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El Gobierno de Álvaro Uribe autorizó, el pasado 7 de septiembre la salida de la cárcel de Itagüí de ‘Francisco Galán’, alias de Gerardo Bermúdez, para que realizara las consultas pertinentes con el Comando Central, Coce, del Ejército de Liberación Nacional, Eln, y con representantes de la sociedad civil en la llamada “Casa de Paz”. Este ejercicio hace parte de la exploración de un proceso de paz con este grupo armado. Tras la itinerancia por varias casas en el departamento de Antioquia, La Esquina Regional dialogó con el Vocero del Eln en el Centro Quirama, a escasos días de su traslado al corregimiento de San Cristóbal, en Medellín donde hoy funciona la “Casa de Paz”. La conversación se centró en sus trece años de prisión, en lo que ha significado esta nueva experiencia de diálogos y en el compromiso del Eln en este proceso.
Por Alejo Vargas Velásquez*
crvargas@andinet.com
ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ: ¿Cuál ha sido su principal experiencia y su mayor aprendizaje en este largo período insurgente?
‘FRANCISCO GALÁN’: Cuando caí prisionero era el hombre más ocupado del mundo porque tenía bajo mi mando diferentes estructuras de la organización y me volví el hombre más desocupado del país. No tenía absolutamente nada que hacer más que estar tirado en una celda leyendo letreros que decían: “Dios yo te amo”, “Señor perdóname, perdóname por lo que hago y por lo que he hecho”. Estaba totalmente aislado y me puse a pensar, todo el mundo sabe quién soy, he sido vocero del Eln desde Caracas y no voy a esconder que soy militante, miembro de la Dirección Nacional y dirigente del Eln. Cogí la vida en mis manos y me puse a hacer cuentas, tengo 44 años –voy a cumplir 57 y llevó casi 13 años detenido –, y voy a ser condenado a unos 20 o 30 años, eso era lo máximo, es decir que voy a salir como de 70. Eso es un viejito que no sirve para nada. Entonces es ahí donde tomé la determinación, con toda la seriedad del mundo, de trabajar por la paz. Una de las primeras conclusiones que saqué es que la cárcel no se padece, padecerla es vivir una tortura. Después comencé a construir un pensamiento político en torno a la paz y a mi vida personal. Convertí la cárcel en un escenario de lucha y de trabajo por la paz.
A.V.: ¿En todo este tiempo de prisión, cuál ha sido el mayor costo para usted?
F.G.: Una cosa que sentí muy profunda fue cuando me di cuenta que ya no hacía parte del plan de la organización. Ese sentir que uno hace parte de algo, de una sociedad, que uno tiene el sentido de pertenencia porque hace parte del otro, de un proyecto y cuando uno siente que ya no hace parte de esos planes, de ese plan que ayer lo ocupaba y que no le deja todo el tiempo, ese es tal vez el mayor desgarramiento, es lo más tremendo que se puede sentir, y yo lo sentí.
A.V.: ¿Cuál fue el costo familiar y humano?
F.G.: Como le decía en ese proceso de reflexión cuando me dije voy a vivir 30 años más en una cárcel y tengo que hacer de la cárcel un sitio donde pueda seguir existiendo como sujeto social, como sujeto familiar, como sujeto personal e individual, entonces me hice tres propósitos –en ese momento estaba en los calabozos del DAS–, primero profundizar sobre mi vida interior, por qué estoy en lo que estoy, e inicié una búsqueda de mí mismo. Segundo, me propuse recomponer a la familia y lo he logrado, estoy muy atento a ella y ella de mí, tengo dos hijos maravillosos. Y lo tercero, vivir para la paz.
A.V.: ¿En todo este periodo de reflexión influyó su formación religiosa previa a su militancia en el Eln?
F.G.: Sí, eso pesa mucho. Yo le he dicho a la gente que la guerra a mí me cogió muy bien preparado y la paz, como la cárcel también. ¿Me cogió bien preparado por qué?, porque estaba en un seminario estudiando, viviendo las renovaciones de Juan XXIII y haciendo parte de todo lo que era la Conferencia Latinoamericana y las transformaciones que se producían en la Conferencia Episcopal. Estaba estudiando pero también estaba viviendo a Camilo Torres en la guerrilla. Mientras él combatía yo lo vivía en el seminario y eso era impresionante. Recuerdo que cuando murió yo estaba aún en el seminario y para mí fue un golpe muy duro. Sentía que un sacerdote era muerto en la guerra y yo estaba estudiando para sacerdote. Eso me hizo tomar grandes decisiones. Al mismo tiempo estaba viviendo al Che Guevara. Fueron esos sueños de los años sesenta y setenta los que me llevaron a tomar este compromiso, además viví “conventuado” cerca de unos ocho años y claro, después me veo en la cárcel y a veces recuerdo el seminario, hay ratos donde esos espacios se confunden pero de una ú otra forma yo tenía con qué resistir la cárcel por el tipo de vida que viví en el seminario.
A.V.: ¿Qué tanto sigue pesando el pensamiento de Camilo Torres en el Eln?
F.G.: Camilo Torres para el Eln primero que todo es testimonio y la continuidad del pensamiento de los años sesenta. Dejó en el Eln a sus discípulos y por eso la historia de Camilo se extendió a Manuel Pérez que pesa mucho sobre la vida de nosotros. Manuel Pérez sigue siendo un baluarte en el pensamiento político e ideológico. Recuerdo la última vez que charlé con él, en medio de una selva frondosa y de unos robles inmensos me decía, “yo creo que ya cumplí mi misión y fue traducir el pensamiento de Camilo Torres en la organización como sacerdote y como líder, ahora debo cumplir otro papel y es el de renunciar al comando, a la Dirección Nacional para conformar una comisión de viejos como estos robles, para que la organización no pueda ser interrumpida en sus procesos, que sea tan fuerte y leal a sus principios”. Lo que quiero significar con esto es que el pensamiento de Camilo tiene continuidad en el pensamiento de Manuel y cada vez que comenzamos a hacer estos ejercicios de política en medio de construir este proceso de paz, volvemos a Camilo para plantearnos el problema del Frente Unido, pero además este es un pueblo profundamente religioso con una militancia que también tiene unas creencias en Dios y en Jesucristo y que ve en Camilo Torres el aliciente para seguir luchando y seguir viviendo. También eso nos ha unido. En la última conferencia que teníamos con los obispos nos decían, “nosotros creemos en la identidad por la lucha y por la justicia social, y eso lo heredaron ustedes desde Camilo”. De manera que el pensamiento de Camilo está vigente.
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A.V.: Volviendo a usted, ¿cómo analiza su evolución entre el ‘Pacho Galán’ que va a Caracas, y el de hoy en el campo de los esfuerzos de paz?
F.G.: Siempre soy ‘Francisco Galán’ representando el pensamiento colectivo del Eln. En todos los procesos de paz no me represento a mí mismo, represento una dirección. Cuando fui a Caracas fue por disposición del Comando Central y allí estuve representando a la organización. Cuando el Comando Central me posibilitó, desde la cárcel para ejercer una labor de intermediario, otras veces una tarea informal con el Gobierno y con la sociedad y luego de manera generosa me nombra como vocero de la organización y últimamente como comisionado del Eln, en todos estos ejercicios siempre estoy representando al Eln. Claro mi evolución es el de la organización. Cuando fuimos a Caracas no teníamos muy clara la elaboración de una estrategia de paz. Íbamos a investigar qué era dialogar con el Gobierno. Era la primera vez que nos sentábamos a dialogar. Las Farc tenían mucha más experiencia. De allí la conclusión que sacamos es que era imposible abordar la solución del conflicto de manera bilateral si no se hacía con la participación de las Farc. Como producto de esa primera reflexión el Eln decide que los próximos procesos tendrán que ser con la participación de la sociedad civil. Posteriormente, evolucionamos porque comenzamos a plantearnos las formas de participación de la sociedad. Yo desde la cárcel envié, a través de las relaciones que establecía con la sociedad, muchas propuestas y el Comando Central y la Dirección Nacional asumen ya después, la definición de convocar la Convención Nacional.
A.V.: Pero, en la parte personal ¿cómo fue esa experiencia?
F.G.: Me quedaba muy difícil hablar con los opresores. En la primera reunión verme sentado a un lado y el contrario al otro, me parecía muy difícil. Veía tanta distancia que me parecía imposible encontrar puntos en común. La relación era más de tipo emotivo que racional.
A.V.: ¿Qué apreciación hace de los diferentes comisionados de paz que le han tocado en este largo periplo?
F.G.: Los he conocido, desde Chucho Bejarano hasta el doctor Luis Carlos Restrepo. A ver, vamos por partes. Después, ya en el campamento, por ejemplo, reflexionaba mucho sobre las palabras de Chucho Bejarano. Era un hombre que si estuviera hoy como comisionado de paz tendría muchas cosas que aportar. Era un hombre que investigaba sobre este país, que era capaz de plantearse las contradicciones que vivía el país. Creo que Chucho Bejarano era más grande que el Gobierno. Era un intelectual mucho más allá del Gobierno del momento. Después de eso me tuve que encontrar con el comisionado de Samper, Carlos Holmes Trujillo, cuando él renunció le mandamos una carta en la que le decíamos: ¿qué le pasó señor comisionado, se asustó? Yo pienso que una de las grandes dificultades que han tenido los comisionados y las comisiones de paz es que no han tenido poder de decisión porque obedecen a la política del Gobierno y cuando han querido plantearse una política más allá de los gobiernos, se rompen. No podría decir qué diferencias hay entre los unos y los otros o qué elementos comunes habrán tenido…
A.V.: No hay ningún impacto especial de Víctor G. Ricardo, Camilo Gómez, Daniel García o el actual comisionado…
F.G.: Si, creo que cada uno tiene su particularidad sólo que no he pensado en eso. Por ejemplo, a mí me impresionó mucho de Camilo Gómez el respeto y dedicación que mantuvo en todo el proceso de negociación de los secuestrados. De la primera comisión, la de Samper es con la que he tenido mayores altercados y tensiones políticas. Ahora, del actual comisionado, Luis Carlos Restrepo, tengo que decir que hay una gran persistencia en él.

A.V.: ¿Por qué el Eln reemplaza para conducir estos acercamientos a ‘Pablo Beltrán’ por ‘Antonio García’, hay alguna explicación simplemente una distribución de tareas?
F.G.: No, simplemente todos los procesos de dirección política, de diálogos y de acercamientos con el Gobierno son asumidos por parte del Comando Central. En el Gobierno de Pastrana fue el comandante ‘Pablo’ e inclusive el comandante ‘Nicolás’, ‘Ramiro’ y ‘Oscar Santos’, el comandante ‘Antonio’ estaba cumpliendo otro tipo de tareas, ahora está dirigiendo este proceso y lo está haciendo de manera muy clara, pero todos sus planteamientos son parte de una decisión colectiva. No se trata, como dicen algunos de que existen diferencias al interior de el Eln y que antes el comandante ‘Antonio’ no participaba porque no estaba de acuerdo y que ahora se impuso su línea.
A.V.: ¿Qué significa entonces hoy ‘Gabino’ dentro del Eln?
F.G.: ‘Gabino’ es el principal representante de la organización y máximo ejemplo de unidad. Todos giramos alrededor del comandante ‘Nicolás’ y sabemos que él nos representa y representa además las diferentes posiciones que pueda haber en la organización, una organización política y democrática, pero el comandante ‘Nicolás’ es símbolo de la unidad del Eln.
A.V.: ¿Usted cree que ahora sí, por primera vez estos acercamientos pueden llevar a unas conversaciones formales entre el Eln y el Gobierno?
F.G.: El Eln siempre ha estado dispuesto a convenir un acuerdo con el Gobierno. El proceso lo adelantamos demasiado, tal vez como nadie más lo había hecho, en el tiempo de Pastrana cuando el comandante ‘Nicolás’ estuvo a punto de firmar lo que era la zona de encuentro, los mecanismos de administración de la zona de despeje y la agenda de conversación nacional. Todo ese paquete grande de acuerdos fue una disposición del Comando Central por convenir un diálogo serio y sostenido. Después, aún en el Gobierno del mismo Pastrana, hubo un segundo intento por parte del Eln de querer firmar una tregua total e integral que creemos que no fue por culpa del Eln que se rompió, si no por voluntad del Gobierno de Pastrana. Además, porque ya estaba finiquitando ese Gobierno y por la ausencia de una política de Estado. Este otro proceso que estamos haciendo es cada vez más consolidado que los anteriores, por la experiencia que va acumulando el Eln, por el tipo de capital social y político que va construyendo en la elaboración de su estrategia. Por eso deben existir este tipo de “Casas de Paz”. Creo que sí hay un avance en la voluntad y en los mecanismos de paz que estamos construyendo con el señor Presidente.
A.V.: Algunos analistas consideran que inicialmente el Coce vio con poco interés esta iniciativa de “Casa de Paz”. ¿Eso es verdad y cuál es hoy la posición del Coce frente a esta iniciativa?
F.G.: Sí, alguna gente pensaba que esta iniciativa era una de mis ideas sueltas, construidas en el desespero de la cárcel, pero no. Cada uno de los pasos de la “Casa de Paz” y de lo que nos estamos planteando, hace ahora parte de un libreto elaborado por la Dirección Nacional del Comando Central. Yo no estoy improvisando absolutamente nada. El proyecto de paz y la estrategia de paz que el Eln tiene y que está desarrollando en este momento y en esta coyuntura particular, está muy reflexionada y conducida por el Eln y por el Comando Central.
A.V.: En ese sentido usted ¿qué le diría a los que opinan que el Eln está cediendo todo a cambio de conversar con este Gobierno?
F.G.: No, la propuesta que estamos desarrollando es continuidad de la estrategia de paz del Eln. Insisto en que no es una improvisación, ni es producto del desespero, ni es un acoso militar o como decía el comisionado, que el Eln lo que estaba haciendo era un rejuego político. No, esto hace parte de una estrategia de paz del Eln.
A.V.: ¿Y a los que dicen que es que están cediendo ante el Gobierno de Álvaro Uribe?
F.G.: Decía esto porque precisamente el Eln ha planteado unos obstáculos que quiere ver cómo frente a ellos responde la sociedad y sí estamos interesados seriamente en que se garantice que en cualquier discusión o diálogo entre en Eln y el Gobierno se pueda debatir una agenda social. Yo le he dicho a la gente en las reuniones que hemos hecho aquí en la “Casa de Paz”, que nosotros nos podemos demorar tanto dialogando como nos hemos demorado en la confrontación, si la sociedad no participa y la participación de la sociedad siempre la vamos a requerir en cualquier Gobierno, en cualquier momento, en cualquier coyuntura, porque hace parte fundamental de la paz.
A.V.: En esa perspectiva ¿a este proceso de consultas han venido solamente sectores tradicionalmente de la izquierda, o también han hecho presencia sectores políticos o sociales más de derecha interesados en esta iniciativa de “Casa de Paz”?
F.G.: Aquí la gente llega con muchos intereses, algunos vienen a ver qué cosas nuevas está planteando el Eln, otros vienen a hacer propuestas. Hemos tenido representación de todos los sectores sociales, de todas las ideologías políticas, de todos los planteamientos y de todas las religiones que hay en Colombia, nos hemos reunido hasta con los masones, esto quiere decir que se han incorporado sectores nuevos que nunca antes nos imaginábamos que podían estar participando en un tipo de intercambio y de consultas como esta. Ha sido muy amplio y muy abierto. Nos hemos preocupado porque lleguen nuevos representantes de la sociedad.
Fotos La Esquina |
A.V.:¿Incluidos empresarios y sectores políticos, cercanos al Presidente Uribe?
F.G.: Incluidos. Tuvimos una reunión con el doctor Luis Alfredo Ramos y el doctor Gabriel Zapata, del Partido Conservador muy cercanos al Presidente Uribe. Nos hemos reunido con algunos sectores de los empresarios de Antioquia –que luego estuvieron reunidos con el Presidente Uribe–, y con una delegación del gremio empresarial y de los gremios intermedios económicos de diferentes regiones del país, pero también nos hemos reunido con el movimiento campesino, con el movimiento comunal, con el movimiento sindical, con el Polo Democrático, con el Partido Liberal, en fin.
A.V.: ¿Por qué el país no ha sabido de estas reuniones, por qué no salen comunicados, por qué los medios no han dado cuenta de lo que está pasando en la “Casa de Paz”?
F.G.: Nos hemos preocupado primero, de no montar un show. Hemos tenido un problema con estos procesos y es que los medios han hecho un show de ellos y cuando ya no le producen más noticias comienzan a desacreditarlos. Entonces nos hemos preocupado porque el país se informe a través de sus redes propias, de su tejido social, político y de sus relaciones interregionales. Casi todo el país está informado sin que hayamos tenido que hacer un show en los medios. Hemos hecho presencia en los medios pero sin mucha espectacularidad.
A.V.: ¿Ha sido útil la consulta?
F.G.: Demasiado útil. Nos merecíamos este ejercicio y creo que este ejercicio está levantando una confianza también en el Eln de ver cómo puede participar la sociedad en la construcción de un proceso de paz.
A.V.: ¿El Eln sí se ha imaginado haciendo política sin armas?
F.G.: Para el Eln no es nuevo hacer política, no son nuevos los diálogos puede ser nueva la estructuración del diálogo nacional, pero fíjese que en las regiones el Eln siempre ha hecho parte de la vida política y siempre ha dialogado con todos los sectores de la sociedad en las regiones, otra cosa es que ahora los estemos planteando en el ámbito nacional.
A.V.: ¿El diálogo regional, la Convención Nacional y la participación de la sociedad, han sido tres propuestas que el Eln ha venido planteando en los últimos tiempos… siguen estando dentro de su propuesta de negociación de paz?
F.G.: La agenda humanitaria que el Eln ha querido desarrollar está muy estructurada a través de los miembros del Eln. Los diálogos regionales tienen dos ejes sobre los cuales se mueve que son las transformaciones sociales de la región y los acuerdos humanitarios y eso independientemente de que exista diálogo o no. En los gobiernos y en orden nacional ese ejercicio siempre se hace con las comunidades, el Eln, las autoridades, los diferentes sectores sociales y todas las comunidades que pertenecían al Eln. Hay que recordar que el Eln no manejó un régimen político militar con un acercamiento social en las regiones, entonces esas propuestas están muy desarrolladas. Todo lo que sustenta los diálogos nacionales está estructurado sobre los diálogos regionales como experiencia práctica del Eln en el ejercicio con los acuerdos con los gobiernos locales y las comunidades. En segundo lugar, la Convención Nacional es un ejercicio que busca construir entre todos el país que soñamos, el país que queremos, un tipo de modelo económico, un tipo de sociedad y de Estado. Además ver cómo la sociedad puede participar en las soluciones de la crisis nacional es fundamental para nosotros. Tenemos el ejercicio de la Convención Nacional como un acumulado histórico que está ahí latente y que todo el mundo en el país, cada vez que oiga la palabra o el nombre del Eln nos asocie con esa Convención Nacional. Cada vez que el Eln habla de diálogo está asociado al diálogo con la sociedad y con el Gobierno.
* Politólogo Universidad Nacional de Colombia
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