AL MÁRGEN

Micoahumado: más allá de la pesadumbre

   
     

 

 

 

 

Hablar del sur del departamento de Bolívar es hablar de conflicto, de comunidades marginadas alejadas de la mano del estado y de caseríos con una serie de problemáticas que se conjugan en un conflicto social

Por Lizneira Roncancio Arias*

rlizneira@hotmail.com

 

Micoahumado es una población enclavada en el sur de Bolívar. Pertenece al municipio de Morales, pero su pequeñez hace que ni siquiera aparezca en el mapa. Es uno de esos pueblos de la costa caribe, con espectro garciamar-quiano, formado por emigrantes campesinos ignorados por el gobierno central y, como tantos de Colombia, ahora está embargado por los actores armados que actúan en la escena del conflicto; la diferencia es que sus pobladores no tienen la pesadumbre del olvido: se han hecho escuchar y se han hecho ver.

Hasta hace pocos años, Mi­co­hau­mado era una aldea en completa tranquilidad, “reinaba la convi­vencia y familiaridad, y tal vez por estar tan apartados del centro del país los estigmas no pesaban”, dice Pablo, un líder de la región. “Solo hasta el año 84 empezamos a entender que el gobierno tenía una gran responsabilidad con nosotros, entonces emprendimos acciones como marchas campesinas; la más numerosa fue la de 1985, donde participamos 5.000 campesinos, con el propósito de presentar al país la región y sus necesidades, y concertar con el gobierno un Plan de Desarrollo Integral para el sur de Bolívar”. “Fue una marcha de más de un mes de diálogos con el gobierno, pero de lo conversado hemos obtenido muy poco”, dice Isidro.

Este abandono hizo que poco a poco fuera creciendo la presencia del Eln y posteriormente la de otros actores armados. Micoahumado quedó secuestrado en su propio territorio por efecto de las minas antipersona sembradas alrededor del pueblo después de los enfrentamientos; situación que más tarde impulsó a sus pobladores a convertirse en protagonistas de su propia suerte y a hacer de éste el único pueblo de Colombia que ha logrado concertar con un actor armado, para no verse obligados al degradante acto del desplazamiento, y por el contrario permanecer allí, y a partir de sus fortalezas y los recursos naturales de la región seguirle apostando a sus expectativas de vida. Después de una serie de diálogos pastorales y comunitarios y de consultas populares se dio la creación de la Asamblea Popular Constituyente, “comunidad constructora de paz”, a través de la cual se comenzó un proceso que tuvo como punto de partida el llamamiento al Eln para convencerlo de la necesidad­ humanitaria de un des­minado que les permitiera a los micoahumadeños retornar al campo para trabajar su tierra, de donde tradicionalmente han obtenido su sustento.

Fue así como bajo el lema “por la vida, la justicia y la paz” empezaron a construir el sueño de una vida digna, con el respeto de sus derechos fundamentales, para lograr el desarrollo integral de su región y abonar el camino hacia la paz.

Un proceso con muchas dificultades

Para llegar a Micoahumado –por vía terrestre desde Bogotá– se ne­cesitan 14 horas, 5 de ellas por carretera­ en mal estado. Se debe atravesar el norocci­dente santan­dereano, pasar por Agua­chica en el Cesar, surcar las aguas del río Magdalena para arribar a Morales, hora y media después aparece Moralito y luego de trasmontar las estribaciones de la Serranía de San Lucas se llega a Micoahumado. Allí encontramos a Isidro Alarcón, un hombre joven, poseedor de una gran fortaleza producto de su entorno; su raza de luchador­ la debe a su origen santan­dereano, que conserva después de 28 años de vivencia en esta región: “mi expectativa es seguir construyendo posibilidades de vida para todos, salir de la crisis y el conflicto interno que vive el país, buscar aliados y construir salidas dialogadas a los problemas de desarrollo”. Como todos los micoahumadeños, que de alguna manera hacen parte de la Asamblea Popular Constituyente, habla lleno de fe en esta tarea iniciada hace más de dos años y que empezó a tener frutos el último­ día del año inmediatamente an­terior cuando el Eln, a través de un comunicado, anunció el cumplimiento de “la palabra empeñada de desminar el tramo de la carretera Mico­ahu­mado-La Guásima”.

“Queremos hacer del sur de Bolívar un territorio donde los derechos humanos se cumplan –dice Isidro– demostrarle a Colombia que los sueños de justicia de las comunidades son posibles; queremos volver a tener la tranquilidad de antes, cuando trabajábamos la tierra sin conocer el conflicto”. Son palabras producto del tesón con que casi todos los 7.000 micoahumadeños han asumido este compromiso de construcción colectiva, aun por encima de las presiones y los estigmas, para reclamar sus derechos como colombianos. “Nuestras condiciones de vida son muy precarias, no tenemos servicios básicos de educación, salud ni saneamiento básico, somos un pueblo sin oportunidades, donde las violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario se incremen­tan por la poca presencia del Estado, pero no por ello desconocemos al Estado”.

Muestra de ello es que luego del levantamiento de las 54 minas sembradas a lo largo de la carretera La Plaza-El Reflejo-La Caoba-La Guá­sima, al cabo del cual el Eln expidió un comunicado donde manifestaba el cumplimiento de su compromiso –“lo cumplieron con dificultades, pero lo cumplieron”, manifiesta Isidro–, los presidentes de las juntas de acción comunal de la región (vereda La Caoba, El Progreso, La Conformidad, La Provincia, La Guásima, El Reflejo, Media Banda, vereda El Chiquillo y La Plaza) le solicitaron al vicepresidente Francisco Santos, en comunicación enviada el 15 de enero de 2005, realizar la verificación del desminado: “solicitamos al gobierno nacional que facilite y apoye el desarrollo de este gesto humanitario facilitando la verificación del desminado, junto con una entidad internacional, y de la misma manera el establecimiento de las condiciones necesarias para lograr que la carretera se constituya en un bien público de la nación utilizada en el desarrollo integral digno de la comunidad”. “Para que este proceso sea sostenible solicitamos la verificación y presencia permanente de entidades gubernamentales civiles del orden local, para que todo el territorio del sur de Bolívar sea libre de minas y municiones sin explotar”, dice otro aparte de la comunicación.

“Gracias a Dios contamos con muchos aliados”

“Fue un acuerdo que la comunidad recibió con mucha alegría, pero no lo ha asumido como un triunfo, porque en esta crisis es muy complejo ganar consenso total; los principales acuerdos los hemos hecho dialogando con los actores y al gobierno no le gusta que el pueblo haga propuestas; además no todos están de acuerdo: el 65% participa, el 20% tiene miedo y al 15% no le gusta”.

“Este ha sido un trabajo que hemos tenido que afrontar porque hemos sido objeto de persecuciones y amenazas, a pesar de que el manejo de los diálogos con los actores armados se ha hecho con la supervisión del gobierno nacional –apunta Isidro–; pero el deseo que tenemos de lograr el desarrollo de nuestra región nos ha llevado a sacrificar muchas cosas”. “Nuestra propuesta no termina en el desminado humanitario, este es el comienzo de un proceso que terminará­ cuando logremos fortalecernos y consolidarnos como organización regional, con comisiones de interlocución que gestionen acciones ante las instancias nacionales e internacionales para adelantar nuestro desarrollo social, económico y cultural; queremos fortalecer la economía agrícola, ganadera y minera, el cuidado del medio ambiente y el fomento de una economía lícita; nuestra región tiene muchas riquezas, pero desafortunadamente el conflicto tiene reducidas esas fortalezas”.

El éxito del proceso también obedeció al acompañamiento de diversas organizaciones­ nacionales e internacio­nales, “su presencia en la región se dio desde las marchas campesinas, cuando participaban en las mesas de con­certa­ción, ellos empezaron a mirar que nuestro trabajo coincidía con el de ellos, eso nos fue haciendo una familia; por eso luego de la arremetida de los grupos armados se produjeron muchas visitas de organizaciones internacionales como la Cruz Roja, y después en la arremetida paramilitar del año 2000 tuvimos el acompañamiento de 22 organizaciones nacionales e internacionales”. Entre las organizaciones que han hecho presencia y coadyuvan en el proceso están: Redepaz, la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Acnur, el Llamamiento de Ginebra, la Campaña Colombiana Contra Minas, la Red de Solidaridad, la Corporación Nación, Credhos, Sembrar, la Defensoría del Pueblo, la Diócesis de Magangué, la Gobernación de Bolívar, la Consejería de Proyectos, Equipos Cristianos de Acción por la Paz, la Organización Femenina Popular, la Parroquia de San Sebastián de Morales, con la coordinación del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio –Laboratorio de Paz–, entre otras. El trabajo ha tenido resultados tan positivos para esta comunidad que se ha tomado como piloto dentro de la búsqueda que las diferentes regiones de Colombia vienen explorando para la solución del conflicto.

Dados los primeros resultados, los micoahumadeños han empezado a retornar a sus parcelas con relativa tranquilidad; la presencia de la Unión Europea, a través del Laboratorio de Paz del Magdalena Medio, da confianza en el proceso. Sin embargo, “estamos pasando por una crisis, la amenaza de muerte que han recibido dos líderes de nuestra comunidad, pero seguimos con fe y estamos seguros que vamos a salir adelante; este es un trabajo de todos, porque el conflicto armado está en toda Colombia”.

Los pobladores de Micoahumado han elaborado un documento que contiene las estrategias y propuestas, según­ ejes temáticos; éste incluye aspectos políticos,­ de tejido social, derechos humanos­ y DIH, desarrollo social, cultural, tenencia de las tierras y sector productivo, aspectos sobre los cuales se siguen ejecutando acciones: “esta tarea no terminó con el desminado, el trabajo continúa, debemos pasar de esta crisis y construir la paz que nosotros queremos”, dice Pablo. Son expresiones que repiten con insistencia mientras piensan en la próxima tarea: “hay que continuar, todavía hay muchas minas en la región, siguen cayendo muchos campesinos”, apunta con preocupación y un dejo de desesperanza. Así el regreso sea duro, sabemos que no es tanto como las dificultades de los pobladores de esta región.

*Comunicadora social y periodista

 

 

 


 
 
 

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