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Abnegada, generosa y humilde. Así describen con cariño a su laguna los habitantes del municipio de Fúquene y sus alrededores. Un espejo de agua que se niega a morir entre la ignorancia y el olvido de quienes aún piensan que la naturaleza es inagotable. Las comunidades indígenas que otrora florecieron a sus orillas, rindieron culto a su grandeza y gestaron a sus alrededor generaciones fecundas y poderosas.
Por Luis Barros Pavajeau
pavajeau68@hotmail.com
Fúquene, que en vocablo indígena significa “El lecho de la zorra”, o que otros han interpretado como “cuna del diablo”, alberga leyendas tan misteriosas como inverosímiles.
Cuentan, por ejemplo, que en tiempos muy remotos la laguna se agitaba súbitamente, provocando en sus aguas un movimiento similar al de las olas del mar, lo que era interpretado por los pobladores como la más clara manifestación de que el diablo había sido interrumpido de su plácido sueño y su brusco despertar lo cobraba con vidas humanas que saciaban su furia y le devolvían la calma. |
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Una particular manera de entender los incidentes ocasionales que por mal tiempo o mala suerte le costaron la vida a los pescadores y lancheros de la región.
Pero el respeto y el temor por la laguna se esfumaron con el tiempo y buena parte de las aguas salpicadas por la magia de las leyendas fueron vencidas por la mano del hombre que desafiando al diablo, se apropió de sus orillas y las convirtió en tierras fértiles para la siembra, la ganadería y otros usos.
De las ocho mil hectáreas que tenía Fúquene en 1930 hoy sólo quedan 2.400, es decir que la laguna se ha reducido en 75 por ciento de su superficie original. La mitad de su espejo de agua fue invadido por malezas y el nivel de sus aguas ha bajado 1.5 metros en los últimos 40 años. De las más de 80 especies de fauna y flora silvestres que habitaron la laguna, han desparecido cerca de 48.
Vista desde lejos, la Laguna de Fúquene es una inmensa mancha de tonos verdes y grises que se mezclan en el horizonte con el azul de las montañas. Vista de cerca, es una versión resumida de un gran lago que alguna vez fue la fuente de riqueza y poderío de la provincia cundinamarquesa de Ubaté.
Vista desde el cielo, es un espejo de agua en forma de corazón, que como todas las obras de arte de la naturaleza, quiere seguir siendo útil, admirada y respetada por el hombre, para no seguir con el “corazón partío”.
La laguna de Fúquene está situada en el centro del Valle de Ubaté-Chiquinquirá, 100 km al noreste de la ciudad de Bogotá. Hace parte de la cuenca hidrográfica de los ríos Ubaté-Suárez, cuyas aguas discurren por los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Santander, hasta tributar sus aguas al río Magdalena.
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