REGIÓN
América Latina a la izquierda
Estados Unidos a la derecha
   
     

 

 

 

Los debates electorales de los últimos tiempos en el hemisferio americano muestran un comportamiento paradójico de los electores: mientras en América Latina hay un claro viraje hacia gobiernos de centro-izquierda, en USA triunfaron las opciones de derecha.
¿Qué explica estos comportamientos tan disímiles y sin duda en contravía?

Por Alejo Vargas Velásquez*
crvargas@andinet.com

 

Seguramente para la mayoría de los latinoamericanos no fue una buena noticia la reelección del Presidente Bush en USA, pero una cosa son los deseos y otra distinta las realidades. Los electores son los ciudadanos norteamericanos y ellos de manera mayoritaria decidieron darle un segundo mandato, más claro que el primero y con mayor apoyo. Todo indica que los electores norteamericanos tuvieron como referencia para escoger entre Bush y Kerry quién les garantizaba una mejor seguridad frente a la amenaza terrorista, en primer lugar, es decir el miedo a una eventual repetición del 11 de septiembre y su estela de horror, y la primacía en un importante sector del electorado norteamericano de valores conservadores como el rechazo al aborto, el rechazo al reconocimiento de uniones entre personas de un mismo sexo y otros valores similares, en segundo lugar. Es decir, el miedo y el fundamentalismo de corte religioso marcaron el comportamiento de un importante sector de los votantes.

Probablemente los norteamericanos más modernos y urbanos de las grandes urbes votaron mayoritariamente la opción ilustrada de Kerry, pero no lograron que fuera ganadora. Esto nos muestra que una elección como la norteamericana, a pesar del altísimo componente de orden mediático, termina moviendo capas de electores por diversos motivos: unos por razones de tipo religioso, otros por valores conservadores, o por el miedo a ser víctimas de hechos terroristas y finalmente quienes seguramente pensaron que no era lo adecuado cambiar al 'comandante en jefe' en la mitad de la batalla. Pero no propiamente el hecho de que un candidato apareciera a los ojos de la comunidad internacional como poco ilustrado y a veces incluso como no preparado para el cargo de Presidente de la nación más poderosa del mundo, fue un factor que inclinara a los votantes norteamericanos; con seguridad influyó el que Bush 'conectaba' mucho más al norteamericano medio, le comunicaba de una manera sencilla y con un esquema simple.

Por el contrario los electores latinoamericanos parecen haber sido influidos en sus decisiones electorales por razones bien distintas. Las mayorías en las diferentes sociedades rechazan, o por lo menos critican, las políticas económico-sociales del llamado 'Consenso de Washington', conocidas como neoliberales, desconfían de los políticos y partidos tradicionales que han venido fracasando en sus políticas subordinadas totalmente a los dictados internacionales y altamente salpicadas de clientelismo y corrupción y buscan alternativas políticas, aunque no haya una claridad acerca de opciones predeterminadas. Por ello los gobernantes elegidos, si bien tienen diferencias y matices, coinciden en la necesidad de buscar alternativas al modelo de desarrollo basado en el neoliberalismo duro y puro, en varios casos si se quiere un capitalismo con 'rostro social', en buscar nuevas formas de solidaridad internacional y en promover formas de integración subregional por ejemplo alrededor de Mercosur, como paso previo a negociar la integración con USA en el Alca.

Pero adicionalmente, hay la emergencia de formas de protesta social diversas en las distintas sociedades latinoamericanas: en Bolivia se realizó un referendo sobre el manejo del gas (principal recurso energético del país), que a pesar de lo confuso de sus interpretaciones posteriores, fue el resultado de la lucha social de indígenas, campesinos cocaleros, obreros y pobladores de estratos medios y populares, que en una gran movilización nacional, la 'guerra del gas' terminó con la salida de Gonzalo Sánchez de Lozada de la Presidencia y su reemplazo por el Vicepresidente Carlos Meza ; además de las luchas sociales bolivianas, hemos presenciado en los últimos tiempos insurgencias sociales de los indígenas y sectores populares ecuatorianos que han presionado la salida del gobierno de dos Presidentes, de los 'piqueteros' y clases medias argentinas que obligaron al retiro de Fernando de la Rúa, con menor intensidad luchas populares en el Perú contra el Presidente Toledo que lo colocan como uno de los más impopulares de América Latina y contra la privatización de manejo de recursos como el agua.

 

¿Buscando caminos autónomos?

Hubo en días pasados elecciones en varios países latinoamericanos (Uruguay, Brasil, Chile, Venezuela, Nicaragua). Los resultados muestran cambios en el panorama político, pero además efectos diversos al interior de cada país. Un primer balance general muestra que continúa consolidándose una tendencia, que viene desde hace cerca de dos años: el predominio de las fuerzas políticas y los gobiernos de centro-izquierda; esto sumado a situaciones como la boliviana, en la cual todo indica que en las próximas elecciones las fuerzas socialistas de Evo Morales se impondrán. Si a esto le sumamos el reciente triunfo de Martín Torrijos en Panamá, tenemos en la región un grupo de gobernantes que representan la búsqueda de nuevas formas de gobierno desde una opción de centro-izquierda moderna.

En Chile y Brasil, las elecciones regionales y locales, una mitaca que se asemeja a primarias de las presidenciales próximas, las fuerzas de centro izquierda salieron bien libradas. En Brasil, la segunda vuelta deja un sabor agridulce para el Presidente Lula y su partido PT. El PT se consolida como la primera fuerza política nacional con 16'3 millones de votantes, aumentando sus alcaldes de 187 a 400, incluido el control de 9 de las 26 capitales departamentales e igualmente creció el número de sus concejales; en segundo lugar se consolida el PSDB del Expresidente Cardozo con 15'7 millones de votantes, aunque el número de sus alcaldes disminuyó de 990 a 859, entre ellas las de 5 capitales departamentales. Pero el Presidente Lula sufrió dos derrotas cargadas de simbolismo, perdió dos capitales emblemáticas en la segunda vuelta, Sao Paulo, su ciudad natal y cuna del PT que estaba gobernada por su partido, a manos de su rival en la contienda presidencial, José Serra del PSDB y Porto Alegre, gobernada hace dieciséis años por el PT y famosa porque allí se generó el Foro Social Mundial y el presupuesto participativo, a manos de un candidato del Partido Popular Socialista, situado más a la izquierda del PT.

En Chile, venció la coalición gobernante de centro-izquierda Concertación por la Democracia con el 44,57% en las elecciones para alcaldes y un 47,87% en la de concejales, frente al 38,67% y 38,26% de la Alianza por Chile, la principal fuerza del centro-derecha, sin embargo ésta mantuvo la alcaldía de Santiago la capital. Pero igualmente debe resaltarse la consolidación de los independientes y la coalición de partidos de izquierda 'Podemos' alrededor del partido comunista, que entre los dos obtuvieron el 16% y el 12% respectivamente para alcaldes y concejales, abriendo una fisura a esa especie de bipartidismo que ha primado desde el inicio de la transición a la democracia.

En Venezuela, los comicios regionales y locales consolidaron las fuerzas políticas que apoyan al Presidente Chávez, al obtener 18 de las 22 gobernaciones y 270 de las 334 alcaldías y sobretodo la de Caracas, que estaba en manos de la oposición. Estas elecciones, con un alto nivel de abstención, reflejaron nuevamente la crisis de la oposición que una vez fue derrotada en el referendo revocatorio no ha podido levantar cabeza y por el contrario se fragmenta cada vez más.

En Uruguay, la coalición de centro-izquierda que comenzara a gobernar en marzo próximo, no sólo ganó la Presidencia, sino la mayoría en las Cámaras legislativas, con lo cual cuenta con un claro mandato para adelantar su programa de gobierno. El médico Tabaré Vásquez fue elegido Presidente de la República Oriental del Uruguay, encabezando la coalición de Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría. De esta manera se puso fin al bipartidismo conformado en el siglo XIX entre el Partido Nacional o Blanco, de origen católico y conservador y el Partido Colorado, del tipo liberal-radical y con influencia más urbana -ha sido la fuerza política que más ha ejercido el gobierno-. Bipartidismo que realmente ha mimetizado un multipartidismo mediante la denominada 'ley de lemas' que ha permitido en cada partido la coexistencia de diferentes tendencias políticas, manteniendo su unidad y la utilidad del voto para el conjunto del partido.

Uruguay fue conocida como la Suiza de América Latina, no sólo porque después del período post-batllista, en el cual el caudillo José Batlle y Ordóñez implantó un ejecutivo plural, al estilo suizo, sino además porque se logró instaurar una legislación social progresiva, que algunos han asemejado a los desarrollos populistas de otros países latinoamericanos. Pero en los años 60, cuando comienza a manifestarse la crisis económica, surge la guerrilla urbana, Tupamaros, liderada por Raúl Sendic, histórico líder de los trabajadores cañeros y que tuvo un gran impacto en América Latina, hasta 1972 cuando fueron militarmente derrotados.

A comienzos de los años 70 fue creado el Frente Amplio, como una coalición de partidos y movimientos de izquierda, siendo uno de sus dirigentes emblemáticos el General Liber Seregni, quien además fue su primer candidato presidencial. Pero Uruguay también sufrió la oleada de dictaduras militares de la seguridad nacional y en 1973 se produce un sui generis golpe militar, que mantuvo en el poder al Presidente José María Bordaberry, como una especie de gobernante simbólico, rehén de los militares; posteriormente quedaron los militares al control de todo el gobierno. En 1980 luego del plebiscito acerca de la ley de punto final y el 'pacto del club naval' entre las fuerzas políticas y los militares se inicia la transición a la democracia en Uruguay.

En 1989, el Frente Amplio tiene el primer triunfo relevante cuando consigue la Alcaldía de Montevideo la capital uruguaya con Tabaré Vásquez y desde entonces la han mantenido los frentistas. Luego Tabaré inicia la disputa de la Presidencia y en todas sus campañas se mostró como un gran candidato con una excelente capacidad de comunicación política a través de los medios de comunicación. Es decir, se trata de un gran comunicador político capaz de conectar con la mayoría de la población uruguaya.

Posteriormente el Frente Amplio busca integrarse con sectores políticos centristas y se conforma la coalición con el Encuentro Progresista, formado por profesionales y sectores de clase media, con lo cual se amplía el ámbito del electorado potencial. Es interesante señalar que justamente Raúl Sendic, el jefe tupamaro, luego de salir de once años de prisión, invita a conformar el Frente Grande que ampliara el izquierdista Frente Amplio. Y la corriente más votada de esta organización política fue la liderada por el senador extupamaro José Mújica, el Movimiento de Participación Popular, que muestra como una guerrilla derrotada militarmente logra dos decenios después convertirse en parte de la opción política ganadora.

En Nicaragua se realizaron elecciones municipales y el Frente Sandinista de Liberación Nacional triunfó ampliamente, ganó 91 de las 152 alcaldías en disputa, triunfando en 15 de las 17 capitales provinciales incluyendo la capital Managua, frente al Partido Liberal Constitucionalista que logró ganar en 47 alcaldías y la Alianza por la República, el partido del actual Presidente quedó en último lugar. Estas elecciones muestran que a pesar de las equivocaciones cometidas por los sandinistas cuando fueron gobierno, siguen siendo considerados una opción política importante.

La política exterior norteamericana: ¿cómo afectara a Latinoamérica?

Es importante analizar cuáles serían las prioridades de la política exterior norteamericana, especialmente la cuestionada 'guerra contra el terrorismo', que por las características de la elección, con un alto componente de fundamentalismo religioso, puede convertirse en una verdadera cruzada. Es evidente que George W. Bush sale fortalecido del debate electoral y con un mandato más amplio de parte de un electorado que le dio preeminencia a la seguridad, la capacidad de responder a las amenazas y a los valores tradicionales.

No se vislumbra ningún cambio inesperado; todo indicaría que va a continuar el empecinamiento en concluir la faena en Irak a su estilo, no importa si ello conlleva mayores daños colaterales -eufemismo usado para no hablar de víctimas civiles inocentes- y mayor empantanamiento de sus propias fuerzas militares, pero allí probablemente primará la idea del cruzado de 'derrotar al enemigo' antes que una mirada sensata y con realismo político. Frank J. Gaffney presidente del Centro por Políticas de Seguridad, un 'tanque de pensamiento' neoconservador de gran influencia, considera que las elecciones fueron una aceptación de la invasión a Irak y que por consiguiente hay que continuar el combate contra el terrorismo, que lo denomina la " cuarta guerra mundia l" y la toma de la ciudad de Fallujah (que ya está en marcha) y otros refugios empleados por los "enemigos de la libertad" en Irak son indispensables para realizar las elecciones que llevarán la democracia a los iraquíes.

Pero las recomendaciones de Gaffney no se quedan allí, considera que debe propiciarse, de cualquier manera un cambio de régimen en Irán y en Corea del Norte, con lo cual anuncia objetivos sucesivos a las tropas expedicionarias norteamericanas. Pero, no siempre los deseos se hacen realidad; seguramente la prioridad para su desestabilización en aras de luchar contra el 'eje del mal' sea Irán, porque se presume que cuenta con armas nucleares y porque ha desarrollado cohetes que pueden afectar la seguridad de Israel y es claro que la política exterior norteamericana en el Oriente Medio y Asia Central prioriza la seguridad de su aliado estratégico. Seguramente Corea del Norte sea 'tolerada' a regañadientes, pues cualquier contencioso podría implicar una prueba de fuerza con China, el gigante económico, político y militar del Asia.

El otro eje de prioridad de la nueva agenda neoconservadora de Bush II se sitúa en América Latina. En primer lugar estará el caso cubano, quizá con una intensificación de medidas de agresión y desestabilización y muy hipotéticamente acciones militares para 'acelerar la transición a la democracia', como denominan las medidas para colapsar el régimen cubano. En un lugar similar de prioridad estará el caso venezolano del gobierno Chávez, no sólo por la retórica anti-USA de éste sino además por poseer inmensos recursos de petróleo.

Gaffney y su Centro de Pensamiento plantean siete puntos dentro de su agenda en los cuales incluye además " adoptar estrategias apropiadas para contener... el surgimiento de un número de regímenes agresivamente antiestadunidenses en América Latina ", lo cual coloca a los gobiernos de centro-izquierda de América del Sur, dentro de los potenciales objetivos de 'disciplinamiento' de la nueva administración norteamericana, para que recuperen el 'buen camino'.

Ahora bien, no necesariamente estas perspectivas se van a poder realizar: por ejemplo atacar a Irán, sería estimular a los chiítas de Irak a profundizar la desestabilización interna, en un país bastante fuera del control; igualmente abrir un nuevo frente de guerra ya sea en Irán o en América Latina, no es tan sencillo, ni para un imperio como el de USA; de otra parte, la casi mitad de los votantes que rechazaron la política de Bush pueden continuar expresando su descontento con protestas callejeras y manifestaciones y esto puede generarle un entorno de polarización interna que lo debilita y no avala aventuras guerreristas. Es decir, la región latinoamericana se moverá en los próximos años entre la búsqueda de caminos autónomos y el esfuerzo norteamericano por disciplinarla bajo sus lineamientos.

* Profesor Titular Universidad Nacional

 

 


 
 
 

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