DESDE LA OTRA ORILLA

“Encuentro de dos mundos”

   
     

 

 

 

Germán Arciniegas prefería usar la frase “Encuentro de dos Mundos”, para referirse a lo que los historiadores tradicionales llaman El Descubrimiento de América, él usaba ese término porque en realidad no fue un descubrimiento, hay evidencias de que Europa y América tuvieron contacto mucho antes de Colón, luego Colón fue uno más, no “El Descubridor”. Lo que marcó una diferencia a partir de 1492, es que ese contacto se hizo continuo e importante, Europa llegó a América y América llegó a Europa.

Por Jairo Ordoñez*

jairoe2000@yahoo.com

                                        Fotos Felipe Amaya

Desde los 90 he leído a Germán Arciniegas, pero sólo ahora viviendo en Alemania entiendo el significado de la frase. Si para mí ha sido sorprendente encontrarme con Europa, no puedo imaginar lo que pudo significar para el Mundo de hace cinco siglos, sencillamente debió ser una experiencia alucinante, Germán Arciniegas pudo imaginarlo y por eso escribió sobre el tema durante siete décadas y escribió más de medio centenar de libros al respecto. Yo, trataré de escribir algunas letras.

Alemania

Es un país asombroso. El término país rico, no se entiende a primera vista, cuando uno ve las calles, los buses, las casas, piensa: sí, es más limpio y más bonito, pero en Colombia hay lo mismo: centros comerciales, restaurantes, librerías, teatros, tiendas de todo tipo y mejores fiestas. Esa puede ser la impresión de un turista desafortunado que se devuelve contento a Colombia creyendo que porque aquí a las personas les gusta Shakira y Juanes y pagan por clases de salsa, nosotros estamos en el paraíso, donde se goza de verdad, donde está la buena rumba, la alegría y que los alemanes, a pesar de su dinero quisieran tener eso que nosotros tenemos. Gran error, visión de turista al fin y al cabo.

Uno empieza a darse cuenta dónde está, en la medida en que se va asimilando que el viaje no es un paseo, sino que el nuevo lugar es un nuevo hogar; hay que hacer mercado, limpiar, cocinar, lavar, estudiar, manejar una cuenta bancaria, buscar el mejor plan de celular, hacer amigos, ubicar sitios para comer, beber y divertirse. Se sube uno al avión y después de un viaje larguísimo e incomodo, Bogotá es un recuerdo, una referencia que se va perdiendo como se pierden en la mente los contornos de los rostros lejanos, el chocolate de las mañanas se ha ido, aquí se toma cocoa (qué no me gusta), los ladrones, los limosneros y los niños cantando en los buses son situaciones lejanas, que me parecen crueles y vergonzosas; aquí no hay pobres. ¡Como me ha costado trabajo entenderlo!

Esto no es París, afortunadamente

Yo soy el pobre y sin embargo tengo oficina; teléfono; Internet ilimitado; una educación gratuita de altísimo nivel; un seguro médico que funciona (gratuito para mí por ser becario), aunque burocrático; un transporte público limpio, organizado, puntual, moderno, ecológico; unos parques enormes, que más parecen reservas naturales; servicios bancarios gratuitos; una gran cordialidad; no es raro que los vehículos me cedan el paso, casi siempre alguien me abre la puerta en los sitios públicos; también tengo una alimentación equilibrada y subsidiada por el Estado; eventos culturales de gran factura gratuitos o a muy bajo costo; mi casa tiene calefacción, lavadora secadora, microondas, Internet, agua caliente… son tantos los beneficios que no lo puedo creer y lo mejor es el respeto por las personas; nadie se entromete en la vida de los demás, no están pendientes de la apariencia, de si se usa ropa de marca o no, cada quien es libre de hacer lo que le parezca, el mayor beneficio es el derecho a la libertad de ser quien uno quiera, por eso los índices de violencia son tan bajos, aquí la gente no se mata por pensar distinto o por criticar, más bien se estimula eso, nadie tiene que hacer trampa o estafar para vivir, todos viven bien, ricos y pobres, propios y extranjeros, niños y ancianos, empresarios y estudiantes. Alemania es rica y comparte su riqueza porque sabe que sólo así se construye una sociedad armónica; al no haber desigualdad social disminuye la violencia y predomina la paz. Algo como los disturbios de París es impensable aquí, no hay motivos, los turcos –la mayor colonia de extranjeros en Alemania– son parte del país, que seria impensable sin sus “Kebaks”, tan típicos como la cerveza. Aquí todos trabajan por igual, hay alemanes que limpian el piso, que lavan baños y turcos que manejan autos de lujo, se puede llegar tan lejos como uno quiera. Ahora están llegando muchos hindúes, ellos han demostrado ser potencia en informática y Alemania sabe que los necesita, por eso les brinda facilidades de estudio y de trabajo. Los talentosos son bienvenidos, sin importar de donde sean. Jamás he sentido la discriminación. Esto no es París, Afortunadamente.

Adaptándose a la civilización

Sin embargo, acostumbrarse a vivir en un país tan avanzado socialmente, no es fácil. En primera instancia uno piensa: ¿por qué es tan duro asimilar las cosas que uno siempre ha querido y por las cuales ha hecho un esfuerzo tan grande? La explicación abarca varios aspectos:

Como el Judío Errante

Llevo dos meses en Konstanz y he tenido tres casas, la primera temporal, por supuesto, por ser una ciudad pequeña es complicado conseguir una habitación. Por el contrario, fui afortunado de llegar y en un día encontrar algo donde vivir. Recordé mi viaje a Nicaragua cuando descubrí, por allá en el 96, que en un cuarto se podía tener lavamanos. La cocina y el baño son compartidos en la mayoría de habitaciones para estudiantes: O.K cuestión de acostumbrarse. Mi segunda casa fue una habitación en las residencias de la universidad (Studenten Wohnheim), un lugar algo descuidado, una casa en la que doce personas compartíamos la misma cocina, con una estufa y un lavaplatos; y dos baños, en la que había más preocupación por la fiesta y el licor que por el aseo, no digamos el estudio (valga aclarar que apenas estaba iniciando el semestre). Mi vecino (un nigeriano) era devoto de las fiestas y la música a alto volumen, así que continuamente mi casa era invadida por extraños que fumaban, jugaban cartas y acaparaban la mesa de la cocina, obligándome a comer y resguardarme en mi cuarto. Cuando había fiestas, era mejor no ir al baño, atravesar una fiesta con pijama no es la mejor idea, créanme. Las fiestas iniciaban en mi casa, luego continuaban en algún lugar y terminaban en mi casa de nuevo, a eso de las 5:00 a.m., hora que varios aprovechábamos para levantarnos y llegar temprano a la universidad, mientras mi vecino se quedaba plácidamente durmiendo. Para rematar, el cuarto y la casa entera tenían un fuerte olor a humedad. Lo bueno era que “sólo” pagaba 195 euros.

Decidido a buscar un mejor lugar hablé con la oficina encargada de las residencias, ellos me dijeron que me podía ir siempre y cuando consiguiera un inquilino para el cuarto (!!) o sea que además de aguantarme la mala convivencia debía obrar como agente de finca raíz para ellos. Apesadumbrado le conté mi historia a un alemán, quien lógicamente no entendió mi asombro, sólo me dijo: claro, si tienes un contrato por un término, pero no lo cumples, para irte antes debes conseguir a alguien que complete el período establecido en el contrato. Argumento lógico e inobjetable, si yo dije que iba a estar tres meses, pero me voy al mes, incumplo el contrato, luego debo hallar una solución. Así que con mi precario alemán debí poner un clasificado, hacer llamadas y atender clientes. Y es que la lógica es otra característica muy importante de Alemania.

Aprendiendo a ser lógico

Los alemanes piensan. Siempre exponen sus ideas de una manera ordenada, clara, se toman su tiempo para razonar, analiza las ideas, no se apresuran a sacar conclusiones, en definitiva piensan antes de hablar y cuando uno viene de un país donde echar “carreta” es una actividad para llenar el tiempo, y se encuentra uno con que aquí la palabra es algo valioso, resulta ser fascinante. Si se habla es para decir algo. Pero con el paso del tiempo la cuestión se pone muy seria, se razona, se piensa y se analiza siempre: en las fiestas, en la discoteca, en el bar, a la hora del almuerzo, a veces es difícil explicar los chistes colombianos, porque claro, se los toman en serio. Y uno acostumbrado a las charadas… es un poco duro.

Los horarios

Pese a mis esfuerzos y a que aquí es posible planear, llego tarde. Claro desde el punto de vista de los alemanes yo debería ver qué bus me sirve para el sitio a donde voy, conocer los horarios, la duración del recorrido, calcular cuánto me demoro en llegar desde la estación de bus al punto de encuentro y así poder decir a qué hora puedo estar en determinado lugar, pero no, como en Colombia, digo la hora que me parece y después descubro que a esa hora es difícil llegar y claro llego tarde. Y no hay excusas aquí los buses tienen horarios fijos, y siempre el recorrido dura lo mismo: de Egg a Konzilstrasse son entre diez y doce minutos, no más. De igual forma la cita tiene hora de finalización (desde un punto de vista lógico, es normal, ¡las citas no pueden ser infinitas!), así que la otra persona sabe a qué hora pasa su bus de vuelta y se va para llegar a tiempo a la estación, yo que no sé los horarios a veces acierto, pero otras debo estar media hora o más aguantando frío en la estación, mientras veo como la gente llega y se va (claro que ya he aprendido y para finalizar una cita sólo digo: es hora de irme: sin sorpresa la conversación se interrumpe y salimos, y mientras tanto programamos una nueva cita).

Añoro mi control remoto

Me encanta la televisión, series como “Los Simpsons” han marcado mi vida, pero aquí no es tan fácil como comprar el televisor y conectarlo. No, una vez que se tiene el radio o el televisor, por ejemplo, debe uno registrar que posee dichos artículos ante una oficina estatal, y en mi caso, que tengo pocos ingresos y soy estudiante, debo hacer una solicitud de exoneración de impuestos, porque aquí por tener televisor hay que pagar veinte euros mensuales y por el radio cinco, a la larga valen más los impuestos que los electrodomésticos y si quiero cable debo pagar una suma adicional, pero esto es algo general, dependiendo de dónde viva y cómo viva puede variar, por ejemplo, en ciertas residencias estudiantiles se puede tener cable sin pagar nada más, todo se incluye en el arriendo mensual. Depende de cada caso y del tipo de vivienda que se posea. Igual, muchos alemanes consideran un absurdo dicho impuesto, cuyo origen se remonta a las penalizaciones de post-guerra, y por eso no registran sus aparatos y cuando hay revisiones, simplemente dicen que no tienen, el empleado no puede entrar si el ciudadano no quiere. Ante todo el respeto a la intimidad y a la palabra.

El principio

Y hasta ahora es el principio, me esperan casi tres años más en Konstanz, hay muchísimos detalles más que contar (por ejemplo, no encuentro mi talla de ropa ni de calzado, todo es muy grande, por lo que me toca ir a Suiza –a 10 minutos– a comprarlos). Sin embargo, lo importante es entender que el orden, la paz y la eficiencia cuestan mucho. Por ahora sigo buscando mi lugar, todavía no tengo casa, pero cuando la encuentre será mi hogar, tal vez es que tengo que asimilar la idea: ahora Alemania es mi hogar y debo empezar casi desde cero una nueva vida, llegué solo, pero sin duda pronto encontraré compañeros de camino, me inquieta el futuro, aunque creo, que aquí puedo decir que tengo uno.

* Comunicador Social-Periodista

 

 

 


 
 
 

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