse. No tuvieron que esperar mucho, muy pronto descubrieron que tenían el número completo de integrantes. Un grupo irregular; algunos hábiles en el manejo del balón, otros apenas con las ganas, pero todos dispuestos a enfrentarse al mundo sin agachar la cabeza.

La historia del Deportivo Fénix es más bien corta. William recuerda que en el partido inaugural que disputaron con un seleccionado femenino perdieron 3 a 2. “Eso fue lo de menos, lo que en verdad nos importó, fue ver las gradas abarrotadas y el muro de gente alrededor de las líneas de cal marcando el campo”. Después llegaron los cotejos con equipos masculinos en los cuales sufrieron unas goleadas mayúsculas, o se tropezaron con conjuntos renuentes a sudar la camiseta  porque se sabían ganadores de antemano.

Hoy es lunes de Emiliani, correspondiente a la fiesta religiosa de la Asunción de la Santísima Virgen. El Deportivo Fénix enfrentará al equipo femenino Revelación 20 de Julio, en el marco de la inauguración de la cancha de microfútbol del barrio Sicarare, que carga con un nombre desmedido a sus dimensiones; La Bombonera. Una exageración garcíamarquiana para las cuatro gradas de cemento a las orillas del campo de juego. El sol de agosto empieza a endurecerse conforme se envejece la mañana. Los muchachos aparecen a gotas, algunos amangualados con el tufo de una fiesta que acabó en la madrugada. Y conversamos de sus sueños postergados por falta de medios económicos; modelaje, cosmetología, teatro o asesoría de imagen; del apoyo familiar que reciben y de la ignorancia de los demás que siempre es un estorbo.

Unos minutos después, la conversación es interrumpida por tres pitazos del árbitro en el centro de la cancha. El Deportivo Fénix realiza el saque de honor en medio de la rechifla que despierta las gradas. En los quince minutos de descanso, le pregunto a José Tomás Díaz qué piensa de las burlas iniciales y las sonrisas maliciosas de los espectadores. Levanta los hombros y me dice que “hace mucho implementamos la estrategia de Shakira; ciega, sorda y muda”.

Mientras tanto, un temprano gol les da la ventaja a las muchachas del 20 de Julio, que acarician la posibilidad de quedarse con el triunfo. Pero no les será fácil. Al Deportivo Fénix se le nota en el apuro de las piernas, que no quiere irse al intermedio con el marcador en su contra. Así que se desmarcan, afinan los pases y patean al arco sin perforar, todavía, la red contraria. Y tanto porfían en su empeño que igualan el marcador entre una salva de aplausos que contagia al resto de las gradas. Vuelve a repetirse lo de siempre; los espectadores espontáneos, esos mismos que en un principio no apostaron ni un peso por el Deportivo Fénix, van dejando sus prejuicios entusiasmándose en el transcurso del juego, mientras orquestan los vivas de una barra.

Durante el receso se ha corrido la voz por el barrio que un equipo gay está jugando al fútbol. Nadie quiere desaprovechar la multitud ceñida al borde de la cancha; ni los vendedores de helados que sacuden campanillas, ni los loteros anunciando los privilegios de un premio mayor, ni los aspirantes políticos a la alcaldía que en una especie de mesianismo electoral, ya se sienten dueños del balón.

Ajenos a todo lo anterior, bajo la sombra ancha de un palo de caucho, los muchachos le dan las últimas puntadas a los acontecimientos de una fiesta que se resistía a apagarse cuando rayaba el día. Johan Araméndiz me comenta que es hincha del Atlético Nacional y que no se pierde ningún clásico entre Boca y River. “Si pudiera elegir, volvería a nacer gay”, dice este estudiante de enfermería que quiere, simplemente, que los demás los dejen vivir sus vidas en paz.

El segundo tiempo se inicia con una embestida de la Revelación 20 de Julio; tiros fallidos al arco de parte y parte, marcación cuerpo a cuerpo y un fogonazo de individualidad para sacudir una tribuna que repite bostezos del puro aburrimiento. La verdad es que ninguno de los dos oncenos se conformará con un empate, y lo acaba por confirmar la histeria femenina al ver el balón atravesando los límites de los tres postes. Mientras siga jugando, el Deportivo Fénix no va a resignarse con el resultado adverso. Un pase largo desde la mitad del campo, cae en el empeine derecho de un delantero que elude la defensa y dispara un tiro que la arquera ni siquiera ve entre el polvero pegado a sus piernas; otro empate a dos tantos.

Y al final, en los segundos adicionales que corren para completar los noventa minutos, un postrero gol de la Revelación 20 de Julio liquida el encuentro, entre la decepción general del Deportivo Fénix. Como un premio de consolación, un aplauso viaja en efecto dominó por las tribunas. Los muchachos ya entrevén la revancha en cualquier otro barrio de la ciudad. Arrancándose los uniformes ya es hora de regresar a sus existencias mudas que durante el tiempo del partido, los esperaron en el banco de las suplencias.

Los integrantes del Deportivo Fénix saben que nunca tendrán en sus filas, un Maradona que juegue con la anuencia de los dioses, como saben que jamás venderán una transferencia millonaria ni serán campeones del Torneo de Clausura del fútbol colombiano. Pero eso no los trasnocha, porque en el partido que juegan día a día contra la intolerancia cotidiana, siempre saldrán campeones y ese honor nada ni nadie se los podrá arrebatar.

* Comunicador social y periodista. Escritor    

 

 

 


 
 
 

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