Cooperación Internacional en Bogotá:
retos y oportunidades
 
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En los últimos años las diferentes administraciones distritales han hecho grandes esfuerzos en materia de desarrollo social orientado a incrementar la calidad y el cubrimiento de los servicios básicos de la población, la protección del medio ambiente, la educación, la seguridad, etcétera. Sin embargo, la sumatoria de diversos índices negativos –incremento en los niveles de pobreza, de desempleo y aumento de la marginalidad entre otros aspectos–, indica que a pesar de los programas desarrollados, el logro de estos objetivos no ha sido del todo posible, en parte, por la crisis económica que atraviesa Colombia desde finales de la década de los noventa


por Philipp Schoenrock *
psm@cepei.org

Según el último Informe del Proyecto Bogotá, “Como vamos”, la tasa neta de educación alcanza el 90%, la cobertura de acueducto y alcantarillado llega al 98% y 90%, respectivamente y existe un millón trescientas mil personas afiliadas al régimen subsidiado de salud, pero casi la mitad de la población – el 49.9%–, obtienen ingresos por debajo del nivel mínimo de adquisición de una canasta básica de alimentos y el 14.9% para adquirir los nutrientes y bienes esenciales. A lo anterior, hay que adicionar el creciente índice de Gini, que llega a 0.56, lo que significa que las personas con recursos más altos reciben 56 veces más ingresos que la población más pobre.

Por otro lado, las personas pobres de Bogotá para el año 2000 se estimaron en 3.190.170, mientras que las personas en condiciones de indigencia en 959.238 y los habitantes de la calle en 10.447. De igual forma, la población desplazada en el Distrito según la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento –CODHES– que datan de 1985, alcanza las 480.000 personas, es decir el 23% del total de la población desplazada del país, no obstante, de acuerdo a los datos de la Secretaría de Gobierno, la población atendida es tan sólo de 50.000 personas, que son los que se encuentran en el sistema único de la Red de Solidaridad, entre 1999 y 2002.

Si bien, la lucha contra la pobreza y el derecho a un ambiente digno demandan ingentes esfuerzos en materia de inversión de recursos económicos, el reto de reducir dichos niveles será enorme para la administración del alcalde Garzón, teniendo en cuenta que existen tres principales aspectos preocupantes:

a) Un estancamiento del ingreso producto de sus fluctuaciones, caída del 66.3% al 38.5% entre 1990 y el 2000 y el aumento al 45.7% para el periodo siguiente.

b) problemas de sostenibilidad en los niveles de inversión y reducción de los recursos extraordinarios de capital disponibles y,

c) aumento en los montos de deuda (0.75% del PIB de la capital en el 2000, 1.01% en el 2001 y 1.04% en el 2002) que han generado mayores cargas por servicio de la misma y aumento de la vulnerabilidad ante los vaivenes cambiarios internacionales

A pesar de que a agosto de 2003 la deuda externa del Distrito pasó en términos porcentuales a representar el 54.9% después de haber estado en 67% en 1999 cabe anotar, que en su mayoría está compuesta por recursos provenientes de los organismos multilaterales 39.2%, bonos 26.5%, banca comercial 31.5% y gobiernos 2,5%. Como se puede observar existe clara ausencia de recursos provenientes de la cooperación internacional lo que denota falta de ingresos externos cuyo propósito es invertir en el desarrollo de proyectos de inversión social y de mantenimiento de la infraestructura. Si a esto se le suma la fuerte tendencia que tiene el Distrito a depender de las finanzas nacionales y de sus transferencias, 30% aproximadamente, puede decirse entonces, que existe una clara necesidad de concretar nuevas alternativas de financiación.

Sin embargo, existen elementos que pueden actuar como barrera en contra de la adquisición de recursos alternos y sobre todo, afectar el intercambio de información entre entes donantes y receptores. Por un lado está el manejo institucional que la Administración Distrital le brinda al tema de la cooperación internacional. Aunque la oficina de Asesoría Región y Competitividad, creada durante la administración Peñalosa, se encarga de actuar como interlocutor entre las 42 entidades del Distrito, ésta solamente interviene en el proceso como un agente asesor y no como un agente propiciador de la cooperación, lo que lleva a que sean las instituciones del Distrito las que tengan que buscar fondos y programas de cooperación convergentes con sus necesidades. Así las cosas a futuro la coordinación institucional se vislumbra como uno de los retos principales de la nueva Administración.

Esto sin olvidar la falta de coordinación que existe entre las entidades nacionales y las fuentes externas: La ACCI, los donantes, las Ong y desde luego, el Distrito. Este último aspecto repercute por ejemplo en el conocimiento de los objetivos que tienen las fuentes de cooperación, las cuales han pasado de enfatizar el concepto de transferencia de tecnología para dar prioridad al de “desarrollo auto sostenido”, han cambiado las modalidades de cooperación privilegiando la ayuda financiera a la cooperación técnica y de hecho se han ampliado incluyendo nuevos actores de cooperación, entre los que se cuenta las fundaciones empresariales y las organizaciones no gubernamentales.

En general una de las consecuencias más graves de este problema está en las dificultades que se pueden presentar a la hora de capitalizar una demanda efectiva de cooperación. Primero, porque hay antagonismo en la compresión que los estados donantes tienen sobre los problemas colombianos y por ende del Distrito y segundo, por la deficiente coordinación operativa existente entre donantes y receptores que dispersa los esfuerzos a la hora de trabajar en objetivos comunes y dificulta la concertación de prioridades en materia de desarrollo, inversión y ejecución.

Teniendo en cuenta que Colombia es considerado un país de ingreso medio, la prioridad debe ser entoces, saber cómo integrar el Distrito dentro del marco de las prioridades de la cooperación internacional, ya que estas fuentes reservan sus recursos a aquellas sociedades más pobres.

Es necesario subrayar la importancia de incrementar los recursos de la ayuda internacional, pues los requerimientos de montos del apoyo de la comunidad internacional se consideran insuficientes respecto a las necesidades que demandan los problemas que tiene Colombia. De hecho, en la actualidad los recursos que vía cooperación llegan a Colombia no representan ni siquiera medio punto del PIB y de acuerdo a los cálculos, la Capital necesitaría para los próximos años que estos aumenten entre el 5% y el 10% del PIB nacional.

La Banca Multilateral como mecanismo de financiación

La política de financiación desarrollada por la administración del alcalde Mockus y por la mayoría de sus antecesoras ha sido la combinación de fuentes internas y externas que han privilegiado, una estrategia de endeudamiento proveniente de fuentes internas. Existe el riesgo cambiario y los efectos de devaluación, la opción de endeudamiento externo trae grandes inconvenientes pues manejar dichos montos es difícil dado el peligro constante de que se incrementen.

En cifras, del total del cupo de endeudamiento vigente que asciende a la suma de US$778.000.000 y del cual a junio 30 de 2003 se ha utilizado US$689.574.255,14 un 52,72% corresponde a endeudamiento interno y un 47,26% a endeudamiento externo, éste con una proporción que corresponde a crédito con Banca Multilateral.

Respecto a este último, existe cierta prevención frente al mismo. Si bien los proyectos que se financian a través de estos créditos son muy concretos, también se caracterizan por ser muy limitados.

Ahora bien, aunque los argumentos dados respecto a la estrategia de privilegiar la opción de endeudamiento interno tienen razón de ser pues, se refieren a la disminución de riesgo cambiario, menores plazos de desembolso y facilidad de contratación, éstos también tienen sus contratiempos. Si bien se disminuye el riesgo cambiario, la agilidad de los desembolsos no siempre constituye una ventaja. Dado el afán de las administraciones, el tiempo de dos a cuatro meses que tarda el desembolso de estos créditos, en muchos casos resulta insuficiente, para diseñar, analizar y evaluar los programas en los cuales dichos montos deben ser invertidos.

Quizás, más que privilegiar la opción de endeudamiento interno para disminuir el riesgo cambiario está el hecho de que el procedimiento de endeudamiento con la banca interna tarda poco tiempo mientras que el tiempo de trámite para acceder a créditos con la Banca Multilateral tiene un periodo de duración aproximado de 18 meses, lo que sería cerca de la mitad del periodo de gestión de un Alcalde.


En este sentido, la posibilidad de endeudamiento con la Banca Multilateral ha sido menos evaluada. Un análisis diría, por ejemplo, que los 18 meses que tarda la aprobación de los créditos que incluye varias etapas que van desde el diagnóstico de la situación hasta la evaluación del proyecto, permite la acción programada de planes puntuales para suplir necesidades concretas. O que las cláusulas específicas –medioambiental y social–, propias de este tipo de créditos, impide que el desarrollo de cualquier programa degrade el ambiente y afecte las condiciones de la población. De hecho, la evaluación que se hizo a propósito del crédito contratado con el BID por la suma de 100 millones de dólares y que se invirtió en gran parte para el proyecto de Transmilenio, arrojó como conclusiones la excelencia en la consecución de lo programado, en el cumplimiento por parte del Distrito de las cláusulas medioambiental y social y en cuanto al aspecto financiero, en un monto de menor cuantía que si se hubiera hecho mediante crédito interno.

Todo parece indicar, que la estrategia de endeudamiento adoptada hasta el momento resulta funcional para la gestión de los Alcaldes de turno más no como una política de financiación de proyectos que busque mayores ventajas financieras, de pago y de ejecución de proyectos acordes con las necesidades de la población y las limitaciones económicas de la capital.

Inversión extranjera: características y tendencias

Durante los años noventa, la inversión extranjera en Colombia experimentó una tendencia creciente, multiplicándose casi en doce veces. En particular en 1997 la afluencia de inversión extranjera hacia el país alcanzó un montó de US$5.639 millones, con un crecimiento de 81% con respecto al año anterior. Sin embargo, en los últimos tres años la situación ha cambiado dramáticamente como consecuencia de la recesión de la economía nacional y local que, en 1998 y 1999, presentó fuertes contracciones en la mayoría de los sectores, situación que aún persiste aunque en menor escala. De hecho, los flujos provenientes de capital externo en 1998 presentaron una caída del 48% y del 68% en 1999, ambos casos con respecto al año anterior.

Aunque las cifras demuestren que “durante el primer trimestre de 2003, la Inversión Extranjera en Colombia aumentó 30% con respecto al mismo periodo de 2002, al pasar de MM3 US$ 197 a MM US$ 255”, este comportamiento obedece a “una recuperación de la Inversión Extranjera de Portafolio (IEP) más no de la Inversión Extranjera Directa (IED)”, la cual ha descendido. En este sentido, la característica que hoy condiciona los montos de IE en Colombia radica efectivamente, en que la mayoría de éstos se concentran en inversión de capitales–volátiles, generalmente cortoplacistas y muy riesgosos, dado el efecto golondrina mas no en un tipo de inversión estructural que tenga como propósito establecer empresas en el país.

Esta perspectiva plantea serios problemas para el desarrollo sostenido de Colombia y también de la capital. Aunque las estadísticas demuestren que Bogotá concentra en promedio el 70% de la inversión colombiana con un monto de US$1.440 millones según datos del 2001 y que, incluso, supera el promedio per cápita de IED establecido en US$136 para América Latina, ubicándose al mismo nivel que Argentina, Costa Rica y Venezuela, en términos reales, la situación socioeconómica de la ciudad no mejora. La tasa de desempleo sigue siendo muy elevada, 18,6% y de subempleo de 34,5%.

Las razones que explican el hecho de que la Inversión extranjera que llega al país es IEP y no IED tienen que ver principalmente, con la situación de riesgo e inseguridad que caracteriza al país y también a la capital. Respecto al entorno nacional, las dificultades que existen para atraer IED son, entre otras: problemas de orden público que generan inseguridad física de los inversionistas e inversiones, la no-existencia de seguridad jurídica y la inestabilidad en las reglas de juego, como las periódicas reformas tributarias y razones particulares que están relacionadas con la regulación y el control de algunos sectores”.

Respecto al entorno distrital, las dificultades más notorias se presentan en el ámbito de la seguridad y la infraestructura y recursos. Aunque éstas han mejorado profundamente a partir de las últimas administraciones, gracias a los esfuerzos encaminados a incrementar la seguridad de la ciudad mediante la modernización de la policía y el fomento de la participación ciudadana por medio de la denuncia, las cifras demuestran que en materia de competitividad resta mucho por hacer.

Por otro lado, están los problemas de comunicaciones e infraestructura. En materia de cobertura del servicio de telefonía local sólo ofrece 37,6 líneas por cada 100 habitantes, siendo sin embargo el mejor para Colombia. El servicio de transporte ha mejorado significativamente con la introducción del sistema de Transmilenio, que cubre aproximadamente el 12% de la demanda por transporte público de la ciudad y se proyecta a cubrir la totalidad de las principales rutas, todavía la mayoría de los vehículos que circulan por la ciudad son privados, lo que genera problemas de congestión y movilización.

Atraer inversión extranjera no sólo es importante para el desarrollo económico de la ciudad sino, también, para el del país. Como el principal centro receptor de IE en Colombia al concentrar aproximadamente el 70% de la inversión que llega y al ubicarse como el tercer principal destino de inversión en Latinoamérica “captando un promedio de US$28.5 per cápita de inversión extranjera directa”. Bogotá resulta ser un enclave estratégico para el desarrollo nacional.

* Este artículo se basa en un documento de análisis elaborador por el Centro de Pensamiento Estratégico Internacional (CEPEI) y la Universidad del Rosario. El documento completo en www.cepei.org

* Director CEPEI.

 

 


 
 
 

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