Jaime Castellanos, alias “Peligro”

“Yo fui el líder de las Autodefensas en Caparrapí”

   
     

 

 

 

Jaime Castellanos Abello, alias “Peligro” fue el jefe de zona de las Auc en Caparrapí. Asumió este encargo por órdenes de Luis Eduardo Cifuentes, “El Águila” quien le encargó el control del municipio junto a “Rasguño”, jefe militar. El 9 de diciembre de 2004 se desmovilizó con un grupo de 147 hombres del Bloque Cundinamarca. Veinte de ellos eran oriundos de Caparrapí.

Tras una conversación con el alcalde Guillermo León Ordoñez y después de algunas llamadas telefónicas concertamos una cita con Jaime Castellanos en la vereda de San Carlos, a escasos 45 minutos en la parte norte de Caparrapí. Por una carretera destapada avanzamos en un campero hasta un pequeño caserío colgado de alguna de las montañas del centro del país. Al llegar preguntamos por nuestro personaje; al poco tiempo apareció un hombre alto, tez blanca, ojos castaños, sobre sus hombros un poncho blanco con unas líneas del tricolor nacional y en su mano derecha un bastón típico de los hombres del campo acostumbrados a lidiar con ganado. Vestía una camisa blanca, jean, tenis y sombrero alón. Nada a primera vista indicaba que este campesino amable y de sonrisa amplia fuera el tan nombrado comandante “Peligro”.

Antes de comenzar la entrevista pidió un momento para hacer las consultas de rigor, una llamada telefónica para preguntar ¿quién era la periodista, de dónde venía y sobre qué quería hablar? Seguro, al otro lado del auricular, la autorización venía de algún lugar de corregimiento de Terán en el municipio de Yacopí, de parte del también desmovilizado Luis Eduardo Cifuentes, “El Águila” quien aún permanecía en la región.

                                      

Por Nelly Valbuena Bedoya

nelly@laesquinaregional.com

 

Jaime Castellanos nació en  El Peñón, Cundinamarca pero sus padres lo trajeron a la edad de 7 años a estas tierras. Llegó para quedarse en la vereda de “Volcanes”, por eso se siente caparrapo. “Prácticamente soy de aquí. Mis padres murieron aquí y aquí tengo tres hermanos. Hemos trabajado desde pequeñitos en esta región en agricultura y moliendas”.

Tras la muerte de sus padres los cuatro hermanos Castellanos se  independizaron, se casaron y cada uno se puso a trabajar por su lado. El llamado comandante “Peligro” no tiene hijos aunque por ahí lo acusan de dos.

Hacía 1984 llegó el Frente 22 de las Farc a la zona “yo estaba trabajando y entonces me cogieron y me exigieron cien mil pesos, como no los tenía me trataron mal. Yo me asusté y me decían que tenía que darles la plata o que tenía que escoger entre dos: me iba o me moría. Ese día, me les volé”.

Durante los cinco meses siguientes se escondió pero siempre con el temor de que la guerrilla llegara a matarlo. ”Supe que me estaban buscando, hasta cargaban una foto mía, por eso recurrí al comandante “Águila”, don Luis Eduardo Cifuentes, muy buen señor. Lo que soy y el rescate de mi finca se lo debo a él y a Dios. Porque la verdad la guerrilla es un enemigo muy bravo”.

“Las cosas se estaban poniendo muy complicadas, la guerrilla entró a San Carlos y nos hicieron una masacre en Mata de Plátano, mataron, en una semana, como a doce personas. Entonces  ya me decidí, vendí lo que tenía para irme, pero mi hermano me dijo que no me fuera porque ellos se quedaban solos, ahí fue cuando el patrón “Águila” me apoyó y me encargó de la gente que enviaba. –“Usted se me encarga de Caparrapí, me responde por lo que se deje de hacer y por lo que se haga mal hecho. Y todo marchó bien. Yo fui el líder de las Autodefensas en Caparrapí. Gracias a Dios a mí nunca me han herido, sí me hicieron varias esperas pero dicen que arriba de Dios no hay nadie, ¿cierto? Y si hay alguien más es un agregado. Yo sí estoy más tranquilo ahora. A mí me gusta mucho trabajar, me invitan a cortar caña y voy, sé todo lo de molienda, a mí no me queda grande nada del campo. Ahora en Caparrapí todo está muy bien, la gente quiere vivir en paz”.

El apodo de “Peligro” se lo debe a la guerrilla. “Cuando me les volé  dijeron que yo era peligroso, entonces cuando hice el contacto con las Autodefensas les comenté como había sido la persecución de la guerrilla y lo que decían: –Ese mono hijueputa es peligroso. Si ellos dicen que usted es peligroso, entonces usted queda “Peligro” y así quedé”.

“Con la ayuda de Dios”

Jaime Castellanos trabajó en la Junta de Acción Comunal como tesorero de la vereda de Volcanes. “Nadie puede decir que antes o después de ingresar a las Autodefensas me portaba mal con la gente. Yo creo que por eso estoy aquí en el municipio porque la gente de bien no tiene quejas de mí, porque acá lo que se hizo fue pelear con un enemigo que no tenía vínculos en la región y únicamente lo que quería era desalojar a la gente,  expropiarla, maltratarla y matarle la familia porque se negaban a colaborarles, entonces nosotros lo que hicimos fue defender el municipio, rescatar nuestras tierras y a nuestra gente”.

Al mando de “Peligro” empezaron a llegar las Autodefensas a Caparrapí, comenzaron con pocos hombres pero fueron aumentando dependiendo de la situación. “Arrancamos como con 30 muchachos y fue cuando “Buendía”, o sea el Frente 22 y La Pola querían darle un golpe a San Carlos y a Caparrapí, querían unirse entonces tocó reforzar y así les ganamos la pelea. Cuando ya se nos vinieron encima les peleamos 80 hombres contra 100 o 150. Siempre con la ayuda de Dios”.

El comandante “Peligro” hoy desmovilizado asegura que el único entrenamiento militar que tuvo fue el que recibió cuando estuvo en el ejército, por allá en la década de los setenta. Sin forzar mucho la memoria recuerda que se fue a prestar el servicio militar el 9 de noviembre de 1973. Fueron 26 meses de cercanía con las armas; de ahí salió y solo hasta el 84 volvió a  ellas. De la fecha exacta de ingreso a las Auc prefiere no hablar pero asegura que no necesitó entrenamiento pues “la guerrilla le enseña a uno a peliar y a desarrollar las estrategias”.

Durante diez años este campesino fue protagonista de quién sabe cuántos combates pues cuando se le pregunta por esos detalles baja la mirada, juega con su bastón en la tierra y sus palabras salen protegidas siempre por el ala del sombrero y acompañadas de una sonrisita que guarda celosamente lo que realmente pasó en estas tierras por más de una década. “No me recuerdo ¿Unos diez combates? Bueno eso sí, el primer combate con la guerrilla fue cerquita a Puerto Salgar, en un sitio que se llama El Cruce entre  Córdoba y Guindal”.

De ese primer combate comenta que la guerrilla buscaba golpear por el lado de Salgar y como ya había presencia de las Auc por los lados de Córdoba y Guindal entonces tropezaron. El grupo de unos 25 hombres al mando de “Peligro” y “Rasguño” sorprendieron al bloque  de la guerrilla, sin embargo “nos tirotiaron a un muchacho por la espalda y un comandante de ellos apodado “El tronco”, dicen que quedó cegatón”.

Poco antes de la desmovilización (diciembre de 2004), se dio el último de los enfrentamientos, tal vez el más difícil, “no tengo idea, pero ese fue como el último y el más bravo. Fue en las inmediaciones de Topaipí y La Palma.

“No estoy delinquiendo”

De repente la mirada del ex comandante “Peligro” se pierde por entre cañones abajo, intentando ubicar los caminos que lo condujeron en un viaje solitario hacia la zona de ubicación temporal en el corregimiento de Terán en el municipio de Yacopí, un día de diciembre de 2004 cuando su jefe decidió dejar las armas y él y sus combatientes lo siguieron. “Yo me desmovilicé por estos cañones, solito, porque a mí me tenían mucha perseguidora, mucha Fuerza Pública encima”.

Estamos en un sitio rodeado de montañas y en algún punto del inmenso verde que él indica con su bastón está la vereda de “Volcanes” lugar donde Jaime Castellanos tiene su finca y donde montó un pequeño ordeño, una pequeña piscicultura y unas cocheras. “Estoy también cosechando maíz. Estoy trabajando y cumpliéndole al Gobierno, no estoy delinquiendo y le doy gracias a Dios por la gestión y el gesto de buena voluntad del Presidente Uribe. Ahora soy el monitor de los desmovilizados, tengo que estar pendiente de ellos,  llamándolos, para saber qué están haciendo. Algunos se fueron a buscar mejores oportunidades a Bogotá, otros trabajan en el programa de Salvavías y otros están por los lados del municipio de El Rosal sembrando arvejas. Todos aquí estamos cumpliendo”. 

En menos de seis meses la ayuda del gobierno que se traduce en $358.000 mil pesos mensuales se terminará y ninguno de los desmovilizados de esta zona ha presentado un proyecto productivo porque “dicen que ese proyecto se hace entre siete personas y la gente aquí aspira es a trabajar individualmente. Ahora nos dijeron que firmáramos unos formularios para ver si salíamos en el programa de tierras del Magdalena Medio, esas que les quitaron a los mafiosos. Ahí firmaron todos los muchachos”.

Aprovecho para preguntarle por los muertos. Con la calma inusitada que lo caracteriza me dice, –¿de manos de la guerrilla? –Le digo de ambos lados. “De manos de la guerrilla muchos. De nosotros, pues digamos que hayamos masacrado personas, no”. –¿Nunca? Le replico “No, no me recuerdo y que utilizáramos las armas para matar un campesino tampoco. Cuando se nos rendía uno o dos guerrilleros entonces nosotros teníamos un patrón que era Don Luis Eduardo, lo llamábamos y le decíamos –Patroncito se nos presentó un guerrillero, quiere rendir información, quiere trabajar o quiere cambiar, está aburrido en la guerrilla, entonces inmediatamente él, lo primero que nos decía era: “nunca lo vayan a maltratar, denle comidita, atiéndanlo bien,  me lo traen y yo hablo con él, pero en ningún momento se mataba a un guerrillero prisionero y mucho menos ir a matar a una gente de bien o un campesino inocente y desarmado”. –¿Qué armas usaban? “Nosotros arrancamos con escopetitas, con revólveres y después con lo que le íbamos quitando a la guerrilla. Por ahí Don Luis Eduardo tenía unos fierritos de repetición y también nos dotó”.

¿Cómo era su relación con las Autodefensas en el ámbito nacional y con otros bloques? “No, mi patrón era don Luis Eduardo Cifuentes y la relación que me correspondía era con él”.

Durante la conversación que duró algo más de una hora el ex comandante “Peligro” insistió en que el mando del Bloque Cundinamarca siempre estuvo en manos de Luis Eduardo Cifuentes, “El Águila” y que fue él quien los llamó uno a uno cuando decidió desmovilizarse. “Ya después se nos vino la persecución por el Estado y las negociaciones. El Patrón echó a negociar y nos llamó y nos dijo: –Yo fui uno de los que dije que entregaba las armas cuando el último guerrillero entregara el último fusil, pero yo no voy a pelear con el Estado, me voy a desmovilizar y ustedes ¿qué dicen? Entonces nosotros le dijimos listo patrón lo que usted haga está bien, nos vamos a desmovilizar todos”.

A veces recuerda a los compañeros que murieron en esta guerra pero como quien tiene que justificar el pasado afirma que “de todas maneras es una guerra que está anunciada en las historias de la Santa Biblia, donde dice que llegará el día en que se matarán unos contra otros y aquí en Caparrapí tocó así porque ¿qué tal ellos no más matándonos a nosotros y sin enemigo? De ahí nació el cuento de haberme metido en las Autodefensas. Para mí es una historia muy bonita y no me da pena decir que  pertenecí a las Autodefensas del Bloque Cundinamarca porque creo que era uno de los mejores en disciplina. No digo creo, sino que es así porque aquí no se maltrataba a nadie”.

A propósito de esta afirmación le pregunto por las historias que hay en la región del Comandante “El Águila” sobre detenciones, muertes y terrenos tomados. Con un tono fuerte que no le vi durante toda la conversación me contesta: ”No, vea yo le voy a contar. Acá nunca hubieron expropiaciones, el patrón “Águila” es un señor y mientras estuvo al margen de la ley como comandante del Bloque Cundinamarca, un ejército clandestino, nunca expropió una persona e inclusive él nos prohibía eso, él nos exigía buen comportamiento”.

Mientras bajábamos de la iglesia de San Carlos, entre el canto de los gallos, el cacareo de las gallinas y el saludo de hombres y mujeres que iban y venían, hablamos de todo lo que no se alcanzó en la hora del medio día que expiraba sin remedio.

Sobre la Ley de verdad, justicia y reparación, “pues ahí sí no le puedo decir nada porque la verdad, no entiendo lo primero y lo segundo no tengo respuesta sobre eso. En política nunca he estado pero sí me gustaría aunque creo que a nosotros por haber pertenecido a un grupo clandestino no nos dan esa curul, pero lo que realmente me gustaría es que le den estatus político al patrón Luis Eduardo Cifuentes, un hombre capaz, honesto y que pelió una guerra limpia ”.

No puedo quedarme sin conocer su versión sobre las relaciones con la fuerza pública; de nuevo aparece la sonrisa en su rostro y  contrapregunta  –“¿En ese entonces?” –Sí. “No les daba cara, porque de todas maneras uno para ellos es una presa. La gente de la región, los campesinos, el finquero, el del comercio, ellos eran los que hacían los contactos y les decían: –no vayan a perseguir a esa gente que están haciéndonos un favor, pero tampoco ellos se movían mucho porque había mucha guerrilla”.

Pero, ¿sí hicieron algunas alianzas para combates juntos? “No, nunca con la Fuerza Pública. Nosotros éramos como el agua y el aceite. Aquí no hubieron alianzas de nada, prácticamente aquí la Fuerza Pública llegó cuando esto ya estaba limpio. Por eso me metí yo a las Autodefensas, porque esto estaba abandonado por el Estado”.

Cuánto por saber de este hombre, cuánto por conocer de lo ocurrido en estas tierras, pero esta vez no será más. De pronto me dice, –“para terminar me gustaría invitar a los demás grupos armados al margen de la ley para que se acojan al plan del Gobierno, que se desmovilicen, que esto es muy bueno; hay libertad, hay mucha apoyo por parte del Gobierno y a los demás desmovilizados en especial a los del Bloque Cundinamarca que sigan cumpliendo con el Estado, que se porten juiciosos y que le demos gracias a Dios que el Gobierno haya tenido este gesto de voluntad con nosotros”.

* Comunicadora Social y Periodista

 

 


 
 
 

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