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Como en las ciudades de Popayán en el Cauca y Mompox en Bolívar, en Pamplona, Norte de Santander, la conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo es un patrimonio religioso, social, cultural y turístico. De la Semana Santa son protagonistas diversos actores que la mayoría de las veces pasan desapercibidos para fieles, espectadores y turistas. Este es el caso de los nazarenos. La esquina acompañó a Rafael Rojas, uno de los 350 hombres que hacen parte de la Hermandad de Jesús Nazareno en la Semana Santa
Por Carlos Alberto Rivera C.*
carivera33@hotmail.com
Lunes santo
Repican las campanas, anuncian la salida de la procesión, son las siete de la noche. Mujeres, hombres, niños y niñas en hombros, devotos y mirones se agolpan alrededor del Templo de las Nieves para asistir a la primera procesión, en la que se le rinde homenaje al Señor Caído. Al interior, religiosos, personalidades, scouts, sahumadoras y nazarenos están listos para acompañar las trece imágenes que recrean la pasión de Cristo.
Rafael Rojas, revestido con la túnica morada, el capirote que cubre su rostro, el cinturón tejido en lazo, que cumple la función de faja para evitar desgarramientos, y las cotizas blancas con suela de caucho negro, está listo como nazareno, como lo ha estado desde hace dieciséis años, para recorrer las principales calles de la ciudad durante dos horas, conduciendo sobre sus hombros la Santa Cruz, el paso que abre las procesiones.

Martes santo
Es el segundo día, y Rafael en medio de las marchas de trompetas y tambores de las bandas de diferentes colegios, y también en medio de los repetidos rezos de feligreses y religiosas que pronuncian durante el despacioso recorrido por las calles de la ciudad, piensa si la penitencia que ellos profesan, al vestir de morado, ocultar su rostro y llevar las andas de las imágenes de Cristo, la Virgen Dolorosa y sus Apóstoles se proyecta en los propios y extraños, que a lado y lado de las calles observan el paso de la procesión; se pregunta si, como profesan los estatutos de la Hermandad de Jesús Nazareno, esas personas también honran la memoria de la pasión de Jesucristo; si alcanzan a percibir el sufrimiento que proyecta la imagen del Señor de la Humildad, una de las imágenes con más historia de la ciudad, a la cual se le rinde homenaje este día desde la parroquia de San Francisco.

Miércoles santo
Descendiendo desde el Templo del Carmen hacia las principales calles de Pamplona, luego de celebrar la fiesta patronal de la Hermandad en la que se rinde homenaje a Jesús Nazareno, Rafael recuerda las palabras que el director espiritual de los hermanos nazarenos pronunció en la homilía de las cinco de la mañana. Se siente orgulloso de pertenecer a una comunidad de casi 350 hombres sencillos, humildes, trabajadores, de buena conducta, respetuosos de sus familias y sin vicios; él, que así como el Nazareno, quien con su túnica morada llevó su cruz hasta el calvario, revive esos sufrimientos cargando los pesados pasos de hasta cuatrocientos kilos, que luego se reflejan en su maltrato físico, pero satisfecho de haber cumplido el deber que adquirió cuando fue presentado por su padrino ante la Hermandad para ser aceptado. Alegresar, con el paso de vaivén característico y aún acompañados de feligreses, confirma que desea seguir siendo nazareno hasta que la vida se lo permita.

Jueves santo
El cálido y multitudinario día es dedicado a la veneración del Señor del Humilladero, la imagen más bella y misteriosa de la ciudad. No se conoce autor ni fecha de su origen, ni tampoco la manera como llegó a la ciudad, aunque tiene las características de las obras españolas de la primera mitad del siglo XVI. Son las dos de la tarde y los turistas y creyentes del oriente colombiano se aglutinan en el parque principal para ver pasar la única procesión que se celebra a la luz del día. Por esta razón es cuando llegan más visitantes. Precisamente, nuestro nazareno reflexiona sobre el origen de la Hermandad. Se dice que es el legado de la histórica Cofradía de la Veracruz, institución establecida por el clero de la época desde la capilla del Señor del Humilladero; su misión era la de honrar la pasión y muerte de Cristo, el mismo objetivo que busca la actual hermandad de nazarenos. Sin embargo, Rafael y sus compañeros reconocen en el fallecido padre Peinado, personalidad de la ciudad, el fortalecimiento de la comunidad nazarena a mediados del siglo pasado.

Viernes santo
Día de matracas, luto y honores. Antes del sermón de las siete palabras llegan Rafael y todos los nazarenos, esta vez con pañuelo y cinturón negro, para asistir a la ceremonia más solemne que presiden el arzobispo, los presbíteros, las autoridades civiles, municipales y departamentales, las autoridades militares y las personalidades de la ciudad. Es la procesión más larga, en la que es llevado el Santo Sepulcro desde la Catedral de Santa Clara hasta la antigua hermita del Humilladero, iglesia que precede al cementerio de la ciudad. Allí el Cristo bajado de la cruz es expuesto a los católicos hasta el día sábado.
Contradictoriamente, Rafael tiene ya asegurada su bóveda en el cementerio, este es uno de los beneficios que los hermanos nazarenos reciben por pertenecer a la comunidad. Ellos, por haber cumplido con la mensualidad (mil pesos cada mes), tienen derecho a un lugar en el panteón de los nazarenos y a unos funerales subsidiados por la Hermandad.
Es el día más extenuante, ya que luego de dejar el sepulcro sigue la procesión del desande y la soledad, la cual cumple un recorrido inverso hasta más allá de la media noche. En ella, un hermano nazareno lleva en sus espaldas una pesada cruz, con lo cual finaliza la función de la comunidad en la semana mayor.

Domingo de resurrección
De nuevo en el parque principal, pero esta vez del otro lado, Rafael junto con su familia, su madre, su hermana y su sobrino, ven pasar la procesión de Jesús resucitado. En ella ya no participa él, pues su paso ya no hace parte de ella; pero ve a sus compañeros, revestidos de túnica blanca y cinturón rojo, corriendo al encuentro de la Virgen con su hijo. Se siente satisfecho de haber cumplido un año más con su compromiso de fe, orgulloso porque su pequeño sobrino ya participa, como él, en las procesiones infantiles, y seguro de seguir como una persona trabajadora y responsable, que lo único que busca es seguir el ejemplo del Nazareno.

*Antropólogo
Fotos Pedro Rivera
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