|
Fabio Cardozo se desempeñó como Asesor de Paz y Convivencia de la Gobernación del Valle del Cauca entre enero de 2001 y finales de 2004. Por su trabajo directo con actores armados y comunidades vulnerables, este abogado de la Universidad Santiago de Cali, con dos postgrados, uno en Altos Estudios Jurídicos, Políticos y Derecho Público en la Universidad del Valle y otro en Criminología en la Universidad Santiago de Cali, conoce de cerca la problemática de la guerra en Colombia. En esta entrevista habló sobre el acuerdo humanitario, las Farc, el proceso con los paramilitares, el narcotráfico y la situación de la población en situación de desplazamiento. Próximamente lanzará su campaña en busca de un escaño para la Cámara por el Polo Democrático Independiente
Por Federico Guillermo Muñoz C.*
fgmc@cable.net.co
La esquina regional ¿Cómo ve la situación actual del intercambio humanitario?
Fabio Cardozo: En este momento creo que las distancias son grandes para un acuerdo humanitario en Colombia. Revisando lo que ha sido la tendencia y el comportamiento del gobierno del Presidente Uribe, uno cree que, y al final tiene que concluir, que difícilmente él va a acceder a una propuesta proveniente de la guerrilla. La única posibilidad que yo veo es que se concrete la libertad de algunas personas. El Gobierno y la guerrilla están presos en un discurso un tanto vertical, e incluso guerrerista; no quería calificarlo de esa manera, pero cierta verticalidad ha hecho que se le reste espacio a la política y a la maniobra. Mientras exista de ambas partes la sensación de que es posible en ganar la guerra a través del fortalecimiento de sus fuerzas, temas como éste están sacrificados.
L. E. R.: Desde su punto de vista, ¿Cómo piensan las Farc?
F.C.: Es muy complicado procurar interpretarles, además que esta guerrilla es especialmente sensible cuando uno se atreve a hacerlo. Incluso he tenido momentos complicados por pretender aconsejarles. Por ejemplo me he atrevido a decir públicamente: mire, si yo fuera de las Farc diría tal cosa o haría tal otra, eso les molesta muchísimo. Pero he tenido la oportunidad de hablar con algunos dirigentes de las Farc, aún cuando hace tiempo no lo hago, y la verdad tienen un discurso estratégico y cargado de ideología. Es tal la dinámica de la maquinaria de guerra de las Farc que finalmente ésta termina arropando cualquier disquisición frente a los propósitos estratégicos de la guerrilla. Creo que lo único que podría salvar un poco la situación colombiana y que podría encontrar una salida al conflicto es que lograse vincular mayores elementos políticos a la dinámica misma, porque definitivamente la confrontación y el pulso exclusivamente militar no van a resolver, en el corto plazo, absolutamente nada.
L. E. R.: Entonces, es claro que por la vía militar no se va a acabar el conflicto
F.C.: No, no creo que se vaya a acabar. El conflicto colombiano difícilmente se va a acabar militarmente, por más que continúen algunas recomendaciones fundadas en ese punto de vista, como las de Alfredo Rangel, que dice que hay que cuadriplicar el número de hombres, que hay que triplicar la capacidad aérea de las Fuerzas Militares, que hay que hacer un esfuerzo mayor de participación en el PIB del país; está hablando del 5%. En otras palabras, que hay que ajustar una economía de guerra para poder descompensar en términos estratégicos la guerra en Colombia, pues de lo contrario es una guerra de desgaste que al final, por las circunstancias mismas del conflicto colombiano, por su topografía y en el marco de la apuesta que ha hecho el Estado, al final terminarán ganando las Farc. Es decir una guerrilla que pervive básicamente por su poderío militar y económico, que ha hecho descansar su proyecto en la dialéctica del fusil, que no tiene una preocupación por seducir o conectarse con el país ni por acercar sus bases urbanas.
L. E. R.: ¿Pero usted cree que la guerrilla aún posee bases sociales fuertes?
F.C.: León Valencia, hablando del fenómeno de la guerrilla, decía que aquí todas las personas y los opinadores señalaban que la guerrilla de las Farc era una guerrilla solitaria, fuerte desde el punto de vista militar y fuerte desde el punto de vista económico, pero que no se podía ser despectivos con una base que está dispuesta a acompañarles hasta el final en su propósito de guerra. Que son las bases cocaleras, el país marginado, es el país que no tiene cédula, el país resentido. Ese es un caldo de cultivo que puede sostener y man tener ese ejército durante mucho tiempo. Pero no solamente son esos sectores, son también sectores pobres del país, no en la medida en que la guerrilla tuvo respaldo en los años sesenta y setenta, pero siguen habiendo sectores agrarios, especialmente pobres, que ven en las Farc la manera de cobrársela a la injusticia de la sociedad colombiana y del Estado.
L. E. R.: ¿Qué opina de las capturas masivas?
F.C.: Mediante mecanismos de esa naturaleza el Estado se debilita profundamente. Es una orientación equivocada de cómo debe ganarse a las comunidades. Los militares saben y todo el mundo sabe que las guerras no se ganan solamente a punta de tiros. Que sobre todo se fortalece una posición o un sector en la medida en que las gentes me respalden. Entonces cuando se llega a una comunidad, donde supuestamente hay una presencia marcada de grupos armados, golpeándola, lo que ocurre es que de manera reactiva la comunidad termina muy cerca a proyectos que le son extraños y que tampoco representan sus intereses.
L. E. R.: ¿Es cierto que las Autodefensas en el Valle de Cauca nacieron después del secuestro masivo de La María ?
F.C.: Sí, después de un momento muy especial en el departamento, en donde había cierto resurgimiento del poder de la guerrilla, llegaron las autodefensas. Uno no entiende el arribo de las Autodefensas tras la invitación de algunos sectores de la oligarquía vallecaucana. A mí, si me encantaría conocer el nombre de las personas del departamento que estaban financiando y auspiciando la presencia de estos grupos. Y me gustaría mucho mirarlos a los ojos y preguntarles qué sintieron cuando las Autodefensas llegaron al Naya o cuando estuvieron en La Bala , en Buga o cuando se metieron a Sabaletas y produjeron esas matanzas con motosierra. La pregunta es ¿qué sintieron esos sectores que terminaron trayéndolos y que les estaban financiando sus ejércitos?.
L. E. R.: ¿Cómo analiza el actual proceso con los paramilitares?
F.C.: En el caso de las Autodefensas hay un riesgo muy grande, y es que de un lado el Gobierno le ha mostrado al país -y me parece importante y en eso hay que acompañarlo-, la importancia de la desmovilización y el desarme. Que terminen deponiéndose miles de fusiles es un hecho de gran dimensión y de mucha importancia. Pero ese hecho político tan importante lejos está de resolver el problema y el fenómeno del paramilitarismo, que tiene raigambres en sectores políticos y económicos del país, y de las regiones. Aquí por ejemplo, en el departamento del Valle del Cauca, hay un vínculo estrecho entre ese fenómeno y sectores del narcotráfico. Hay conflictos y problemas entre ellos con la gente del Cartel del norte del Valle, que son los que gobiernan la vida en Buenaventura. Por eso el Bloque Pacífico, que tiene como escenario fundamental Buenaventura, no se ha desmovilizado. Creo que hay una influencia importante del poder de los narcos sobre su proceso de desmovilización.
L. E. R.: ¿Significa que es muy fuerte el vínculo entre el cartel del norte del Valle y las Auc?
F.C.: Sí, es muy fuerte. El Bloque Pacífico tiene como mando al " ñato Berna " (Adolfo Paz) y Galindo, el " gordolindo " , que son dos figuras de las Autodefensas que tienen una clara identidad con el narcotráfico.
L. E. R.: ¿Cómo fueron las experiencias de retorno de personas en situación de desplazamiento, impulsadas por la Oficina de Paz del Valle de Cauca?
F.C.: Nosotros en medio de la preocupación por el tamaño de la población desplazada en el departamento, la ausencia de recursos, el reclamo de las personas de querer volver a encontrarse con su entorno, de recuperar sus propiedades y su pasado -así este fuera trágico-, empezamos a vislumbrar la posibilidad de propiciar procesos de retorno en el departamento hace unos tres años. Pero eso sí cuidándonos de que esos procesos estuvieran rodeados de un esquema mínimo de seguridad. Ese esquema se concretó con base en acuerdos humanitarios que nosotros construíamos con los grupos armados. Recuerdo que la cosa surge un poco de manera casual, no tan deliberada, en una conversación sostenida con, creo que fueron los guerrilleros de las Farc, en donde yo les insistía mucho en la posibilidad de llegar de nuevo con la gente a algún sector determinado. Lo que nosotros aspirábamos era que respetaran el proceso, que procuraran no intervenir en los asuntos de las comunidades. Luego de esa conversación busqué a las Autodefensas y les dije que había conversado con la guerrilla de las Farc, que ellos estaban dispuestos a facilitar el proceso de regreso a esta comunidad y que quería preguntarles si estaban dispuestos a hacerlo. La verdad es que nosotros logramos, a través de un mecanismo de interlocución, 24 retornos en el departamento en más o menos tres años, estamos hablando de unas doce mil personas. Y lo importante es que esos retornos se sostuvieron. Los grupos armados respetaron los acuerdos que habían hecho con la oficina del Gobernador.
*Comunicador social y periodista
|