Ese gran país en el que nacimos y crecimos, esa Colombia que queremos hasta la saciedad, es un gran país para nosotros los colombianos y nuestro ego es tan grande como el mismo territorio. Queriendo que ese amor de patria nunca acabe, reflexionamos día a día sobre aquellos dolores que nos produce por causa de una violencia que nunca quisimos ni queremos, pero que nos acompaña y continúa derramando sangre de nuestros hermanos.
Por José Ignacio Penagos Hincapié*
jose.penagos@gmail.com
Estos dolores que contrastan con el amor de patria se suman a las luchas y nuevas guerras inventadas que justifican la posesión de los políticos de turno en las esferas de poder. Ellas mismas se valen de los secuestrados, los mutilados por minas antipersona, el narcotráfico, la subversión, y a cada una se le declaró una guerra.
Estas guerras contra la subversión, contra el narcotráfico, contra las minas, contra la corrupción, contra el secuestro, vienen acompañadas de un constante y permanente pisoteo a los derechos humanos; derechos fundamentales de los ciudadanos en donde el equilibrio y la igualdad no se perciben ni en el trato ante la ciega –y cada vez más ciega- justicia.

Con ese mismo amor y preocupación que embarga a los millones de colombianos honestos, decentes y trabajadores que realmente construyen patria, me puse en la tarea de preguntar a intelectuales de diferentes nacionalidades con quienes tengo contacto sobre su percepción básica, no profunda pero si honesta a primera reacción, sobre los derechos humanos en Colombia y la percepción sobre el “conflicto” de nuestro país.
En cuatro respuestas, cada uno me dio sus opiniones con una línea común: “un dolor cercano pero ajeno”, con el que lamentan que una Colombia que progresa muestre al mundo sólo su violencia y problemas, y oculte lo bueno que ella y sus habitantes tienen.
En primer lugar, hay que hacer una aclaración: Colombia en el exterior pasa inadvertida. Es un país exótico con grandes cosas que todos imaginan pero, ante todo, es vista como “un proveedor mayorista de droga”; así me lo hicieron saber a lo largo de estas consultas otras personas que no quisieron responderme por considerar que poseen poca información para expresar su opinión, mas no perdieron oportunidad para dejar en claro esta posición.
Máximo Bontempo es comunicador de la Universidad de La Plata, docente investigador del mismo centro y doctorando en la Universidad Complutense de Madrid. Para él, Colombia ha progresado en su imagen en el mundo frente al tema de los derechos humanos “la imagen que tengo del pueblo de Colombia en cuanto al cumplimiento de los DDHH es positiva, a excepción de lo relacionado con la situación sistemática de secuestros de personas”, dice al tiempo que reconoce que el principal problema de Colombia es “la no resolución de los conflictos internos entre los sucesivos gobiernos y los movimientos insurgentes, conflictos que llevan más de 40 años de antigüedad”.
Para Bontempo es difícil de entender cómo puede prologarse un problema por tanto tiempo: “Creo que Colombia tiene un profundo e indisoluble conflicto de intereses políticos e ideológicos entre gobierno y movimientos insurgentes. La alineación histórica de los diferentes gobiernos con los Estados Unidos so pretexto de lucha contra el narcotráfico y la postura marxista y bolivariana de los segundos, respaldados por un aparato paramilitar ha dado como consecuencia lo que denominaría un ‘conflicto de baja intensidad”.

Por lo anterior califica el cumplimiento de Colombia en materia de derechos humanos con un 3 en una escala del 1-5, siendo 1 un mal estado y 5 el estado ideal. Al calificar al país en este sentido, anota que “los derechos humanos son el pilar fundamental de cualquier sistema político democrático”. Si bien este precepto es evidente, es también evidente que los colombianos lo olvidamos diariamente.
Gerard Martin es holandés. Vive en Washington en donde dirige el Programa Colombia del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Georgetown University. Pasa más de tres meses al año en Colombia y siente sus males con tanta tristeza como esperanza.
La visión de Martin es más optimista y recuerda que el proceso histórico está colmado de hechos. “Desde finales de los años 80, se ha vuelto una preocupación importante y con instrumentos como la Constitución (1991) y programas especificas, muchas veces con apoyo de la cooperación internacional, las violaciones a los derechos humanos por parte de entidades del Estado han disminuido significativamente en los últimos diez años. Sin embargo, los grupos armados y el crimen organizado siguen cometiendo horrendos crímenes y violaciones de derechos humanos, incluyendo atentados terroristas, eliminaciones físicas, secuestros de civiles, y siembra de minas anti persona”.
Si bien la situación en este sentido es grave, Gerard ve que existen derechos básicos que se violan con mayor constancia y que muestran una cruda realidad que está siendo ocultada por el impacto que genera la violencia: “El desafío más grande es encontrar maneras de llevar servicios públicos (incluso justicia, protección a la vida privada), a las zonas más marginales del país, dado que Colombia es más grande que España y Francia unidos, pero con una geografía muchísimo más compleja, donde hay amplias zonas que pueden ser del tamaño de Bélgica, que no son accesibles por vía terrestre pero donde hay población y actividades económicas -incluso ilícitas-“.
Este desafío –que en palabras de este periodista que escribe–, le corresponde al Estado, obvia los derechos que los ciudadanos tienen en salud, sanidad (agua potable), alimentación, vías de comunicación, justicia, seguridad, educación y trabajo, entre otros, y a cambio son las guerras de moda y las de tradición contra las guerrillas, las que ocupan las gestiones gubernamentales como parte de la disculpa ante la incapacidad de responder a las necesidades reales y el miedo de invertir en la gente y el desarrollo.

Pero Gerard Martin, promotor de una de las iniciativas más novedosas para el acompañamiento participativo y democrático de las comunidades a través de los concejos municipales como lo es el Viernes del Concejal, evita calificar a Colombia en materia de derechos humanos y a cambio propone que se estudie seriamente el avance que se ha tenido en los últimos 10 años.
Al final Gerard recuerda que los derechos humanos son un “tema importantísimo que debe ser parte integral de cualquier política en educación, cultura y demás”.
Juan Pedro García es chileno y luego de trasegar por la ingeniería industrial y el marketing, da un vuelco para investigar y trabajar temas de comunicación y sociología tras pasar por importantes cargos directivos en el periódico El Mercurio de Chile.
Sus opiniones son tajantes: “Mi imagen es que Colombia está con un serio problema de derechos humanos, en donde hay múltiples fuerzas colisionando por el poder, el control de las tierras, la droga, etcétera, sin dejar operar a la democracia de manera correcta. Basta ver la situación de los concejales”.
Sin temor a equivocarse, su visión crítica recae en un Ejército con muchas intenciones y cada vez menos capacidad cuando afirma que el principal problema “es la falta de control por parte de las autoridades. Las FARC, la guerrilla y todas las demás fuerzas operan libremente y el ejército no es capaz de poner paz y orden en el país”.
Para García, Colombia está en un verdadero conflicto y enfatiza: “probablemente no está al borde de una guerra civil ni del desorden generalizado, pero los focos de conflicto son tan graves que muchos colombianos prefieren dejar el país. Por algo está sucediendo esto”.
Juan Pedro califica con un dos (2) a Colombia en derechos humanos y lamenta esta situación porque dice: “Creo que el tema de los DDHH se maneja de manera muy política, sin poder saber la realidad verdadera de un país. Las imágenes que uno se construye en el exterior están basadas en la que los medios de comunicación nos han mostrado y en ese sentido generalmente se muestra una realidad mucho peor de la que probablemente se vive al interior de Colombia.”
Claudia Bate es comunicadora chilena, estudiosa de temas de desarrollo y doctoranda en Comunicación y Cambio Social en la Universidad Complutense de Madrid. Su visión está marcada sobre el juego de los medios de comunicación en el tema de los derechos humanos: “Los medios no entregan información suficiente sobre este tema, ni en Europa, ni en mi país. He llegado a conocer más la realidad a través de testimonios de personas colombianas. Creo que a partir de esta información mediática, hay mucha ignorancia sobre la defensa de los derechos humanos. Creo que constantemente se están trasgrediendo los derechos, a través de las acciones de violencia, pero también a través de las acciones del gobierno”.
Para Claudia, Colombia es un país que le interesaría conocer y visitar pero considera que su principal problema está marcado por “la corrupción, seguida por el narcotráfico, que traspasa las fronteras del país”.
Califica con un tres (3) la gestión en materia de derechos humanos frente al contexto internacional, mientras concluye que “los derechos humanos siguen mediatizados, tanto por los medios como por las entidades públicas y privadas. Las instituciones que defienden los DDHH, realmente no dan abasto como para poder actuar en todo el mundo, sobre todo en países en los que primero necesitan satisfacer sus necesidades básicas como satisfacer el hambre”, como en el caso de Colombia.
Elkin Velásquez es colombiano, analista investigador del Centro de Estudios en Dinámica Social de la Universidad Externado y piensa que “Colombia es un país donde la evidencia demuestra una alta tasa de violación de los derechos humanos. También es un país con una imagen internacional negativa sobre el tema, lo que dificulta abordar de manera objetiva el problema y se presenta también la posibilidad de instrumentalización del tema con objetivos políticos”.
Para este geógrafo y administrador público, conocedor a profundidad de la visión francesa sobre el país, la situación colombiana es realmente grave y enfatiza: “no se si el problema más grave, pero sí uno de gran importancia es el análisis imparcial de la situación de derechos humanos y además de la crítica y el análisis necesario. El país debe entrar en la senda de construir soluciones apropiadas y concretas para la solución al problema. Un elemento crucial tiene que ver con la superación de la impunidad en el tema”.
Fotos La esquina
Velásquez no centra la situación colombiana dentro de un conflicto o una guerra y en cambio opina que el país “tiene muchos conflictos que van más allá del conflicto armado.” Razón por demás que no le permite poder calificar en materia de derechos humanos al país, pues según dice “me parece insuficiente como marco de referencia para calificar: excelente con respecto a qué o a quién? ¿deficiente con respecto a qué o a quién?”
Cuando termino de hablar con estos intelectuales amigos y algunos otros no citados, se encuentra uno en esa incómoda posición de mirar desde la otra orilla del Atlántico a Colombia. Esto permite desprevenirse un poco para asumir lo que causa la distancia. El dolor de patria existe y es real y duele pensar que quienes lo ven de lejos sin conocerlo, prefieren pasar de largo y no voltear a mirarlo.
Es una situación compleja, pero cuando sus percepciones salen de sus pensamientos uno entiende que esa mirada equivocada del país tiene realidades tan fuertes que en nuestra vida diaria es preferible intentar olvidarlas, aunque las palpamos.
Colombia está llamada a liderar el renacimiento de Latinoamérica, un resurgir propio que la lleve a encontrar eco en sus posibilidades de desarrollo; pero nuestros gobiernos, nuestras fuerzas militares y muchos de nuestros compatriotas salen de sus fronteras a internacionalizar problemas, conflictos y situaciones en posición lastimera.
A Colombia la pobretean porque no se ocupa de sus problemas y busca en el exterior la benevolencia de otros estados y gobiernos a los que no les importan nuestros problemas. Bastante tienen ellos con los suyos. Ya es hora que en materia de derechos humanos, nuestros gobiernos le den la cara de frente. A los ciudadanos nos queda levantarnos en solidaridad y exigir que no continúen violándolos, y a todos en conjunto nos toca demostrar que sí somos una patria pujante de la que no nos avergonzamos en ningún lugar del planeta.
*Periodista colombiano radicado en España
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