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Vallenato y política siempre han estado ligados. El más reciente Festival de la Leyenda Vallenata es una muestra de ello. Los políticos se esmeran por aparecer en el máximo certamen folclórico del país. A partir de su creación y posterior reafirmación en algunas clases altas de la sociedad de la antigua Provincia de Padilla, aparecen estas relaciones
Por Mauricio René Pichot Elles*
mrpichot@hotmail.com
Especial para La Esquina Regional
Desde el principio de los tiempos y mucho antes de que el país se sorprendiera por el traslado de un grupo de músicos vallenatos al frío Palacio de Nariño para celebrar un cumpleaños más de la Primera Dama del país, en tiempos del presidente César Gaviria Trujillo, la injerencia de los políticos en el folclore de la antigua Provincia de Padilla y del folclore en las querencias de los dirigentes nacionales, está bien marcada y definida.
Unas horas después y para superar el público y enojoso "incidente" del vuelo vallenato, el presidente Gaviria Trujillo pagó de su propio bolsillo los gastos que se generaron por la presencia del hoy fallecido Colacho Mendoza y de otros grandes juglares de la tierra de la caja, la guacharaca y el acordeón.
Como para un viejo vallenato del maestro Rafael Escalona, el ya vetusto Fokker 001, con ilustres oficiales de la Fuerza Aérea Colombiana, FAC, se convirtió en ese entonces en el patio cesarense de una Parranda en el Aire.
El más reciente Festival de la Leyenda Vallenata que se llevó a cabo en la Ciudad de los Santos Reyes del Valle del Cacique Upar, Valledupar, mostró la importancia de este hecho. Desde el presidente Álvaro Uribe Vélez, hasta el Superintendente de Notariado y Registro, Manuel Cuello Baute, quien por su cargo tiene un gran poder de nombramientos y designaciones "burocráticas" y quien había diseñado una estrategia de trabajo en su tierra para los días del Festival, con carro y personal oficial a bordo, "todo el mundo estuvo en el Festival".
Uno de los "oficios", más celebrados de Francisco Moscote, Francisco El Hombre, tras haber derrotado al Diablo con una versión del Credo al revés, fue el de servir como juglar por las regiones en las que deambulaba. Por una que otra moneda Moscote, montado en su burro y con su acordeón terciado al hombro, llevaba a su destino las razones que la gente quería enviar "al otro lado del mundo".
Los mensajes se popularizaron después del Encuentro y entonces la gente lo buscó con más afán y esfuerzo para hacer figurar su nombre en la boca de quien había derrotado por sus propios medios al mis mo Maligno. Según algunos historiadores, nació allí la costumbre de mandar saludos en las canciones a los amigos, familiares y a aquellos que necesitaban algo de publicidad ambulante para una u otra causa.
Muchos años después, se comenzó a consolidar en la Antigua Provincia de Padilla, el nacimiento de ilustres personajes que marcarían hechos históricos en la región. Uno de ellos, eterno referente del lugar fue Pedro Castro Monsalvo, en su tiempo ministro de Correos y Telégrafos, de Agricultura y Gobernador en dos ocasiones del antiguo departamento del Magdalena Grande, antes de dividirse y parir el hoy departamento del Cesar.
Castro Monsalvo, amigo cercano y copartidario del primer gobernador del departamento entre 1967 y 1968, el hoy ex presidente Alfonso López Michelsen, cuya abuela era de origen costeño, ha sido uno de los vallenatos más ilustres nacidos en la última centuria y a su vez hijo de una matrona costeña, doña Rosa Monsalvo de Castro, considerada por el folclorólogo, compositor e intelectual Tomás Darío Gutiérrez, como "una líder innata de Valledupar a raíz de su recia personalidad. Le gustaban mucho la política, las peleas de gallos y la ganadería, y lo que decía y mandaba, era palabra sagrada en el Valle". "Su ascendente político era innegable", ratificó otra de las voces de la provincia.
Son múltiples los cantos vallenatos en donde se menciona de manera honorable el nombre de Pedro Castro. Algunos dedicados íntegramente a su nombre. En Compa´ e Chipuco, José María "Chema" Gómez, compositor y odontólogo dice:
"Viajando para Fonseca yo me detuve en Valledupar y allí en la Plaza me encontré con un viejito conversón y al pasar le pregunté ¿oiga compa´e cómo se llama usted? Me llaman Compa´e Chipuco y vivo a orillas del Río Cesar, soy vallenato de verdad, no creo en cuento´, no creo en na´, solamente en Pedro Castro, el Santo Eccehomo, Alfonso López y nada má".
A Castro Monsalvo, al parecer, y de manera irónica, no le gustaba el vallenato y siempre se opuso a la separación del departamento del Magdalena. Su estirpe de patriarca ancestral lo convirtió en amigo de sus gentes, consejero y referente obligado de lo que muchos intelectuales de la región y del país llaman el "ser vallenato".
Su mujer, doña Paulina Mejía de Castro Monsalvo se distinguió siempre por su rancia estirpe liberal. Visitó casi todos los países del mundo a raíz de su cargo como Embajadora de Colombia ante la FAO y además como Embajadora Volante. En el gobierno del presidente Virgilio Barco Vargas, entre 1986 y 1990 y con 78 años bien vividos, fue gobernadora del departamento del Cesar.
La cercanía de los antiguos cantos de vaquería y los lamentos de los peones, se dio entonces a la tarea de incursionar con apellidos tan ilustres como su origen. Los Molina, López, Loperena, Castro, Gómez, Araujo, Maya, Pavajeau, Daza, entre otros, vieron como ingresaban en el imaginario de las crónicas bien cantadas y contadas de aquellos campesinos descalzos, parranderos y mujeriegos.
El 26 de mayo de 1927, llegó a Patillal a la casa de la familia Escalona Martínez -hogar del coronel Clemente Escalona Labarces y de doña Margarita Martínez Celedón-, uno de sus nueve hijos, Rafael Calixto. El coronel había participado en la Guerra de los Mil Días y su influencia política y personal estaban más que definidas en la región. Rafael Calixto traía en la sangre el gusto de su padre por las canciones vallenatas, aunque proscritas todavía en las clases altas de donde provenía.
El hoy maestro Escalona se fue de Patillal a los diez años a estudiar a Valledupar. El centro de estudios no podía ser otro distinto al colegio María Concepción Loperena. "Vallenato que se respete estudiaba allí."
Cuenta el hoy fallecido Álvaro Cepeda Samudio en un ensayo exploratorio del departamento, sus canciones y sobre el "ser vallenato" que "Doña María Concepción Loperena de Fernández de Castro, fue "mujer libre, de origen realista pero hoy republicana", y dice " cómo se describió a sí misma en el Acta de Independencia de Valledupar que ella redactó e hizo firmar por los notables del pueblo, estableció con su sola presencia y el atrevimiento de sus acciones el imperio de los personajes en la región del Cesar".
Escalona estaba predestinado, sin saber cantar ni tocar instrumento alguno, a no ser algo distinto a un juglar de su región. A un contador de hechos, un narrador de historias y un parrandero y mujeriego incorregible, fiel a la estirpe de los campesinos que desde mitad del siglo XIX y hasta la misma mitad del XX continuaron la tradición de Francisco El Hombre.
Al respecto, Cepeda Samudio, reitera en su ensayo que, " En la casa del doctor Hernando Molina", mencionado en uno de los cantos de Escalona como "eminente y capacitado, fuma tabaco y habla de todo y tiene muy buena reputación, fue magistrado con gran decoro pero ahora no cambia su chinchorro ni por la silla del gobernador", "una moderna María Concepción, Consuelo Molina Céspedes y su esposo Hernando -cuyo antepasado, José Dolores Céspedes, fue otro de los firmantes del Acta de Independencia y quien, sin duda alguna, anduvo también juntando caballos para Bolívar-, mantienen vivo el culto del canto vallenato".
"En la casa de Hernando y Consuelo Molina fue donde María Concepción Loperena reunió, hace 150 años, a los cabildantes para proclamar la independencia de Valledupar. En esta misma casa se sigue hoy confabulando: se confabula contra los que quieren, inútilmente, ahogar la tradición del acordeón y del canto vallenato, y las actas de independencia que se firman contra el esnobismo, están respaldadas por los acordeones."
En el Loperena, Rafael compuso sus primeros versos. La partida del profesor Heriberto Castañeda, querido por todos sus estudiantes y trasladado de manera intempestiva al Liceo Almirante Padilla de Riohacha, llenó de nostalgias y tristeza a Escalona, quien encontró la manera de expresarse con lo que siempre había vivido a través del sentimiento.
El Profe Castañeda fue su primer canto, que en realidad fueron algunas estrofas. "Cuando sopla el viento frío de la Nevada... de las tribulaciones del estudiante que en horas de estudio llega al Loperena... de prematuras nostalgias... que triste quedó el Loperena, que tristes quedaron sus aulas... y de sentimientos personales... él nos dijo adiós porque se ha ido, y le dijimos adiós, pero que vuelva".
Entonces y a partir de ese momento el destino del muchacho estaba marcado por el resto de los tiempos. A pesar de la oposición inicial de sus padres, el maestro había encontrado su camino con menos de quince años de existencia. En sus andares y constantes encuentros con los amigos de siempre, no resulta casual que Escalona se encontrara e hiciera amistad con Consuelo Araujo Noguera, La Cacica. En realidad, las familias del Valle son amigas desde siempre y las de Escalona y Consuelo también lo eran.

Daniel Samper Pizano, Álvaro Cepeda, Consuelo AraujoNoguera, Gabriel García Márquez, entre otros, 1967 |
Consuelo era un "huracán", según la define Tomás Darío Gutiérrez, uno de sus amigos, cómplice de proyectos inconmensurables y una de las personas que mejor la conoció. En la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata , hablan de ella como "la menor de una familia conformada por nueve hermanos, en la que desde muy temprana edad empezó a asimilar de sus padres, Santander Araujo y Blanca Noguera, el arraigo y el amor, casi devoto, por su tierra, especialmente de su padre, reconocido patriarca liberal de la región, famoso por su prodigiosa memoria y su carácter, condiciones que heredó Consuelo".
A los 15 años de edad debió abandonar sus estudios secundarios para empezar a trabajar como auxiliar de giros en el Banco de Bogotá, con el fin de ayudar a financiar la educación de sus hermanos mayores: Álvaro, Rodolfo y Jaime. Sin embargo, su pasión inagotable por la lectura le permitió formarse una vasta cultura y completar, de manera autodidacta, su formación intelectual". Con la devoción por su tierra, su música, los conocimientos acerca del vallenato y su amistad con Rafael y el hoy ex presidente Alfonso López Michelsen, Consuelo forjó en su imaginación una parranda monumental.
A mediados de 1963, en una visita del hoy Nóbel Gabriel García Márquez a Aracataca, Magdalena, su tierra, le pidió el favor a su compadre Escalona, a quien había conocido desde los años fragorosos e insomnes de La Cueva de Barranquilla, que le llevará lo mejor de la música vallenata de sus últimos siete años de ausencias obligadas del país. Su amigo Escalona cumplió y con muchos réditos. A la monumental parranda, un domingo bullicioso y en medio del sopor de las dos de la tarde, Rafa llegó con Consuelo, Colacho, el maestro Armando Zabaleta y con el descomunal y desaforado amigo de letras, mujeres y parrandas, Álvaro Cepeda Samudio, quien llegó con un camión repleto de cerveza helada.
El sueño se hizo realidad unos años después, en abril de 1968, con el primer Festival de la Leyenda Vallenata en la plaza Alfonso López, con el gobierno departamental del primer gobernador del Cesar, Alfonso López Michelsen, Alejandro Durán Díaz, con la magistral interpretación de un son, una puya, un merengue y un paseo, entregó al mundo unos lamentos, unas vivencias y un folclore que se escuchará por el resto de los tiempos.
*Periodista
Fotos cortesía Editorial Heriberto Fiorillo S. en C. S.
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