El año pasado, la Fiscalía golpeó a la puerta de la casa de la señora Rosalba Ascanio y le notificó la entrega de los restos de su esposo, tras recuperarlos en la finca donde lo asesinaron años después. La funeraria municipal le regaló un cofre mortuorio para sepultarlo.
Por Aleida Patarroyo*
aleidapar@yahoo.es

Foto Donna de Cesare
Cortesía: Fundación Dos Mundos OACNUDH "Colombia Imágenes y realidades"
Aunque ahora ella puede conciliar el sueño, aún rondan en su mente las imágenes imborrables de la noche en que llegaron los paramilitares a su finca en San Calixto, Norte de Santander, donde le mataron a su esposo y ella huyó como pudo, con sus ocho hijos para salvar sus vidas. Ahora los restos mortales reposan en el Cementerio Central de Cúcuta. Ella recuperó el cadáver, pero falta justicia y reparación, aunque sostiene que igual nada le podrá devolver a su marido ni la paz que antes tenía. Aún le ronda la incertidumbre.
Doña Rosalba es una de las pocas víctimas del Catatumbo (Norte de Santander) que han logrado dar sepultura a los muertos que dejó en años atrás la sangrienta incursión paramilitar en esa zona, y que hoy, tras la desmovilización de los grupos paramilitares, las autoridades por fin lograron ingresar e identificar algunos de los cuerpos y entregarlos a sus familias. “Fueron miles los muertos que dejaron los cinco años de ocupación y dominio de las Auc en el Catatumbo… las autoridades señalan que fueron 5.200, pero los habitantes del lugar aseguran que las víctimas sobrepasan estas cifras. Por ello se ve la necesidad de crear un programa integral de exhumaciones, mediante una estrategia para que los familiares de las víctimas puedan acceder a la zona, recuperar los cuerpos, hacer el duelo y ser acompañados por el Estado junto con la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR. Para que la ubicación de los cuerpos deje de ser un hecho aislado y casual dada la magnitud de la tragedia que viven los sobrevivientes en su mayoría mujeres”, señala el informe público No.2 “Tregua incierta” de la Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz – IMP, que fue presentado públicamente el pasado 19 de octubre en Bogotá.
Se denomina “Tregua incierta”, porque pese a las desmovilizaciones el control territorial y social por parte de los paramilitares se mantiene, al igual que los vínculos con la delincuencia organizada, el aprovisionamiento de armas permanece, así como la influencia en muchos gobiernos territoriales y el control de negocios ilícitos, de acuerdo con la información recogida por las mujeres en las zonas de desmovilización.
Además, porque los desmovilizados continúan delinquiendo; mantienen el miedo y temor en las comunidades adonde llegan por acciones del pasado, lideran la vigilancia privada en los barrios, imponen la hora de dormir y advierten a los padres de familia que la vida de sus hijos está en riesgo si no cumplen las órdenes; se mantiene la persecución y amenaza contra los líderes comunitarios quienes fueron coaccionados en la contienda electoral pasada, y se percibe discriminación de las comunidades contra los desmovilizados.
Este trabajo de investigación y seguimiento realizado por IMP a través de la “Mesa Nacional de Incidencia por el Derecho a la Verdad, la Justicia y la Reparación, con perspectiva de Género”, se hizo con las mujeres que viven en las zonas de desmovilización paramilitar (Caribe, Catatumbo y Antioquia).
Igualmente, el documento indica que en las desmovilizaciones colectivas, donde se cuentan 31.167 personas y se presume que se han desarticulado los bloques más grandes y con mayor capacidad armada, se han reubicado en 31 departamentos; el 70% de esa población se encuentra en los departamentos de Antioquia, Córdoba, Cesar, Magdalena y Santander. Los desmovilizados están en 606 municipios El 76% de ellos fueron ubicados en 50 municipios que han recibido al menos 100 beneficiarios cada uno.

Foto Fernando Manuel Torres
Cortesía: Fundación Dos Mundos. OACNUDH " Colombia Imágenes y realidades"
El problema radica, según el informe de IMP, en que a los municipios llegó “una avalancha humana de desmovilizados” sin que las autoridades y las comunidades cuente con ninguna preparación adecuada, lo que ha generado graves problemas a los alcaldes y gobernadores de las zonas, quienes aducen falta de recursos financieros y personal idóneo para atender esta población.
Se ha evidenciado además el aumento de violencia intrafamiliar, a partir del regreso de los desmovilizados, lo que ha ocasionado denuncias por parte de las comunidades y las familias de los excombatientes.
Lo más grave aún, es que se hace notorio que los mandos medios de los paramilitares se están rearmando en varias regiones y conservan la estructura de los bloques que estaban operando en ellas, señala el informe. Hay por lo menos 14 nuevos grupos delincuenciales, conformados por desmovilizados, en zonas que eran dominio de los antiguos paramilitares.
Por su parte, las Mesas Regionales pudieron establecer el drama que viven las víctimas sobrevivientes en la búsqueda de reclamar sus derechos a la verdad, justicia y reparación; en primer lugar, porque tienen que demostrar su condición de víctimas y aún no existe la información clara y veraz para ellas. En Cúcuta, por ejemplo, la señora Luz Stella García, para certificar que es víctima sobreviviente del asesinato de su esposo por parte de paramilitares, lleva 44 meses recibiendo negativas por parte de la Red de Solidaridad, hoy Acción Social, argumentando que no reúne los requisitos exigidos por la Ley 418 de 1997, sin que se le explique dónde está la falla.
Las desmovilizadas de la población paramilitar desmovilizada, el 6% son mujeres; su promedio de edad está entre 28 y 30 años; el 46% de ellas están casadas o en unión libre; el 6.8% son analfabetas y el 45% han tenido escolaridad baja. También se indica que en un buen número de casos, por lo menos un miembro de su familia hacía parte del grupo armado.
Se logró establecer que las mujeres excombatientes están en desventaja frente a los hombres en materia de beneficios otorgados por los programas de desmovilización. Por su condición de combatientes, las desmovilizadas sufren rechazo y estigma social, padecen de dificultades especiales para el establecimiento de relaciones de pareja o de reencuentro familiar. Muchas de ellas prefieren renunciar a su condición de desmovilizadas y ocultan su identidad, así eso signifique la pérdida de beneficios; lo mismo hacen para acceder al mercado laboral.
Entre las causas que señalan para vincularse, la mayoría considera que por conflictos familiares, resentimiento contra alguna fuerza militar o reclutamiento forzado.
*Comunicadora Iniciativa de Mujeres por la Paz, IMP
Recomendaciones
IMP hace un llamado urgente al gobierno nacional, para que reforme la política de reincorporación a la vida civil de los desmovilizados, y advierte que si no se logra un cambio profundo, en cuatro años, un gran porcentaje de los reinsertados volverán a las armas.
Finalmente, el informe insta al Gobierno para que dé cumplimiento al fallo de la Corte Constitucional sobre la Ley de Justicia y Paz, y se garantice la seguridad y el acompañamiento a las víctimas del paramilitarismo.
Además propone la creación de veedurías ciudadanas para que el proceso tenga mayor credibilidad y se adopten las medidas necesarias para asegurar la capacitación de todos los operadores judiciales, frente a la investigación de crímenes sexuales y violencia de género sobre las mujeres y niñas. |
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