La
oportuna declaración abre márgenes mayores
para hablar a favor de la no-extradición sin correr
el riesgo de un regaño desde la Vicepresidencia de
la República, tal como le ocurrió a la Representante
Rocío Arias.
La discusión del proyecto de “alternatividad
penal” ha permitido aclarar que si se trata de negociar
el desmonte de un grupo que es parte del conflicto armado
interno, es posible acordar procedimientos judiciales especiales,
más flexibles que los ordinarios en lo que se refiere
a disminución de penas, beneficios para excarcelación,
opciones sobre sitios de reclusión, entre otros.
En este debate se ha avanzado también en la búsqueda
de fórmulas para garantizar los derechos de las víctimas
y de la sociedad a la verdad y a la reparación. Todos
son temas complejos que se van a mirar con lupa, a partir
de la semana de pascua y luego, cuando se reabra la discusión
del nuevo texto del proyecto.
Las consideraciones sobre el tratamiento especial y flexible
a la extradición de personas que entren en un pacto
de no violencia, deberán hacerse en la misma discusión
sobre alternatividad penal, aunque se llegue a la conclusión
de que requiere un tratamiento al margen del proyecto de
Ley que ya está sometido a consideración del
Congreso.
No cabe duda de que es un tema que debe ser discutido en
voz alta y no sólo por la importancia que le han
dado los jefes “paras”, Monseñor Rubiano
o un editorial de El Tiempo. El Defensor del Pueblo ha recordado
que el Presidente de la República es quien resuelve
de fondo una extradición y el propio Embajador de
los EE.UU. en Colombia insinuó, alguna vez, que su
gobierno consideraría con benevolencia el uso de
esa atribución presidencial para inclinar el procedimiento
a favor de la justicia nacional y en aras de la paz. ¡Alabado
sea!
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No obstante la existencia de una atribución presidencial
como último eslabón en el procedimiento de
la extradición, el asunto a resolver es la oportunidad
y la manera cómo se incluye en el pacto de desmonte
del paramilitarismo. Es obvio que no es suficiente con suponer
la voluntad presidencial, y menos aún cuando Álvaro
Uribe sigue a la espera de que otros tiremos la primera
piedra y evita contrariar con este asunto a la oscilante
opinión de la administración Bush. Para comenzar
sería saludable una manifestación expresa
de gobierno, ojalá acompañada de un acuerdo
político pluripartidista, sobre la disposición
a no otorgar la extradición de colombianos que estén
en diálogos formales de no violencia o que hayan
culminado exitosamente un proceso de negociación
para poner fin a acciones y organizaciones armadas.
La no-extradición de dirigentes de las AUC que hoy
son solicitados por los Estados Unidos, podría ser
punto culminante de la aplicación de la alternatividad
penal y supone por lo mismo una acción de la justicia
compatible con la paz en la medida en que no deje en la
impunidad graves violaciones a las normas del derecho internacional
humanitario, incluidas aquellas que configuran crímenes
de guerra y de lesa humanidad.
No extradición a cambio del desmonte de más
de 12.000 paras, de liquidación de empresas de narcotraficantes
“conexas” y de cadenas cívico–militares
de paramilitarismo, es un buen negocio. Como dijera Monseñor:
AMEN.
* Presidente de Indepaz.