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La esquina regional continua dialogando con los candidatos de las diferentes fuerzas políticas del país a la presidencia de la República. En esta ocasión, el senador y precandidato por el Partido Liberal, Rodrigo Rivera Salazar expuso los planteamientos de su candidatura, su posición frente al gobierno Uribe y la necesidad de una unidad nacional para superar aspectos de la vida social, económica y política del país
Por: Carlos Alberto Rivera
carlos@laesquinaregional.com
La Esquina Regional : ¿Cómo ve usted el proceso que está viviendo Colombia en relación con lo que está pasando en América Latina?
Rodrigo Rivera Salazar: Colombia ha tenido tradicionalmente una actitud muy parroquial frente a la política exterior. Con Luis Carlos Galán defendimos, en la década de los ochenta, la necesidad de que el vuelco de Colombia hacia el exterior, se diera en primer lugar hacia la construcción de una posición latinoamericana. Lamentablemente, con la muerte de Galán, esas ideas quedaron expósitas y Colombia sufrió a pesar de la apertura, una década más de ensimismamiento. Creo que es necesario construir una doctrina Colombia para que el país le hable a Latinoamérica, a los Estados Unidos, al continente, al mundo y canalice los crecientes remordimientos de conciencia social y ambiental que hay en el primer mundo; y lo haga construyendo una posición muy propia, porque es el único país del mundo que tiene narcotráfico, terrorismo, conflicto interno, cuenca amazónica, biodiversidad y a la vez vecindad con Estados Unidos, es decir, no solamente el aliado más importante que tiene en temas críticos, de corto plazo, sino el único que le va quedando. Y eso explica también que en una perspectiva de mediano y largo plazo, Colombia sea el país más riesgoso, porque puede ser el detonante de un ecosidio en la cuenca amazónica y en la biodiversidad.
L.E.R.: Pero, ¿cómo construir esa doctrina de la que usted habla, cuando todas las políticas de Colombia van en contravía de lo que está pasando en países como Brasil, Uruguay, Ecuador y Venezuela?
R.R.S.: Lo primero es reconstruir la unidad nacional que perdimos en política exterior. Colombia siempre tuvo una política exterior bipartidista y luego con la constitución del 1991 fue multipartidista. Esa fortaleza la perdimos con el proceso ocho mil. Cuando al Presidente Samper le quitaron la visa, la mitad del país lloró y la otra mitad celebró, y esa polarización en política exterior se conserva hasta ahora. Durante el gobierno anterior, la vimos con los temas de certificación y de narcotráfico. En este Gobierno, esa polarización la vimos muy nítidamente en dos episodios: uno, el de la guerra de Irak, a la que se adhirió sin siquiera convocar la Comisión Asesora de Relaciones Internacionales, y el segundo episodio es el de adelantar la negociación internacional más importante en dos siglos que lleva este país como república independiente, que es el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, sin buscar primero un consenso interno para conseguir una posición colombiana, se ha hecho simplemente con posiciones uribistas o gobiernistas. Segundo ¿la unidad nacional para qué? Hay que ser creativos, hay que tener visión de largo plazo, hay que tener visión universal y visión en los temas estructurales del país. Eso significa construir una doctrina Colombia.
L.E.R .: Izquierda democrática o social democracia. ¿Cuál es la diferencia y usted dónde se ubica?
R.R.S.: Comparto la decisión que tomó el liberalismo de vincularse a la Internacional Socialista y definir un perfil social demócrata en su plataforma programática. Eso le da nitidez al sexo político de un partido que parecía asexuado durante las últimas décadas, como consecuencia del Frente Nacional. Dentro de la social democracia en el mundo, hay suficientes fuentes de inspiración para que no nos satanicen como un partido débil frente al delito, a la violencia o a la insurgencia, sino como un partido de autoridad y de orden, que es capaz de hacer las cosas bien, desde el punto de vista fiscal y desde el punto de vista económico.
L.E.R.: Antonio Navarro considera que a la social democracia vale la pena tenerla en cuenta como referente ideológico y además que las izquierdas deben estar ahí. ¿Usted está de acuerdo?
R.R.S.: Sí, estoy de acuerdo con una definición social demócrata para mi partido, respeto la autonomía que tienen otros partidos, como el Polo Democrático, para armar sus decisiones y no opino sobre ellas; pero no como una consigna para agudizar la polarización. Una de las prioridades que tiene Colombia hoy es superar la polarización y reconstruir los consensos básicos que perdimos en áreas críticas como la política exterior, el manejo del orden público y recientemente las garantías democráticas para complementar la reelección. Necesitamos consensos de unidad nacional sobre temas críticos como la emergencia social, hay siete millones de colombianos que se están acostando todas las noches muriéndose de hambre, eso debería ser un tema de país, no simplemente de gobierno, la desactivación de la bomba pensional y de la bomba fiscal y los grandes propósitos de desarrollo para generar empleo y oportunidades. Creo en la necesidad de construir el "milagro colombiano".
L.E.R.: A la hora de definir la fórmula vicepresidencial que prima más ¿la persona que lo acompaña o la adhesión a un acuerdo programático establecido para la fórmula?
R.R.S.: No creo que uno tenga que escoger entre uno u otro de los oráculos que se plantean. Creo que los dos son indispensables. El Vicepresidente debe ser un hombre que le inspire absoluta confianza al Presidente y por lo tanto tiene que tener calidades personales más allá de toda sospecha. No puede ser un antagonista programático del Presidente, tiene que ser una persona con mucha identidad con lo que el Presidente piense.
L.E.R.: En esa perspectiva, y con base en la afirmación de Horacio Serpa: "Ser candidato es muy fácil", ¿pareciera que abundan los candidatos en el Partido Liberal?
R.R.S.: Ser candidato no es fácil y ser Presidente menos. Creo que es la tarea más compleja y más riesgosa. En este país, durante los últimos procesos electorales, los violentos han resuelto ya no vetar las elecciones como hacían antes, sino participar activamente en ellas. Como ocurrió en el 98, con las Farc, en el año 2002 con el paramilitarismo, en el 90 con el cartel de Medellín y su embestida narcoterrorista. Lo que ocurre es que es una vocación y yo la estoy tomando muy en serio. Vale la pena porque no veo a nadie más presentándose a esta campaña con la inspiración del "milagro colombiano", en eso hay una diferencia. No veo a nadie más con la audacia de enfrentar el modelo centralista y de proponer un modelo autonómico, basado en departamentos y en distritos autónomos.
L.E.R.: ¿Cómo hacerlo concretamente y proponerle a la gente soluciones específicas en términos de sus derechos económicos, sociales y culturales, es decir en soluciones de vivienda, salud y educación?
R.R.S.: Es que el discurso de política y de campaña es mentirle a la gente y decirle que un presidente puede arreglar los problemas. El discurso responsable es sincerarse frente a la gente y decirle que un presidente solo, que un partido solo y un gobierno solo no van a construir un "milagro colombiano". Pero un país unido, sí. Y no lo va a hacer en el estrecho lapso de un gobierno; sino que lo va a hacer en una generación.
L.E.R.: El proceso descentralización ha tenido muchas limitaciones en su implementación, ¿qué cambiaria ahora con su propuesta de autonomía?
R.R.S.: La descentralización que se ha planteado desde el 82 es el traje dominguero que se pone el centralismo, para tratar de ocultar las yagas de su deficiente rol en el país. La descentralización consiste en que el rico Epulón del centralismo entrega una migajita más al miserable departamento o distrito capital en tres o cuatro renglones de funciones para tratar de contrarrestar la inconformidad creciente que hay en la provincia colombiana frente al absurdo esquema centralista. La autonomía consiste en que no le escribamos más pequeños renglones funcionales y de competencias a los departamentos y distritos; sino que le escribamos una partitura, un libreto de funciones al gobierno central, que lo concentremos en pocas funciones que cumpla bien, en la defensa nacional, en el manejo macroeconómico, en la responsabilidad de enfrentar el crimen organizado, en la preservación ambiental, en las formas básicas de la democracia y pare de contar.
L.E.R.: ¿Cómo que no pase lo mismo? la descentralización suponía autonomía...
R.R.S.: No, no suponía autonomía. La diferencia entre autonomía y descentralización es que la descentralización es que el mismo centralismo le otorgue nuevas competencias a los departamentos. Pero absurdamente a todos los departamentos las mismas competencias. El departamento de Cundinamarca vive fiscalmente de las rentas del tabaco, los licores, la lotería y el chance, y Antioquia, la Guajira , Nariño y Cauca exactamente igual. Tremendo desperdicio que economías, culturas y sociedades distintas vivan de las mismas rentas, de las mismas fuentes de ingresos fiscales. Con la autonomía real tendrán la posibilidad de hacer una política tributaria en cada departamento, de acuerdo con su propia economía; procurar recursos y asumir funciones. Con una única limitación, no podrán asumir funciones que estén reservadas para el gobierno central.
L.E.R: ¿Como ve el manejo de este gobierno frente a las negociaciones del TLC?
R.R.S.: He sido tal vez el mayor crítico de la forma como se está negociando el TLC. Estamos negociando mal, porque lo estamos haciendo con la actitud equivocada de que somos pobres pero honrados, pero además dignos, nos da pena pedir. En la negociación estamos pidiendo acceso al mercado de los Estados Unidos, pero estamos dispuestos a resignarnos a que nos mantengan vigentes las barreras sanitarias. Estamos pidiendo protección a nuestro mercado interno agropecuario, pero estamos dispuestos a renunciar a una cláusula permanente de salvaguardia frente a los subsidios y a las ayudas internas de los Estados Unidos. No hemos pedido, en un tema tan crítico como el libre comercio de servicios, visas para que los clientes de los servicios colombianos y estadounidenses puedan circular en Estados Unidos; platica para financiar la agenda interna, regalada o por lo menos prestada; tampoco dólares por bosques dentro del espíritu del protocolo de Kyoto, que no ha suscrito los Estados Unidos, pero que frente a Colombia lo podría aceptar, y que es un poco el espíritu del Plan Colombia frente a nuestro país. Podríamos pedir una protección innovadora, creativa para nuestra biodiversidad y no seguir convertidos en una zona de tolerancia para la biopirateria internacional. En las áreas que tienen que ver con seguridad, podríamos pedir que no nos traten como una amenaza para su seguridad, sino como los primeros aliados en la seguridad de Estados Unidos y del continente, lo que somos. Pedir una negociación en el tema de propiedad intelectual, para que sedamos a los intereses de Estados Unidos en todo lo suntuario, pero que no lo hagamos en lo que requerimos para ser una nación industrializada, en ciencia, en tecnología, bienes industriales, maquinaria y equipo.
L.E.R.: Ni siquiera estamos negociando el tema de visas, por ejemplo, con Ecuador.
R.R.S.: Usted recuerda que cuando el episodio de Simón Trinidad, fue el Gobierno de Colombia el que le pidió al Gobierno ecuatoriano que pidiera un pasado judicial. Es muy curioso que en un país como el nuestro, que está siendo satanizado injustamente por otros países, -que está sufriendo una suerte de una nuevo apartheid, ya no por razones raciales sino por nacionalidad, que es absolutamente intolerable-, no tenga en su Gobierno un defensor, cuando tenemos tantos argumentos de nuestro lado. Sino un Gobierno que hace lobby para que a los colombianos les hostilicen más su ingreso a otros países e incluso a países hermanos como Ecuador.
L.E.R.: ¿Cómo hacerle entender a los ciudadanos y ciudadanas que necesitamos seguridad, pero que eso no significa atropello a sus derechos, ni violación en términos de expresión y de libertades?
R.R.S.: Lo primero es que Colombia si tenía un déficit de autoridad y de seguridad. Particularmente en el gobierno anterior la guerrilla se había puesto de ruana este país y la reacción del gobierno fue muy timorata y eso fue consecuencia del proceso de paz que se adelantó en el Caguán. Hay que decir que lo que este Gobierno ha hecho en materia de seguridad, por ejemplo, devolver la policía a los cascos urbanos, proteger las carreteras, por lo menos el fin de semana y los puentes, rescatar secuestrados cuando es posible rescatarlos y más o menos garantizarles la vida ha sido un avance; ha habido desaciertos en esa política, pero también logros importantes. Eso es lo mínimo que cualquier gobierno, incluso de izquierda, está obligado a hacer, para garantizar la vida, la libertad, la honra y los bienes de los ciudadanos. Ahora, la mano firme llegó para quedarse, pero por parejo. No mano firme para unos y corazón grande para otros. Eso me parece la expresión clara de la privatización de la política de paz en cabeza del Presidente y del Comisionado de Paz. Tenemos que pasar de la seguridad democrática a lo que yo llamo la democracia segura. Es tener prioridad en la lucha contra los violentos, por parejo, pero la misma prioridad en la lucha contra la corrupción y la lucha contra la pobreza.
L.E.R.: Usted hace un llamado a los acuerdos nacionales, dentro de esos acuerdos nacionales cabe la posibilidad de adelantar procesos de negociación con las Farc y el Eln?
R.R.S.: Claro que sí, creo en la salida política al conflicto armado. Creo que hay un conflicto armado y que hay un conflicto social que a su vez alimenta a la delincuencia y al conflicto armado. No creo que el diálogo sea una obligación del Estado, es una concesión que debe hacerse a cambio de una actitud seria del interlocutor armado para llegar a una paz. El tema del orden público y de la paz debe sustraerse de la contienda partidista electoral y todos los partidos democráticos deberíamos ponernos de acuerdo en un marco de condiciones razonables para buscar una negociación con los violentos y no lo que ha ocurrido en este Gobierno y es que se ha puesto de acuerdo con un sector de los violentos para imponerle un marco de condiciones inaceptables al resto de la sociedad.
L.E.R: ¿Que opinión le merece la manera como se aprobó la Ley de Justicia y Paz?
R.R.S.: Fui el primero que denunció los narcomicos en la Ley de Justicia y Paz, que no deberíamos seguir llamándola así, deberíamos llamarla por su nombre, la Ley de Impunidad. Es una Ley que no desmonta el paramilitarismo, sino que lo legaliza.
Fotos Ólver Castellano s
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