Ángela Giraldo y Fabiola Perdomo

Un solo norte, la libertad de los secuestrados

   
     

 

 

 

El 11 de abril de 2002 un comando de las Farc, haciéndose pasar por militares, secuestró a doce diputados de la Asamblea del Valle del Cauca en pleno centro de Cali. Desde el mismo momento de su retención los políticos se convirtieron en fichas del acuerdo humanitario para la guerrilla. Tres años han pasado desde el secuestro y el panorama para los familiares de los ex diputados es cada vez más difuso

Por Federico Guillermo Muñoz*

fgmc@cable.net.co

“La situación del acuerdo humanitario está más enredada que nunca. Siento que las partes se han radicalizado. Cada uno le echa la culpa al otro: el gobierno dice que no se ha avanzado porque las Farc no tienen voluntad. Las Farc dicen que no hay acuerdo humanitario hasta el momento porque el gobierno de Álvaro Uribe no tiene voluntad para negociar con ellos y que no les interesan las personas que tienen retenidas. Cada vez que aparece una propuesta la contraparte la niega, la rechaza, pero no vemos que las propuestas estén encaminadas a lograr el objetivo, que es el acuerdo de la libertad de los secuestrados, sino como para medir fuerzas o para proponer, para estar ahí o dar una respuesta a las peticiones de los familiares, de la comunidad internacional, de todas las organizaciones que estamos trabajando por el acuerdo humanitario; pero no es una respuesta de convicción, una propuesta que de verdad conduzca al acuerdo humanitario”, afirma con vehemencia Fabiola Perdomo, concejal de Santiago de Cali y esposa del diputado Juan Carlos Narváez. Ella se ha encargado de liderar el tema y es la vocera oficial de las doce familias.

Ángela Giraldo, hermana de Francisco Javier Giraldo, otro de los diputados raptados, lucha también por la libertad de los dirigentes vallecaucanos. Lo hace desde la oficina de Gestión de Paz y Convivencia de la Gobernación del Valle, cargo en el que fue nombrada a finales­ del año pasado por el gobernador­ Angelino Garzón. Un nombra­miento con un claro mensaje político: “Él quiso enviarle el mensaje al presidente Uribe de que la prioridad en su gobierno es el acuerdo humanitario y que aquí estaba la hermana de uno de los diputados secuestrados por las Farc en la oficina de paz de la gobernación”, asegura esta funcionaria, quien confía plenamente en las labores del ex ministro de trabajo.

Visión que contrasta con la que tiene Fabiola, quien se muestra bastante disgustada con Garzón: “Yo siento que Angelino usó nuestro dolor, se aprovechó de la confianza y de la credibilidad que teníamos en él para llegar a la Gobernación del Valle. De las doce familias hay ocho o nueve que decidimos no trabajar más con Angelino, retirarnos del trabajo con él; sentimos que nos utilizó, que se aprovechó de nuestro dolor. Él creyó que solamente con poner a Ángela como Gestora de Paz nos aportaba a nosotros como familiares, o ayudándonos con unos pasacalles”. Pero más allá de estas diferencias, ambas comparten el dolor de no tener a sus familiares cerca y trabajan unidas en busca de un mismo fin: la libertad de sus seres queridos. Las dos han sufrido en carne propia la intransigencia de las Farc y la postura del presidente Uribe de no ceder ante las pretensiones de la guerrilla.

Coinciden plenamente en que la salida al conflicto armado que vive Colombia­ debe ser negociada políticamente y que el acuerdo humanitario es la única opción que tienen para volver a ver a sus familiares. “So­mos conscientes de que el diálogo es la única herramienta para lograr la paz y, en este caso, para resolver uno de esos problemas que ha generado el conflicto en el país, como es el tema del secuestro”, asegura Fabiola desde su despacho en el Concejo de Cali, una oficina llena de recuerdos de Juan Carlos; una foto de él sonriendo cuelga, junto a una de ella, detrás de su escritorio. En plena entrevista hace llamar a su secretaria para mostrarme un afiche, hecho en honor del diputado, que contiene una frase pronunciada por éste desde su cautiverio: “Seguir funcionando como institución, como si nada ocurriera en nuestro país, como si la normalidad campeara en la sociedad y en las instituciones, es desconocer de manera crasa la difícil situación por la que atraviesa Colombia”.

Y es que para muchos el acuerdo humanitario es un tema que aparece y desaparece al vaivén y ritmo que imponen los medios de comunicación, que figura en la agenda cuando las Farc emiten un comunicado y que se esfuma rápidamente con la ya tradicional negativa del Presidente.­ En la inestabilidad que maneja el tema unos culpan al Gobierno y otros a las Farc, pero pocos piensan en las verdaderas víctimas: los secuestrados y sus familiares. Algunos se apiadan, pero nada frente a sentirlo en carne propia: “Todo el mundo es sensible, todo el mundo comparte nuestro dolor, pero es precisamente en manos del gobierno y de las Farc que está la solución, y no la vemos. Entonces de nada nos sirve que las Farc entiendan nuestro dolor, de nada nos sirve que el gobierno entienda nuestro dolor, cuando en manos de ellos está acabar con él y no lo hacen”.

El secuestro les ha transformado la vida a estas dos mujeres, y desdichadamente a sus familias, que de primera mano han sentido los cambios abruptos desde aquel 11 de abril, cuando los diputados fueron engañados con una amenaza de bomba, conducidos a una buseta blindada, en busca de su supuesta protección, luego llevados a los Farallones de Cali y de ahí a quién sabe qué zona dominada por las Farc. Ángela Giraldo describe, con gran firmeza, detalles del dolor personal: “Mi papá entró en una depresión tenaz y cinco meses después del secuestro murió. Nosotros inmediatamente le avisamos a mi hermano por los medios de comunicación y él nos envió un video contestándonos: ‘Mis votos son por la salud de mi padre’. Él ya sabía que estaba enfermo. ‘Todavía tengo mucho que aprender de ti, necesito de tus sabios consejos’. Después mi hermano nos envía otro video en el que nos dice: ‘Ya me di cuenta de que mi papá falleció. Lo único que me hace mantener en vida es mi fe en Dios y los mensajes de radio que recibo de ustedes’”.

La Gestora de Paz, que despacha desde una oficina en la Gobernación del Valle, también se aferra al simbolismo para recordar a su hermano. Una foto de él, en tamaño real, descansa al lado de su escritorio; con alegría y esperanza me muestra una camiseta negra a favor del acuerdo humanitario.

La hija de Fabiola y Juan Carlos tenía dos años y medio cuando secuestraron a su padre, para ella la vida también ha dado un giro radical: “Mire, ha pasado algo con los hijos de los secuestrados, yo diría que en todos, y es que los niños se han madurado biches; típico refrán de los papás, pero eso es. Una niña que a los cinco años, y desde los tres, habla de acuerdo humanitario, habla de guerrilla, habla del presidente; ella habla de todos los temas y sabe. Ella se para cuando hablan de acuerdo humanitario y se sienta a ver las noticias, a ver qué ha pasado con el acuerdo humanitario. Entonces a uno le da tristeza ver cómo los hijos de la violencia en este país, del conflicto, tienen una vida muy distinta a la del resto de los niños. Mientras los otros niños sueñan con muñequitos, ella además de los muñequitos está pendiente de otros temas”, afirma Fabiola, mientras yo me detengo a observar una foto en color sepia de la niña sonriendo, que reposa sobre su escritorio.

Muchas son las puertas que han tocado para lograr el acuerdo humanitario, desde haber visitado todas las embajadas en la capital hasta la realización de eventos en Cali, Bogotá y Neiva. Fabiola se ha reunido muchas veces con el presidente Uribe, Ángela en grupo una vez y personalmente en tres oportunidades; con la primera dama las madres se encontraron también en una ocasión. Con el Alto Comisionado para la Paz también se han reunido. Incluso el padre de Ángela se encontró con el comandante de las Farc Pablo Catatumbo en las montañas del Valle: “Mi papá se reunió con Pablo Catatumbo y no pudo hacer nada. Ca­ta­tumbo le dijo: ‘Mire esto es un secuestro político, lo único que le puedo decir es que ellos van a estar bien, siempre y cuando no hayan operativos militares. Pero el regreso de ellos depende­ de Marulanda, ya no depende de mí’”, me aseguró la Gestora de Paz, quien también confirmó la reunión que el mismo cabecilla guerrillero tuvo con Angelino Garzón: “El Gobernador sí se reunió con Pablo Catatumbo, y Alfonso Cano estaba dispuesto a reunirse con Luis Carlos Restrepo, pero en ese momento el presidente Uribe mandó el ejército­ a los lugares donde se estaban encontrando el Gobernador y Cata­tumbo, entonces hasta ahí llegó el acuerdo. Lo autorizó personalmente y después lo desautorizó por otros conductos, y mandó a buscar a Pablo Catatumbo, entonces hasta ahí llegaron los contactos”.

Lo cierto es que han hecho todo por sus seres queridos, y aunque la energía no se les agota, todo tiene un límite, porque como sentenció Fabiola: “El solo hecho de salir a exigirle al gobierno es ponerlo contra la pared, así no comparta yo el gobierno de Álvaro Uribe, porque no voté ni votaría por él, porque no comparto su posición. Pero el hecho de que no la comparta y que no vote por él no quiere decir que nuestra lucha sea contra él, por responder a los intereses de unos terceros. Si estamos contra él es por convicción, porque lo sentimos, pero no por hacerle el juego a terceros. Y ahí sí no queremos ser utilizados y no nos vamos a dejar utilizar más, porque nos han utilizado muchísimo como familiares de secuestrados para acceder al poder, para salir a la palestra pública, por ganar unos espacios, pero nadie se ha puesto a pensar que a costa del dolor nuestro está llegando mucha gente al poder y a beneficiarse, y siento que a nadie le interesa resolver el tema del acuerdo humanitario porque el caballito de batalla se les acabaría.”

Lo que sí queda muy claro es que tanto Fabiola como Ángela son personas valientes que no pierden su norte, en palabras de Fabiola: “Yo aprendí algo en esto, y es que nunca puedo perder el norte. Y mi norte es la libertad de los secuestrados pase lo que pase”.

*Comunicador social y periodista

 

 


 
 
 

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