Pista y Campo
Un sorbo de gloria  
   
     

 

 

 

La selección Colombia sub 20 de fútbol volvió a lograr un título suramericano en la categoría juvenil, luego de 18 años de no hacerlo, y se clasificó al mundial de Holanda. El trabajo planificado en las divisiones inferiores, los cambios a que fue sometido luego de una serie de fracasos y la desaparición de los recursos del narcotráfico de las arcas de los equipos profesionales, se han traducido en importantes resultados deportivos para las nuevas generaciones. No obstante con el triunfo no deben perder las proporciones los medios de comunicación, los jugadores y la hinchada

Por Pablo César Guevara
pablocesarguevara@hotmail.com

 

Tuvieron que pasar casi 20 años para que un seleccionado colombiano, integrado por jugadores menores de 20 años, volviera a lograr un título de la categoría. En aquella primera oportunidad, en 1987, un conjunto dirigido por Finot Castaño, y en el que se destacaron jugadores como John Jairo Trellez, Andrés Estrada, Eduardo Niño, Oscar Pareja, Miguel "El Niche" Guerrero y Wilmer Cabrera, logró el primer triunfo de estas características para Colombia en el eje cafetero, donde se repetiría después la hazaña. Dieciocho años después un conjunto conducido por el experimentado Eduardo Lara logró de nuevo imponerse en el torneo, que se disputó, como ocurrió en el primer campeonato, en Manizales, Armenia y Pereira; con el valor agregado de haber terminado invicto, con el mayor número de goles a favor de todos las selecciones participantes, con 20, y la valla menos vencida con tan sólo seis en contra; además de tener al mejor jugador y máximo goleador (once goles) en la historia del torneo, a Hugo Rodallega, cifra con la cual se convirtió en el mayor anotador de todos los tiempos en esta clase de competiciones. De paso el seleccionado consiguió el cupo para el mundial de Holanda de la categoría que se celebrará a mediados de este año.

En el conjunto nacional se destacaron jóvenes valores que, pese a su corta edad, ya han tenido la oportunidad de hacer parte de equipos profesionales e incluso de la selección colombiana de mayores, como el caso del bogotano y capitán del combinado, Abel Aguilar, quien a sus 19 años ya tiene en su haber la participación en la Copa América de Perú en el año 2004. Asimismo el propio Rodallega, quien marcó once goles en el torneo finalización del año pasado, vistiendo la camiseta del Club Deportes Quindío de Armenia; el arquero Libis Arenas y el volante Freddy Guarín del Envigado; Dayro Moreno y Mauricio Casierra del Once Caldas de Manizales, Campeón de América; Cristian Marrugo del Atlético Nacional; Harrison Otálvaro del América de Cali; Oscar Briceño del Deportes Tolima; Juan Carlos Toja de Independiente Santafé y Wason Rentería del Chico Fútbol Club, por nombrar algunos. Por su parte Radamel Falcao García pertenece a las divisiones inferiores del River Plate de Argentina.

Colombia terminó primera por encima de Brasil, Argentina y Chile, que también lograron su tiquete para el mundial. De once partidos disputados por el conjunto nacional, para lograr la hazaña, se impuso en nueve y empató en dos oportunidades. El camino del triunfo se inició con una goleada de cinco tantos por cero frente al eleccionado de Bolivia, siguió con la victoria de uno por cero frente a Perú, luego vino un triunfo de dos goles por cero sobre Venezuela y un empate uno por uno con el combinado argentino, con lo que se cerró la primera fase. En el hexagonal final el combinado patrio superó por cuatro tantos a tres a Chile -después de ir perdiendo dos por cero en los primeros minutos del compromiso- venció tres goles por uno a Uruguay, repitió victoria frente a Brasil por uno a cero, igualó de nuevo uno a uno con Argentina, y logró la obtención del campeonato superando, otra vez, dos anotaciones por cero a Venezuela. La celebración que se desató el pasado domingo 6 de febrero, cuando Colombia levantó en Manizales el trofeo como equipo campeón, se constituyó en el punto seguido de un proceso que terminará con el mundial, en el que se tuvieron que hacer cambios en la concepción del trabajo en divisiones menores y en la toma de decisiones que en un momento determinado fueron incómodas para los técnicos y dirigentes del balompié local. Con el rótulo de campeón el conjunto patrio irá a Holanda, incluso como favorito, luego de las satisfactorias actuaciones de los seleccionados que lo precedieron. Sin embargo, en este momento es importante retomar las experiencias del pasado y mantener los pies sobre la tierra, para que las fundadas esperanzas no se conviertan en terribles decepciones, como ya ha sucedido.

Los cambios no fueron fáciles

El potente disparo de media distancia de Cristian Marrugo y el tiro libre de Hugo Rodallega, que terminaron en los dos goles con los que Colombia derrotó a Venezuela, en el último partido del suramericano, fueron el punto más alto de un proceso de cambio que inició el fútbol colombiano en sus categorías menores en los últimos años, tras una década de reveses deportivos. Luego de tener destacadas actuaciones en los años ochenta y a principios de los noventa, los combinados sub 20 habían desaparecido del escenario internacional y las eliminaciones se habían vuelto la constante en los torneos surame­ricanos. La primera vez que Colombia llegó a un mundial fue en 1985, luego de que un combinado dirigido por Luis Alfonso Marroquín terminó tercero en el suramericano de Paraguay, donde obtuvo cupo para la copa mundo de la ex Unión Soviética, con la aparición de destacadas revelaciones como René Higuita, John Jairo Tréllez, John Edison Castaño, Jairo Ampudia, Felipe Pérez -quien años más tarde fue asesinado-, José Romeiro Hurtado, el mismo Wílmer Cabrera, y Orlando Maturana.

 Dos años más tarde el seleccionado obtuvo el título en el Eje Cafetero y consiguió ir al mundial de Chile. En 1988 fue subcam­peón en el suramericano de Argentina, por lo cual logró asistir al mundial de Arabia Saudita en 1989, con Oscar Córdoba como arquero y con figuras como José Fernando Santa, Jorge Bermúdez, Gustavo Restrepo, Diego Osorio, Iván René Valenciano y Carlos Castro. La última clasificación de ese ciclo se obtuvo en 1992, al mundial de Australia, con la dirección técnica de Carlos "El Piscis" Restrepo, al ubicarse tercero en el certamen jugado en Medellín. En aquella oportunidad se destacaron Arley Dinas, Jersson González, Wílmer Ortegón, Arley Betancourth, Frankie Oviedo, Leonardo Fabio Moreno y Henry Zambrano.

 Luego de eso pasaron 10 años en que los combinados de la categoría no lograron figurar en los torneos subcontinentales. No fue sino hasta el año 2003, en Uruguay, cuando un conjunto dirigido por Reinaldo Rueda, quien había estado al frente de la selección que participó en el Mundial de Australia en 1993, logró de nuevo regresar a la copa mundo, tras terminar tercero.

 Ese largo "bache" temporal, en el que se cometieron errores y desaciertos en la designación de técnicos, en la escogencia de jugadores y en el trabajo en la cantera, llevó a que hubiera una reformulación en las labores de divisiones inferiores, además que desaparecieron otros factores que tuvieron injerencia negativa, no sólo en el fútbol, sino en otros sectores de la vida nacional. En la época del apogeo del narcotráfico en Colombia algunos equipos profesionales, que tenían como grandes "inversionistas" a los barones de la droga, optaban por contratar a grandes figuras, no sólo del medio local sino también del extranjero, para que reforzaran sus plantillas, con lo que se dejaba poca o ninguna opción a los valores jóvenes para que llegaran a las primeras nóminas de los clubes. Una alternativa, entonces, era enviarlos a conjuntos con reconocidas dificultades económicas y administrativas, o subsidiarios de las grandes escuadras, para que buscaran una oportunidad o de lo contrario tenían la opción de quedarse como eternos suplentes en sus equipos hasta que desaparecían en el olvido. Fue el caso del América de Cali que tenía una nómina de primera para enfrentar la Copa Liberta­dores, de la cual fue tres veces subcampeón en los años ochenta, un conjunto alterno para el campeonato local, llamado el "equipo B", y una alineación que se conoció como "Los Pitufos", que era integrada por jugadores jóvenes, la cual sólo tenía opción en casos de emergencia. Algo similar ocurrió en Bogotá con Millonarios.

Sin embargo, algunos conjuntos en aquellos tiempos, que también llegaron a ser propiedad de personas que luego aparecieron vinculadas con actividades ilegales, se encargaban de formar jugadores para luego surtir a otros equipos con mayor "poder económico". Así sucedió con Unión Magdalena­ o Independiente Santafé, donde despuntaron figuras como Freddy Rincón o Eduardo Niño, quienes luego pasaron a ser parte del América.

Ese tipo de financiación oscura de algunos equipos profesionales y en una macabra carrera mafiosa por conseguir títulos, que suscitó rumores de compra de árbitros o de arreglo de partidos a través de dádivas o amenazas, llevó a que sus dirigentes no se preocuparan por las divisiones inferiores, ya que con el dinero que había en caja y ante las demandas constantes de triunfos por parte de la hinchada, sin importar los medios para conseguirlos, no había tiempo para procesos o para esperar la evolución o renovación de jugadores (Pablo Escobar, quien construyó complejos deportivos y apoyó equipos de fútbol, utilizaba la frase "plata o plomo" para las actividades en las que tenía intereses). Sin embargo, pese a esa situación hubo jóvenes promesas que lograron sobresalir y luego se convirtieron en baluartes de la selección de mayores.

Cuando desapareció la financiación directa o indirecta del narcotráfico, con lo cual dejaron de llegar al rentado local grandes figuras del concierto suramericano, los equipos se vieron en la obligación de acudir a las divisiones menores e incluso algunos conjun­tos, como el Envigado, se dedi­caron a la formación, promoción y venta de jugadores. Algo muy similar ocurrió con el América, que luego de ser el equipo que tal vez invertía más en la contratación de futbolistas de alto valor, pasó a tener nóminas conformadas, en su mayoría, por integrantes de la cantera. Ahora no es sorpresa que un conjunto como el Junior de Barran-quilla haya obtenido el título del torneo finalización del año pasado y un cupo para la repesca de la Copa Libertadores de 2005 con jóvenes formados en sus divisiones inferiores, o que futbolistas colombianos vayan constantemente al torneo argentino, que en el pasado surtía a los equipos nacionales.

No obstante, también se debe exaltar el trabajo de reconocidas escuelas de fútbol, que llevan muchos años en el desarrollo de nuevas figuras en el balompié nacional. Es el caso de Boca Juniors de Cali y la Escuela Carlos Sarmiento Lora, también del Valle del Cauca, de donde han salido nombres como Oscar Córdoba, Miguel Calero, Faustino Asprilla, Harold Lozano, Giovanni Hernández o el mismo Hugo Rodallega, por sólo mencionar algunos; o Maracaneiros en Bogotá, con jugadores como Andrés Pérez o Fabián Vargas, hoy en el fútbol de Argentina.

En la conformación de los equipos nacionales de las categorías menores, también ha habido cambios en las características necesarias que deben tener los aspirantes para ser parte de los representativos. En el pasado los conjuntos colombianos estaban conformados por futbolistas que en su mayoría eran de baja o mediana estatura. Eduardo Lara, técnico campeón del reciente surame-ricano sub 20, y quien también dirigió con éxito el equipo sub 17 en el mundial de Finlandia (2003), ha preferido en sus nóminas jugadores de envergadura, con los cuales se ha contrarrestado y superado de mejor manera el juego de los rivales. En este caso se podría decir que existe algún tipo de discriminación, pero nadie discute que en deportes como el baloncesto los jugadores sean de gran talla en posiciones estratégicas, y que los deportistas de baja estatura tengan lugar como armadores, al igual que en el fútbol, en el que también se destacan como laterales o carrileros. Para agregar mejores posibilidades a su trabajo, Lara se ha desplazado por todas las regiones del país e incluso ha sido visto en polvorientas canchas olvidadas observando partidos de barriada en búsqueda de nuevos talentos para los seleccionados. Este método se empleó en el pasado en Colombia y tuvo como grato resultado la llegada al balompié profesional de recordados futbolistas como Willington Ortiz.

Otro factor que ha influido en la paulatina recuperación en todas las categorías del fútbol colombiano, fue el cambio en la forma de juego, no sólo de los representativos nacionales sino también de los equipos del torneo local. Se pasó de un fútbol vistoso, que dio innegablemente resultados pero que con el paso del tiempo se volvió pesado y poco efectivo, a un balompié más vertical, que no abusa del transporte del balón y que entiende que cuando el rival toma la iniciativa también hay una oportunidad de atacar y marcar goles por medio del contragolpe, como sucedió con el Once Caldas de Manizales que logró la Copa Libertadores de América del año 2004, favoreciendo más la defensa­ continua que el ataque indiscriminado.

Una medida adicional que hace tres años causó inconformidad e inclusocluso molestia en los dirigentes y técnicos del rentado local, fue la determinación que adoptó la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, que reúne a los equipos profesionales, de alinear desde el inicio de los partidos a un jugador menor de 20 años. Aunque algunos entrenadores no dejaban pasar cinco minutos y ya estaban sacando del campo de juego al futbolista juvenil para darle paso a uno más experimentado, otros vieron la posibilidad de promover nuevos valores, lo que se ha visto reflejado en su transferencia al exterior como en el caso de Víctor Hugo Montaño (Istres de Francia), quien jugó en Millonarios, o en el buen desempeño de estos jóvenes en los representativos nacionales.

Los resultados para los juveniles no han podido ser mejores. La selección sub 17, dirigida también por Lara hace dos años, logró en Bolivia cupo para el mundial de Finlandia donde ocupó el cuarto lugar, mientras que la sub 20 dirigida por Reinaldo Rueda, actual seleccionador de mayores, obtuvo tiquete en Uruguay para el mundial de Emiratos Árabes Unidos en 2003, donde fue tercera. Los triunfos deportivos en esta categoría están llevando incluso a plantear la posibilidad de que Colombia sea sede del mundial del año 2013, ya que en el 2009 se efectuará en Canadá. (Por disposición de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, Fifa, las copas del mundo ya no serán cada dos años, sino cada cuatro, en esta categoría).

¿Se consolidará Rodallega?

Las once anotaciones que marcó durante el torneo del eje cafetero de este año confirmaron a Hugo Roda-llega Martínez como el go­leador del suramericano y como el máximo anotador en la historia de los campeonatos de la categoría, aunque sus actuaciones tienen preocupantes semejanzas con otros "recordados" casos de las selecciones nacionales. Su convocatoria para conformar el combinado patrio estuvo en duda casi hasta último momento, ya que fue marginado del grupo días antes, pues según el técnico Eduardo Lara faltaba compromiso por parte del delantero en los entrenamientos. El jugador que había mostrado sus condiciones como artillero con el Deportes Quindío se quedaba afuera de la nómina que enfrentaría el suramericano

"El alma le volvió al cuerpo" a Rodallega cuando Dayro Moreno fue sacado de la lista de llamados, por demorarse dos días en llegar a los entrenamientos luego de la Navidad, y su puesto lo ocupó de nuevo quien, paradójicamente, se convertiría en el máximo artillero del campeonato. La suerte también favoreció a Moreno, quien fue convocado de nuevo después de un inconveniente que sufrió Daniel Machacón en el tobillo izquierdo en uno de los entrenamientos previos al suramericano.

Rodallega no inició como titular el torneo ante el combinado de Bolivia, por el grupo A de la competición, y solo ingresó en el segundo tiempo de ese compromiso, en reemplazo de Radamel Falcao García. Sólo pasaron unos pocos minutos para que anotara cuatro goles, dos de los cuales fueron logrados de penal y de lanzamiento libre, lo que evidenció sus cualidades como atacante. Para el siguiente compromiso y ya como titular marcó un gol de gran factura, de "chilena", que le dio el triunfo al equipo frente a Perú. En el siguiente partido contra Venezuela anotó de tiro penalti, y paso en blanco en el 1-1 con Argentina. En el hexagonal final frente a Chile, anotó de penal y de tiro libre dos goles. Una lesión iniciando ese compromiso le impidió jugar frente a Uruguay, pero volvió con el único tanto con el que el equipo nacional derrotó a Brasil. Marcó de nuevo contra Argentina de tiro penal, en el segundo encuentro entre ambas selecciones, y finalizó con otro gol de tiro libre en el segundo partido contra Venezuela.

El goleador, nacido el 25 de julio de 1985, en el municipio de El Carmelo, en el Departamento del Valle del Cauca, marcó de pierna derecha, izquierda, de penal (no erró ninguno de los que cobró), e incluso cuando tuvo que repetir el disparo contra Argentina, volvió acertar, con lo que dejó en evidencia sus atributos goleadores; aunque no convirtió de cabeza. El delantero es el jugador que más tantos ha marcado en la historia de los torneos premundialistas de la categoría, luego de superar al argentino Luciano Galetti, quien en 1999, en su país, consiguió nueve anotaciones. Preguntando sobre las características goleadoras del atacante colombiano, el técnico de la selección Argentina sub 20, Hugo Tocalli, afirmó: "es muy bueno, pero hay que llevarlo despacio", y dados los antecedentes de otros grandes jugadores colombianos, que comenzaron en medio de grandes expectativas y luego languidecieron, es sabio seguir el consejo.

Los medios deben ser responsables

Parece una contradicción que cuando se le preguntaba a Hugo Rodallega por los buenos resultados del torneo suramericano que terminó en el Eje Cafetero dijera que se debía "al trabajo y a la humildad", y a continuación manifestara, sin ningún rubor, que era el mejor jugador del torneo, por encima del argentino Lionel Messi; aunque la única diferencia es que él juega en el Quindío de Armenia y el gaucho en el Barcelona de España. Para los jugadores de fútbol la palabra humildad es el equivalente en los políticos a transparencia u honorabilidad , que de tanto pronunciarlas pierden sentido.

Para nadie es un secreto que Rodallega, quien incluso ya ha sido pedido para la selección de mayores, fue el mejor futbolista del campeonato; pero ese reconocimiento en primera persona transmite un dejo de soberbia y se parece a tristes casos que se han vivido en el deporte nacional en el pasado.

Cuando un jugador de fútbol se destaca los medios de comunicación se desmadejan en elogios y los convierten en fuente de información sobre "lo divino y lo humano", sin guardar las proporciones con deportistas, que en muchos casos ni siquiera han logrado terminar el bachillerato, con la consecuente confusión y distorsión para sus audiencias. Esto es evidente cuando a los jugadores se les pregunta sobre temas tan comunes como la admiración que pueden despertar en las mujeres por su desempeño en el campo de juego: "Vamos a seguir 'estableciendo' [sic] una buena amistad", contestó Rodallega cuando le consultaron sobre el asunto.

Hay que partir de la base de que estos jóvenes no tienen los fundamentos necesarios para recibir cargas excesivas de elogios y atenciones, porque pueden interpretar que son tan importantes que cualquiera de sus comportamientos es válido y no debe ser fruto de recriminación, debido a sus buenas actuaciones en el campo de juego.

Sin embargo, este tipo de situaciones no es nuevo en Colombia y pareciera que la experiencia se echa en "saco roto", a pesar de los antecedentes, como en la década del setenta Antonio Cervantes, el popular boxeador "Kid Pambelé", campeón mundial indestronable por más de tres años de la categoría Welter Junior , era invitado a toda clase eventos nacionales donde su concepto sobre cualquier tema era "palabra de oro". Incluso en parte de su carrera, cuando se sabía de su consumo permanente de drogas, existió una especie de silencio cómplice con la situación, en virtud de los resultados deportivos que había obtenido. Para él, no obstante, las consecuencias, como es conocido, no podían ser más nefastas. Luego, es paradójico que los mismos medios de comunicación se sorprendan cuando los deportistas tienen comportamientos desbordados o salidos de tono.

Un "gran protagonista" de este tipo de escándalos ha sido el "nunca bien comprendido" Faustino "El Tino" Asprilla. En momentos en que su carrera estaba en el pináculo un periodista le pidió que le concediera una entrevista cuando se encontraba en el Aeropuerto Internacional El Dorado. El jugador que en principio accedió, luego afirmó que no estaba dispuesto. Ante la recriminación del comunicador "el atacante" le dijo que él era "El Tino" Asprilla y que podía hacer lo que quisiera porque ganaba mucho dinero, mientras que el periodista no era nadie y solo ganaba para comer si él le daba entrevistas. También llegó a las primeras planas luego de sostener una discusión con un conductor de un bus urbano en Tulúa, con tan mala suerte que al patear uno de los espejos del vehículo de servicio público sufrió una lesión en una de sus piernas. Más adelante ha aparecido haciendo disparos en sitios públicos, no sólo en Colombia sino en el exterior, como cuando jugaba en la Universidad de Chile, donde asustó a sus compañeros de plantilla al activar una pistola en un entrenamiento. Como si fuera poco, de la mala actuación de la selección nacional de mayores­ en el mundial de Estados­ Unidos 94 se res­ponsabilizó a Asprilla, donde habría protagonizado incidentes disciplinarios junto a otros jugadores, como los que cuatro años más tarde llevaron a expulsarlo, en plena competición, de Francia 98.

En esta reseña de "recordados" casos de deportistas que han trans-gredido, incluso la ley, no podemos olvidar que René Higuita estuvo en la cárcel por mediar en un secuestro; o que él mismo, en compañía de Leonel Álvarez, otro histórico de la selección nacional, visitó en la cárcel "La Catedral" de Envigado a Pablo Escobar Gaviria, quien ha sido considerado como uno de los peores delincuentes de la historia mundial.

Sin embargo, el sentido crítico de los medios no debe ir al otro extremo, donde habitualmente se ubica cuando los resultados deportivos no se dan o cuando un deportista o un entrenador no cumplen con las expectativas proyectadas en un principio. Mientras en Argentina se celebra el regreso al banquillo de un equipo de César Luis Menotti, campeón mundial con su país en 1978, aunque con reveses posteriores, o de Alfio Basile, quien conducía a su selección cuando Colombia le propinó el recordado 5-0 en 1994, en nuestro país cada vez que existe la posibilidad de que Francisco Maturana vuelva a dirigir, se pronostican fracasos y malas campañas para el club que lo contrate. Se olvida que, hasta el triunfo del Once Caldas, había sido el único técnico campeón por Colombia de la Copa Libertadores con Atlético Nacional, el único que ha logrado hasta el momento una Copa América, dirigir cuatro selecciones nacionales, Ecuador, Perú, Colombia y Costa Rica y dos clasificaciones seguidas a campeonatos mundiales de fútbol de mayores, además de ser el único, para acabar de completar, de haber dirigido equipos en España y Argentina.

Algunos comentaristas, incluso, no solo utilizan un lenguaje que pasa las fronteras de lo crítico, para convertirse en agresivo y desca-lificador, sino que emplean mal el idioma, al punto de traer errores de sintaxis y de mal uso del español de otras latitudes, creyendo que se trata de términos exactos para describir situaciones concretas, sin ni siquiera consultar el diccionario. No es raro oír hablar en nuestras trasmisiones de "la chance" de anotar, como lo hacen los comentaristas argentinos, que usan la palabra como se emplea en francés, lengua en la que el género del término es femenino. Solo falta que digan la "revisa­ción", como dicen los muy

 

 

 


 
 
 

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