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Por Luis Barros Pavajeau*
pavajeau68@hotmail.co

Clara Sánchez
Alfaguara
299 páginas
Un asomo. Un guiño. Una idea imprecisa. Las frágiles suposiciones que alientan rumores de pasillos para desentrañar a compañeros de ocasión. Los unos y los otros. Todos al tiempo, para vencer ese sentimiento de la nada que les repite que están condenados a una existencia de vestíbulo, que como la vida misma, representa apenas un lugar de paso.
Después de Últimas noticias del paraíso, premio Alfaguara de novela correspondiente al año 2000, Clara Sánchez regresa con una historia que se apropia de las apariencias del mundo laboral –ese desafío de ocho horas al que hay que vencer en una batalla nueva cada mañana–, para relatar los universos particulares e íntimos de sus protagonistas que a veces, parecen fantasmas al deambular por una realidad alterna en los pisos altos de la Torre de Cristal, respirando una atmósfera más incierta que la misma Madrid, cosida a sus pies en un millón de luces.

Kamchatka
Marcelo Figueras
Alfaguara
382 páginas
“Buena parte de mi exilio en Kamchatka la viví en soledad, aislado por nieves eternas. Cierto día uno se descubre diciendo en voz alta las expresiones que antes sólo resonaban dentro de la cabeza, qué heladera de mierda, hay que comprar desodorante, ¿quién llamará a esta hora?, para finalmente aceptar que la partitura del silencio admite el solo de la propia voz”.
Kamchatka es la palabra que corresponde al destierro –un lugar agreste y remoto–, dentro de una familia obligada a enmascarar su cotidianidad para librarse de la persecución política que desata en mayo de 1976, la dictadura militar de Onganía. Acertadamente alguien se refirió a esta historia como una novela de aparecidos, y es que su narrador, recién involucrado en la violencia del mundo, relata la existencia que roza su niñez, convirtiendo su universo personal en una fortaleza impenetrable para afrontar la vida que viene desde lejos, cargada de incertidumbre, miedos y angustias. “Las primeras percepciones del mundo ancho derivan de las figuras a quienes amamos incondicionalmente. Si uno registra que sus mayores sufren por falta de trabajo o por destratos y sueldos de miseria, traduce por empatía y concluye que el mundo exterior es cruel y violento. (Eso es política). […] Si uno registra la incomodidad y el miedo físico que produce en sus mayores la simple visión de soldados y policías, traduce por empatía y concluye que, así como cada niño tiene sus monstruos, los nuestros visten uniformes. (Eso es política)”.

La loca de la casa
Rosa Montero
Alfaguara
271 páginas
“La imaginación, la loca de la casa”, frase cuya autoría se disputan Santa Teresa de Jesús y Malebranche, es la punta de lanza de esta ¿novela? o más bien ¿ensayo?, que en todo caso es indiscutible su género híbrido, para emprender la incierta aventura que augura el hecho de contar una historia. La española Rosa Mon-tero nos entrega una ¿novela?, o más bien ¿ensayo?, que en todo caso es indiscutible su género híbrido, que al escudriñar la imaginación –pólvora fundamental para encender un texto escrito–, revela las estrechas similitudes entre la locura y el delirio de las palabras, el volátil equilibrio sobre el que se sostiene la vanidad del novelista, además de las trampas de la fama y el fracaso implícito en cualquier forma de éxito. En todo caso, usted tiene garantizada una lectura apasionante, como toda lectura debería de ser, a través de la cual ingresará a un universo de paradojas que tiene visos de encantamiento porque “… escribir novelas implica atreverse a completar ese monumental trayecto que te saca de ti mismo y te permite verte en el convento, en el mundo, en el todo. Y después de hacer ese esfuerzo supremo de entendimiento, después de rozar por un instante la visión que completa y que fulmina, regresamos renqueantes a nuestra celda, al encierro de nuestra estrecha individualidad, e intentamos resignarnos a morir”.

Y, ¿por qué no?
Jorge Enrique Arbeláez
Primasgraf an
129 páginas
Una novela breve de desplazamiento, injusticias y venganzas. Una historia que usted como lector será incapaz de sentir lejana, porque por desgracia en sus páginas repite el eco de otra historia escuchada en cualquier esquina, pueblo o ciudad de este país. Su autor, J. Arbeláez, utiliza estos personajes, en apariencia sin posibilidades de redimirse de la espiral de violencia que los arrastra, para introducir sin escándalos, que para eso están las balas que alimentan el conflicto, una reflexión sin exclusividades, porque el asunto de la paz corresponde a todos los estamentos de la nación. La pregunta, entonces, permanece ondeando como una bandera a la espera de que la sociedad civil responda al desafío que cada acontecimiento histórico le depara.
*Comunicador social
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