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Ver indígenas en las ciudades capitales ya no es algo raro. Acostumbrados a vivir en armonía con la naturaleza, en parajes lejanos y con todos los recursos naturales a la mano, muchos de ellos han tenido que huir hacia la “civilización” desplazados por amenazas, fumigaciones y asesinatos. Pero siguen luchando por sus derechos. ese es el caso de algunos Kankuamos que estuvieron en Bogotá participando en varios eventos de la Semana por la Paz.
Por Federico Guillermo Muñoz C.*
fgmc@cable.net.co
Como la mayoría de expedicionarios españoles, Gonzalo Jiménez de Quesada se aprovechó de los pueblos indígenas, robó sus pertenencias y los sometió a su régimen conquistador. Su aventura comenzó en abril de 1536 en Santa Marta, dos años después fundo Santa Fe de Bogotá y a su vasta llanura la bautizó como la Nueva Granada. 466 años después, siete indígena Kankuamos viajaron a Bogotá desde la Sierra Nevada de Santa Marta a participar en el foro “Derechos y dignidad: pulso para la seguridad”. Qué ironía: en el salón Siecha del Centro de Convenciones que lleva el nombre del hispánico opresor ellos denunciaron los atropellos de que son víctimas en sus territorios sagrados.
La Sierra Nevada de Santa Marta está habitada desde hace más de dos mil años por cuatro etnias indígenas; en la parte alta se encuentran los Arhuacos, más abajo los Kogui, los Wiwa se sitúan en la parte media y los Kankuamos en la más baja. El resguardo kankuamo, de 24.600 hectáreas, fue aprobado en 2003. Las cifras varían entre las fuentes, pero se calculan en 5.000 los miembros de esta etnia. La guerrilla está replegada en la parte alta de la sierra y los paramilitares dominan la parte baja de ésta.
Jaime Arias, Cabildo Gobernador del pueblo Kankuamo, instaló el evento el pasado 9 de septiembre. Seis hermanos de etnia escuchaban atentos sus palabras. Comenzaba el día en la fría capital, pero ellos no dejaban de lado sus milenarias tradiciones; de su mochila de fique uno de ellos extrajo una pequeña bolsa del mismo material, introdujo su mano en ésta y sacó varias hojas de coca, luego repartió sendos puñados entre sus compañeros. Ellos comenzaron a trabajar activamente en sus poporos (moviéndolos como se bate el chocolate) llenos de cal marina, ésta la mezclan en su boca con el jugo que producen las hojas, en lo que es considerado un gran ritual para ellos. Antes de que el gobernador terminara su intervención ya todos se encontraban mambeando hojas sagradas.
Este arbusto, “de la familia de las Eritroxiláceas, con hojas alternas, aovadas, enteras, de estípulas axilares y flores blanquecinas”, y cuyo primer cultivo fue descubierto en la Huaca Prieta, costa norte de Perú, en el período 2500 a 1800 años antes de Cristo, ha sido tan sagrado para su cultura como perjudicial para su devenir. Gracias al mal uso que le han dado los humanos al volverla droga, la hoja pasó del culto sagrado de los indígenas al monetario de aquellos hombres que en los años ochenta acabaron con la bonanza marimbera, sustituyendo la marihuana por cultivos ilícitos de coca. Con la coca arribaron las Farc y el Eln, con ellos todas sus macabras tácticas para ganar territorio, hacer presencia y someter a las cuatro etnias encargadas de cuidar la estabilidad de Seineken (Sierra Nevada de Santa Marta). Con un aditivo más, las autodefensas de Hernán Giraldo, que operan en la Sierra Nevada hace varios años.
“Nosotros mismos vamos y recolectamos las conchas con que producimos la cal. Es un ritual nuestro. El poporo nos lo entrega un Mamo (principal autoridad indígena) cuando encontramos a una mujer para amar”, eso explica por qué los niños no poseen poporos ni mastican la hoja. “Es como si una mujer amara a otra y eso no…” asegura uno de ellos explicando por qué el sexo femenino no puede mambear; que no significa masticar, ya que ellos no mastican la hoja, dejan que suelte el jugo que les permite combatir el cansancio, menguar el hambre, contrarrestar el soroche, quitar el sueño o sanar algún dolor.
Cualquier dolor, menos el de la muerte de sus hermanos de sangre. Según la Fundación Hemera, 221 Kankuamos han sido asesinados desde 1986, cuando cayó el líder Edilberto Montero, hasta agosto de 2004, mes del asesinato de Fredy Arias, coordinador del programa de Derechos Humanos de la Organización Indígena Kankuama, cofundador del proceso de reconstrucción cultural de su pueblo iniciado en 1992 y vocero de la etnia y la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) en la Mesa de Concertación Nacional de Paz creada por el gobierno. Las versiones coinciden en afirmar que el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia es el principal culpable de este exterminio. La historia coincide cruelmente, si durante la conquista las órdenes para extinguir a los pueblos indígenas provenían de Santa Fe, ahora provienen de otro Santa Fe, Santa Fe de Ralito, donde el número uno y dos del Bloque Norte –Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo “Jorge 40”–, imparten órdenes para acabar con esta etnia. Esto, mientras afirman estar cumpliendo el cese de hostilidades y negociando con el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Según varias organizaciones sociales, durante los dos primeros años de su mandato 92 Kankuamos han sido asesinados. Por otro lado, el documento “Indicadores comparados sobre la situación de los derechos humanos en Colombia”, del Observatorio de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República, en su consolidado a junio de 2004, afirma que “para este año se ha venido presentando una importante disminución en el número de homicidios de indígenas, al pasar de 106 en el primer semestre de 2003 a 61 en el mismo período, lo que significa una disminución de 42%... 21% de los homicidios ha sido en contra de los indígenas de la etnia Wayuú, seguido por los Nasa o Páez 10% y los Kankuamo con 8%”.
La tradición no involucra cientos ni miles de hectáreas, una simple pero muy cuidada huerta es el punto de abastecimiento. Ahí recogen su provisión antes de comenzar la jornada, pero no todos comprenden su antigua costumbre: “El Ejército no nos respeta nuestra tradición, ellos creen que todo el día vivimos ‘trabados’ y eso no es así”.
Las fumigaciones a 1.200 hectáreas de coca en la Sierra Nevada de Santa Marta comenzaron el primero de julio del presente año, los indígenas no están de acuerdo con esta política. Ya el Presidente se había interesado más por la zona al realizar un consejo comunal de gobierno el pasado 12 de junio en Nabusimake, capital Arhuaca.
“No pude asistir porque estaba en Washington, pero nadie iba a decir nada ese día, ¿quién va a denunciar algo frente a la televisión? Ese día hubo más que todo show…” Y así fue, el mandatario aprovechó para lucir un sombrero en forma de cono, mandó a tomar fotos de los indígenas con los militares y aceptó ser padrino de un niño indígena con la condición de adicionarle un segundo nombre al originalmente escogido por sus padres y, como es su estilo, desafió a los violentos en su propia zona de guerra.
Situación actual
Los indígenas de la Sierra Nevada se encuentran permanentemente entre dos fuegos; los que están en las zonas altas no pueden ir a la parte baja porque los paramilitares los acusan de ser colaboradores de la guerrilla, mientras que los Kankuamos no pueden visitar a sus hermanos en las cumbres porque son acusados, también por los paras, de ser informantes de la guerrilla, afirmó en pasados días Lisardo Domicó, secretario general de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic). A lo que la Defensoría del Pueblo agrega: “Las comunidades indígenas y los colonos son acusados por cada uno de los actores armados de ser cómplices del enemigo”.
Pero aparte de los intereses de los armados existen otros que hacen a la Sierra Nevada un sitio muy estratégico e importante, para Luis Carlos Osorio, director de la Fundación Hemera, “Las causas fundamentales de la violencia desatada contra las comunidades de la Sierra encuentran explicación, de una parte, en la inmensidad de recursos hídricos, en la biodiversidad, las minas de mármol, uranio y carbón, en los yacimientos de petróleo, entre muchas otras riquezas que posee este territorio”.
A finales de 2003 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA le pidió al gobierno colombiano que adoptara medidas cautelares en favor de los Kankuamos. En julio de 2004 la Corte Interamericana de Derechos Humanos le otorgó medidas provisionales a la misma comunidad. Naciones Unidas y la Defensoría del Pueblo emitieron comunicados alertando sobre su situación, pero los asesinatos continúan.
Otro caso grave es la impunidad. Según la Corporación Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo el Estado colombiano sigue omitiendo su deber de protección frente a los Kankuamos, entre otras razones por la “ausencia de resultados en las investigaciones penales. A pesar de los 221 asesinatos, desde 1986 a la fecha, sólo existen en estricto sentido seis investigaciones penales, ya que de los 111 radicados reportados por la Fiscalía General de la Nación, los 105 restantes se encuentran archivados, suspendidos o en etapa previa”. Muchos indígenas que no son asesinados tienen que huir de su tierra. En el mismo comunicado, emitido el 5 de agosto pasado, el colectivo afirma que “entre los años 2002 y 2004 se registra el desplazamiento forzado de 300 familias, lo que constituye la cifra de 1.732 miembros de la comunidad víctima de desplazamiento”.
Son más fuertes que las adversidades
Fredy Arias, la última víctima de este exterminio, era hermano de Jaime, quien seguirá luchando por su pueblo cueste lo que cueste. El padre de ambos, Salomón, también fue asesinado por los paramilitares en 2001. Era un líder histórico y artífice de su restablecimiento cultural. Era un mamo. Uno de los pocos que quedan.
Los Kankuamos presentes en Bogotá continuaron con su ritual sagrado, hasta el final de la tarde siguieron compartiendo las hojas de coca entre sí. No lo dejarán de hacer, así el gobierno esté dispuesto a fumigar. Varios de ellos se han ido por el mal camino, ingresando a alguno de los grupos armados de la zona o comercializando la hoja de coca, otros, como uno en el centro de convenciones, se vuelven compulsivos mambeando y usando su poporo más de la cuenta. “Para eso están los mamos, para controlar a las ovejas descarriadas”, sentencia uno de ellos.
Ojalá no se cumplan los pronósticos que Chendukua, indígena Kankuamo, vaticinó el año pasado: “De acuerdo con nuestra milenaria tradición, los más de 250 injustificados crímenes cometidos en contra de los pueblos indígenas de la Sierra, en su mayoría Kankuamos, la desaparición de más de ocho mil plantas originales, la afectación de cientos de afluentes que surten a los principales ríos que nacen en Seineken, el desmedido desarraigo de decenas de nativos, víctimas del desplazamiento forzado, la proyección indebida de megaproyectos que atentan contra la Sierra, producirán inusitadas consecuencias no sólo para quienes allí habitamos, sino también para la humanidad entera”.
Pero si en algo no se debe dudar, es en lo manifestado por los mamos de la Sierra Nevada en su declaración a la humanidad: “Ratificamos nuestro deseo de vivir, de seguir luchando por la vida y de seguir defendiendo la biodiversidad del planeta. Se trata de nuestro deber ancestral; si no cumplimos con él, habrá hombres, mas no sobrevivientes en el pleno sentido de la palabra”.
* Comunicador social y periodista
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