ENTRE LÍNEAS
El IVA hecho polvo o el polvo hecho IVA
   
     

 

 

 

Recientemente platicaba con un experto del gremio de la opinión pública que mientras me ilustraba con sus sabias palabras a la vez me llevaba en su taxi hacia un supermercado. El conductor, consumado analista político, logró en poco tiempo abarcar integralmente el panorama nacional en la coyuntura actual del gobierno, del cual opinó: “Uribe es un verraco pa’ ganárselas todas por televisión y tirarse al país en la vida real”

Por: Gabriel Bustamante Peña*
capribustamante@hotmail.com

Sin pena de mostrarle mi ignorancia le pedí una explicación, y mientras se pasaba un semáforo en rojo y le arreaba la madre a una señora que no le daba la vía, me dijo profunda y pausadamente: “mire mano, si usted ve los noticieros o un consejo comunitario, en el país hay camello pa’todo el mundo, se le está ganado la guerra a los guerrillos, los políticos ya no roban, los paracos ahora son arrepentidas almas de Dios, pero fuera de la tele: cada día echan más gente de los puestos, la guerrilla está cagada de la risa, los corruptos están felices negociando la reelección y los paracos siguen matando y tapándose en plata mientras negocian la capada de cárcel”. Traté de contradecirle argumentándole que hoy el país es más seguro y la gente siente que el Estado ha recuperado terreno, tanto que, por ejemplo, ya se podía conducir por carretera y retornar en familia a la finca, ante lo que me dijo en tono irónico: “Sí, pero ni yo tengo finca ni, por lo que veo, usted tiene carro, mejor dicho el pueblo paga impuestos pa’que los ricos estén tranquilos”. Sentí que la contundencia de sus palabras me arrollaba, ante lo cual hábilmente cambié de tema al plano económico, diciéndole: “Pero el Congreso demostró su autonomía y compromiso social y hundió la reforma tributaria”, a lo que en una demostración de erudición interdisciplinaria me contraargumentó: “Ni pu’el diablo, lo que pasa es que los congresistas no van a matar la marrana de un solo golpe, mire mano, esa es una estrategia de juego político, hoy le sacan mordidas aprobándole la reelección y el próximo año lo amarran con la aprobación de los impuestos. ¿Si pilla como funciona la cosa?”. Con aire sobrador recostó su codo sobre el borde de la ventanilla mientras continuó diciendo: “la plata de la reforma tributaria la saca echándole tijera a los hospitales y a las escuelas y persiguiendo a los tenderos y los pequeños comerciantes echándoles a los perros de la Dian”; luego lanzó la acusación que más me impresionó, cuando después de estacionar su carro, me dijo en tono indignado: “Además Uribe se va a dedicar a crear nuevos impuestos, no ve que ahora quiere cobrarle Iva hasta a las putas”. Sentí alivió de llegar a mi destino, ya que la tertulia, a juzgar por su última aseveración, se había convertido en una animadversión soez del sujeto ante la escalada de impuestos de este Gobierno; pero el amigo taxista, de nombre Jhon Alexis, iba más allá de una simple expresión de rechazo político popular, su frase, como pude comprobar posteriormente, era textual.


Foto Cortesía El Tiempo


La aseveración de Jhon Alexis era una magistral concreción del proyecto de ley 028 de 2004 que cursa en el honorable Congreso de la República y por el cual se grava con el impuesto al valor agregado, Iva, el penoso oficio de la prostitución. Mejor dicho Iva para el pan, la leche, los cuadernos, y hasta el sexo por plata tendrá que ser facturado como cualquier par de chancletas o una hamburguesa doble carne.


Esta reforma macondiana al sistema tributario del país será un motivo más de dolor para las memorias de las putas tristes de Gabo, y es que ¿quién no se pone triste cuando encima de sufrir un penoso oficio por necesidad estomacal debe facturar las contracciones de su cuerpo en un denigrante recibo de caja? ¿Quién no se deprime cuando además de tener que pagar cada día más cara la canasta familiar con un sueldo cada vez más devaluado, debe considerar sus caricias, sus gemidos y sus poses impuestas por dinero como un valor agregado al producto interno bruto de un país excluyente y sin oportunidades que de una u otra manera le ha hecho caer donde está?


Sin entrar en más detalles de esta “puta” reforma, pensemos un poco en la otra cara del negocio, los clientes asiduos de las casas de lenocinio. La facturación de este servicio pondrá en apuros a más de un descarriado borrachito que en medio de una noche de faena olvidará en algún bolsillo de su chaqueta el comprometedor papelito. Su desprevenida esposa se encontrará con un recibo de $25.000 por concepto de polvo de dos horas más el correspondiente 16% al valor agregado o uno de 50.000 por un súper combo del putas todo incluido. Y ni hablar del que sea sorprendido con una factura de servicios sexuales firmada por Adriano o por un trío.


Ayer llovía tanto en la ciudad como impuestos caen, por estos días, sobre los presupuestos de los colombianos. Abordé nuevamente un taxi con cuyo conductor no demoré en entablar un enriquecedor diálogo. Al inferir a mi nuevo interlocutor, Maicol Quinayas, sobre el tributo a la prostitución, este me disertó con gran elocuencia sobre el problema del déficit fiscal (Colombia esta en la olla, mano), sobre el creciente gasto militar que demanda cada día más recursos (esa echadera de bala se está comiendo toda la plata del país) y sobre nuestra asfixiante deuda que ya llega al 52,7% del Pib (le debemos tanta plata a los gringos que estamos más empeñados que grabadora de marihuanero). Maicol estacionó su carro al frente de mi casa no sin antes regalarme la conclusión con la que terminó su carrera y termina esta columna: “Eso del impuesto a la prostitución me parece hasta lógico vacan, al fin y al cabo, es mejor que el problema económico del país lo arreglen las putas, ya que en todos estos gobiernos que han pasado sus hijos no pudieron”.

* Asesor académico de Indepaz

 

 


 
 
 

LA ESQUINA REGIONAL
www.laesquinaregional.com - soporte@laesquinaregional.com
Telefax: (057) 400 7411
Bogotá, Colombia

Los textos e imágenes que aparecen publicados en este sitio
se encuentran registrados en la Oficina de derechos de autor,
por lo tanto su utilización está sujeta a la autorización de los editores.