DE FRENTE
Las nuevas hijas de la mafia
   
     

 

 

 

Ellas no pidieron ocupar el lugar de sus esposos, ni el crimen organizado proyectó integrarlas en su estructura, pero los encarcelamientos de los hombres las llevaron a convertirse en las nuevas madrinas y jefes de los grupos que operan los negocios ilegales más lucrativos en el mundo.

Por Doris Gómora Culberth*

Bajo las reglas no escritas tradicionales, ninguna mujer podía asumir ese papel, y ahora en todos los países las autoridades se enfrentan a abrir investigaciones sobre ellas, no sólo por lavado de dinero al prestar sus nombres a los maridos, sino por cargos como asesinato, asociación delictuosa, corrupción, contrabando
y el tráfico de drogas.

La participación de las mujeres en las actividades de la mafia ha experimentado un espectacular crecimiento durante los últimos años, explica un informe del Senado de Italia sobre el crimen organizado en ese país.

En 1990 sólo había una mujer acusada de asociación mafiosa, once años más tarde según información del Parlamento italiano rebasan los mil en diferentes delitos que incluyen la posesión y tráfico de estupefacientes, lavado de dinero, usura entre otras y en 2005 son más de diez mil.

El crimen organizado en Italia fue el primero en registrar el arribo de las mujeres en la Ndrangheta, la Camorra, la Shimona y Sacra Corona Unita, grupos que conforman la mafia italiana. Con esto rompieron una tradición que había establecido la propia mafia: jamás hablar de la organización con ninguna mujer. La regla establecida para asegurar la obediencia de sus esposas terminaba, pero no el código de omertá o de silencio.

María Serraino, la madrina del clan de Milán, su hija Rita Di Giovine, su nieta Marisa Di Giovine; Carmela Marzano, Puppeta Maresca, Anna Mazza “la viuda negra”, Rosetta Cuttolo en Napolés, Antonietta Bagarella en Sicilia, Giuseppa Sansone en Palermo, Teresa De Viato, Antoniette Giancana en Estados Unidos, son esposas, madres, hijas, mujeres reales de la mafia.

Por tradición señala información de la policía italiana, los matrimonios en la mafia fueron considerados como una salvaguarda contra la filtración de información, un negocio estratégico en donde los beneficios de la esposa se resumían en lograr un status, dinero y glamour.

Ahora, las mujeres de la mafia no sólo son aliadas de sus esposos, sino madrinas de las organizaciones que saben todo de los negocios, pero no dicen nada. Son respetadas por la población local y reconocidas como las primeras damas de los lugares donde viven, pero ante pruebas irrefutables en los tribunales estas mujeres siguen negando los nexos de sus esposos con la mafia y afirman que económicamente dependen de la ayuda de sus amigos.

Por esa razón, durante muchos años los jueces en Italia consideraron que las mujeres eran incapaces de tomar parte en el mundo de los negocios. Hasta 1995 las leyes italianas favorecieron a las mujeres, ya que los hombres de la mafia utilizaban los nombres de sus esposas, madres o hijas para registrar compañías, propiedades o cuentas de bancos. Este sistema funcionó en la medida en que todas las mujeres estuvieron fuera de sospecha.

Sin embargo, los jueces encontraron que las mujeres no sólo jugaban un papel importante en los crímenes de cuello blanco. Las mujeres que han sido encarceladas y sentenciadas por ser madrinas de la mafia, realizaban los negocios desde sus propias casas o de sus propios hijos además de esconder mercancía y enfrentarse abiertamente a los capos de los grupos rivales.

En 1995 el magistrado Giussepe Narduci dijo: “el papel de las mujeres de ninguna manera es subordinado: ellas toman decisiones, planean estrategias y cometen crímenes. A algunos magistrados se les hace difícil creer que las mujeres son iguales, y las dejan ir”.

Ángeles vengadores

Tanto en la Mafia Italiana, como en los carteles de México y Colombia las mujeres que están comenzando a operar como jefes, cuentan con carreras universitarias, son cultas, propias al hablar, bien vestidas pero mantienen un bajo perfil con el que todavía se abren paso en el crimen organizado para negociar.

Poderosas por su propio derecho de vivir en la organización son seguras, apasionadas por amor, rebeldes, líderes natas, espiritualmente fuertes, protectoras de sus familias, herederas del puesto, consejeras, hermosas, frías, vengativas. A diferencia de la época en que sus esposas o hermanos operaron las organizaciones del crimen organizado, las mujeres al frente de estos grupos son más insistentes en el empleo de la venganza y la violencia como factor de solución de diferencias.

Forman a sus hijos con la idea de que nada debe ser perdonado y aún cuando la nueva generación cuenta con estudios universitarios utiliza sistemas más sofisticados para combatir a sus enemigos. Conocen su ventaja global: ser mujeres y por tanto invisibles todavía a la ley en la mayor parte de los países del mundo, incluyendo las aduanas donde existen oficiales femeninas para quien también pasan desapercibidas.

Sin embargo, las nuevas mujeres del crimen organizado mantienen el argumento de ser perseguidas en sus países sólo por llevar el apellido de sus hombres, pero en contraparte no tienen problemas para aceptar el liderazgo de los negocios en caso de ser necesario.

En Europa las mujeres italianas han demostrado el poder que tienen, mientras que el número de ejecuciones a mujeres relacionadas con el crimen organizado aumenta. En América Latina, han comenzado a subir en niveles de jerarquía, no sólo en el aspecto financiero, sino en saber declarar la guerra a los cárteles de las drogas que intentan eliminarlas del mercado.

Para defenderse y pelear la posición de su familia, las mujeres tuvieron que involucrarse más en los negocios de sus esposos, pero aún cuando han roto con muchas disposiciones cuando ellos se comunican con ellas inmediatamente se observa el dominio masculino.

Integradas a la venta de narcóticos las nuevas mujeres del narcotráfico y de la mafia se han enfrentado abiertamente con sus propias madres cuando tratan de independizarse y establecer su propio negocio. Las nuevas mujeres en el narcotráfico y la mafia se encargan de enviar emisarios a pagar a miembros de la policía, muchos de los cuales son sus informantes y les advierten de posibles operativos o investigaciones abiertas de sus esposos o de las organizaciones que dirigen.

En algunas familias, las mujeres están muy arriba de la estructura, son la cabeza. Son mujeres que toman decisiones para cometer asesinatos, exactamente como los hombres lo hacen.

Las mujeres son parte del escudo de los carteles de las drogas y de la mafia italiana cuando surge una emergencia, es el rol que siempre han desempeñado: convocando a conferencias de prensa para denunciar los maltratos de que son objeto sus esposos o familiares en la cárcel, y llorando cuando la policía se lleva a sus hombres.

Para las nuevas hijas de la mafia no existe argumento suficiente para rechazar su origen y defienden frente a los medios de comunicación a sus padres, afirmando que no tienen por qué renunciar al amor que ellos les dan. En sus propias palabras las nuevas mujeres de la mafia son más fuertes, decididas y no le temen a nada.

Convencidas de que el crimen organizado es su mejor opción, debido al nivel de vida que las ganancias de esas actividades les proporcionan, estas nuevas mujeres no están preparadas para dejar al narcotráfico o a la mafia. Las alianzas que han establecido las mujeres de los carteles de México y Colombia con sus contrapartes en Italia les permite asegurar que se mantendrán por mucho tiempo más en el crimen organizado. Sin embargo, aún no han logrado establecer contactos directos con la Cosa Nostra o la Mafia Estadounidense debido a que esta organización mantiene sus reglas tradicionales respecto al papel de esposas y madres sumisas.

Pero aún cuando no tratan directamente con las nuevas jefes o miembros de los carteles del narcotráfico los miembros de la Cosa Nostra mantienen sus negocios con ellas a través de intermediarios masculinos.

Con un papel más activo en el crimen organizado, las mujeres han ganado más poder pero también son más vulnerables y por ello las ejecuciones podrían comenzar a crecer en el sector femenino.

* Reportera y periodista mexicana.

 

 

 

 


 
 
 

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