Antonio
López, ex dirigente del Bloque Cacique Nutibara y actual
representante de la Corporación Democracia, fue uno
de los expositores durante el encuentro “Uniendo esfuerzos
frente a la reincorporación de personas desvinculadas
del conflicto armado en Colombia”, que se llevó
a cabo el 18 y 19 de febrero en Medellín. El otrora
comandante Job habló en el recinto del Concejo de Medellín
ante los expertos internacionales y demás asistentes
al evento. Este antioqueño de 38 años, casado
y con hijos, fue el primer miembro desmovilizado de las Autodefensas
Unidas de Colombia que intervino en el Congreso de la República.
Lo hizo el pasado 21 de enero en el marco de las audiencias
públicas sobre el fenómeno del paramilitarismo
y el proyecto de alternatividad penal.
Militante de izquierda en su juventud, integrante de la estructura
urbana del Ejército de Liberación Nacional (ELN)
durante los años ochenta y líder comunitario,
Antonio López se desmovilizó por primera vez
con la Corriente de Renovación Socialista en 1994.
Ahora, desde la vida civil, intenta convencer a todos que
la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara no tiene
marcha atrás. La Esquina Regional dialogó con
él en el Liceo Félix Henao Botero, ubicado en
el barrio Caicedo de la comuna ocho de Medellín
La esquina regional: ¿Qué opinión tiene
de estos talleres?
Antonio López: Impulsamos
la propuesta con la Alcaldía, vimos muy importante
que estuviera Mircoar –Movimiento Independiente Revolucionario
Comandos Armados y desde 1998 Corporación para la Paz
y el Desarrollo Social–; pensamos que de pronto el debate
iba a ser más intenso, lo que comprueba que la preocupación
de tomar acciones retaliativas por las acciones militares
que hicimos en un pasado no está en las comunidades,
sino en los debates políticos y abstractos. La gente
no te está planteando acciones vengativas, ni de uno
ni de otro lado, simplemente quiere acabar con lo que ha sido
la guerra en Medellín durante veinte años. El
debate ese de retaliaciones, juzgamientos y cárceles
que se viene planteando frente al pasado militar no es propio
de los dirigentes comunitarios, ni de base. Es propio de los
dirigentes políticos nacionales. Por otra parte, es
importante cualquier espacio de interlocución. Vamos
a ver si impulsamos un encuentro con la bancada de senadores
y un foro con la empresa privada para saber ¿cómo
ven esto? Que nos digan, si no creen en esto o, si simplemente
es un deseo de no aportarle a la paz. Pero, que quede claro
públicamente cuál es la postura de la empresa
privada.
L.E.: ¿Cuáles son las estrategias que tienen
para el seguimiento, monitoreo y evaluación del actual
del proceso?
A.L.: Le propusimos a la Alcaldía y a la OIM que
los procesos de seguimiento tenían que ser en el marco
de la comunidad. No puedes evaluar al muchacho individualmente,
llamarlo cada mes y ver qué está haciendo, lo
importante es que esté jugando un rol de convivencia
en su comunidad. A partir de eso les propusimos unas casas
zonales; se aprobaron cuatro. Esas casas tendrían gente
de la Alcaldía, de la OEA, de la Presidencia y de la
Comisión Facilitadora de Antioquia. La intención
es que esas casas se vuelvan unos centros de quejas, organización,
convivencia e interlocución entre desmovilizados, comunidad
y Estado, hasta el punto en que la línea que separa
a esos tres actores desaparezca. Por otro lado, viene el acompañamiento
con el psicólogo Felipe Atalaya. Un proyecto que nos
gustó porque no evalúa al muchacho solamente
en su tipicidad, en su perfil psicológico, sino que
lo evalúa de cara al compromiso comunitario. Hay unos
procesos que son de acompañamiento en la capacitación,
tanto de promoción comunitaria, como en lo jurídico
y en el liderazgo, a través de la Corporación
Democracia. A la vez, venimos construyendo, no lo hemos terminado,
un código de ética de la Corporación,
donde se definen algunas faltas que implican que el desmovilizado
pierda todos los derechos. Es fundamental, porque nos reservamos
el derecho de expulsar a quien vuelva a coger las armas o
haga acciones en contra de la comunidad.
L.E.: ¿Cómo les parece el tratamiento de los
medios al proceso?
A.L.: Nosotros tuvimos un problema en la mesa nacional,
antes de la desmovilización, porque este proceso estaba
muy determinado por los medios ante el manejo privado que
le estaba dando Luis Carlos Restrepo; ese debate lo hicimos
en la cuarta o quinta reunión en Santa Fe de Ralito.
Se identificaron falencias en ese sentido y se decidió
empezar “a dar cara” a los medios y al mundo.
De todas maneras los medios en el país –esta
es una valoración muy personal y respetuosa–,
siguen estando detrás de la noticia, el análisis
profundo de la situación no se da. Por ejemplo, el
25 de noviembre cuando estábamos recogiendo toda la
gente para la desmovilización, hubo una zona donde
se concentraron 150 muchachos, llegó el cura a echarles
la bendición –¿Cómo fue esa escena?,
–le pregunta a un desmovilizado que escucha atentamente
esta entrevista–.
Fotos
Carlos del Castillo |
Desmovilizado
(Memín): Fue con el párroco Juan David. Cuando
nosotros nos fuimos a desmovilizar estuvimos con nuestras
mamás y nuestros hijos, ellos nos hicieron una calle
de honor y él nos echó la bendición y
nos montamos al bus.
–Antonio López
continúa. Y las señoras y los hijos llorando,
porque había temor, no sabíamos realmente qué
iba a pasar. Y un periodista, al único que le dimos
permiso de estar allí, dijo: “se sentía
el vaho a marihuana”, –no habló del cura,
ni de la familia, ni del abrazo, ni de los líderes
de la Comuna Ocho–. La profundización de la noticia
es más necesaria para un proceso de paz que la noticia
en sí. De todas maneras, hemos empezado a ver que en
los últimos días han intentado ser más
profundos.
L.E.: Después de que una persona se desmoviliza y acorde
al diagnóstico que se le hace, debe educarse o capacitarse
laboralmente, ¿qué respuesta han encontrado
ustedes del Programa de Paz y Reconciliación de la
Alcaldía de Medellín en este sentido?
A.L.: Ahí hay un problema real. Aquí falta
mucho empleo. Lo que hemos dicho es que este proceso no está
en crisis, pero está con debilidad porque no se ha
cubierto el 30% de los empleos. Está débil también
porque la seguridad de las comunidades no existe. El Estado
no ha fortalecido la seguridad en las zonas donde nosotros
estábamos, incluso se está dando presencia de
las Farc. Y bueno, habrá que preguntarle a la Alcaldía
qué está haciendo para que la izquierda no vuelva
a la ciudad. Eso sí, es de la Alcaldía, eso
no es del Gobierno Nacional, porque debe cuidar a las comunidades,
no a nosotros.
Hay cosas más importantes para consolidar este proceso
que la discusión abstracta de sí la verdad sí
o la verdad no, y es consolidar el proceso. Hay problemas
de empleo, de seguridad y jurídicos. Por eso vimos
como una cortina de humo la intervención de Alonso
Salazar sobre la comisión de la verdad, porque intenta
tapar las deficiencias reales del proceso, y es que no hay
fuentes de empleo. Pero entonces hay que caminar concertadamente,
como siempre lo hemos hecho y resolver el problema del empleo.
L.E.: Pero, la propuesta de una comisión de la
verdad no va en contra de esas debilidades que tiene el proceso…
A.L.: Te pone en otra lógica porque es que la comisión
de la verdad implica aquí profundizar un debate, implica
decir que el Bloque Cacique en Medellín lleva sólo
tres años, mientras que la guerrilla lleva treinta.
Entonces sería una cosa un poco contradictoria si vos
pones al efecto a hablar de la verdad, si la causa no habla
de la verdad.
L.E.: Independientemente de la verdad del otro, es que a mí
me interesa también reconstruir mi verdad, porque no
se puede siempre estar pensando sólo en función
del otro.
A.L.: Sí hay que pensar en función del
otro, porque aquí no hay posconflicto. Si acá
hubiera un momento de posconflicto, es decir que los otros
grupos armados no existan sería distinto, pero vos
tenes que hablar de un conflicto que aun permanece y permanece
en la esfera de lo político, entonces vos cómo
vas a hablar de una verdad cuando el conflicto no permite
que esa verdad florezca. Otra cosa, cómo vas a hablar
de una verdad si la verdad es mentira, es parcial, es fraccionada.
L.E.: En otras palabras, ¿si él, o los otros
hablaran ustedes también?
A.L.: Si la verdad es colectiva y, ojo, ayuda a reconstruir
al país, sí. Si ayuda a reconstruir el tejido
de confianza sí y es el mejor instrumento de reconciliación
de este país, échele pa´delante. Pero,
uno: tiene que ser un proceso concertado entre los grupos
o actores armados, los desmovilizados, la sociedad, el país
y el mundo; y dos: ¿por qué importar el modelo
automáticamente de la verdad a Colombia? ¿Colombia
no será capaz de construir un mecanismo de reconciliación
que posibilite sellar las heridas? Cuando estemos en una misma
mesa, y yo lo vi hoy incluso después de la charla con
el Mircoar, unos y otros, yo estoy seguro que vamos a encontrar
unos mecanismos de reconciliación distintos a la misma
verdad.
L.E.:¿Y por qué no, por ejemplo, partir de esa
propuesta de establecer una comisión de la verdad e
intentar ver cuáles son esos mecanismos que permitirían,
con todas las particularidades de este proceso, establecer
un espacio, llámesele comisión de la verdad
o como sea, pero que permita sanar esas heridas?
A.L.: Porque sería imposible. Sería imposible
una propuesta que involucre a las Farc y al Eln que venga
de nosotros. Tendría que ser una propuesta que provenga
de los tres. Nosotros diríamos hablemos de la verdad,
de la verdad histórica de este país, no hablemos
de la verdad de los hechos ¿Cuál es la verdad
histórica? ¿Cuáles han sido las causas
que han desencadenado las acciones militares en el país?
Pero para eso hay que construir un proyecto de reconciliación
que tenga a las partes que fueron involucradas en la desestabilización
del país. No un proyecto de reconciliación de
una sola parte.

Antonio
López y Memín (desmovilizado)
|
L.E.: ¿Y las víctimas qué papel jugarían
en esa propuesta?
A.L.: Tendrían que estar, aportando en la construcción
de ese diseño e instrumento de reconciliación.
Que puede ser la comisión de la verdad u otra, pero
sí necesitamos instrumentos de reconciliación.
Entonces, nosotros hemos dicho: aquí se necesita un
marco jurídico, que atraiga a los grupos irregulares
a desmovilizarse. Que les posibilite a los grupos irregulares
pensar que se pueden desmovilizar, y no digo sólo de
las Auc, digo de las Farc y del Eln.
Es un marco jurídico que se necesita urgente, este
país necesita una legislación para la paz y
no la tiene. Y a su vez, este país necesita un proyecto
pedagógico de reconstrucción nacional de la
confianza de la paz y la reconciliación. El problema
es ubicar en qué momento de la historia de este país
cabe cada uno de ellos. El marco jurídico no puede
suplantar al proyecto de confianza nacional. E incluso que
tengan todos esos elementos de restauración y de reparación,
etcétera. Y eso tampoco puede remplazar al marco jurídico,
pero si usted somete a los actores irregulares a un proceso
como el de la comisión de la verdad desde hoy, usted
lo que está es posponiendo que estos grupos irregulares
se desmovilicen.
L.E.: Pero tampoco se puede dejar pasar mucho tiempo para
que haya esa reconstrucción de la verdad, entre comillas,
porque sabemos que no va a ser una verdad absoluta.
A.L.: Sí, pero es que ahí viene lo otro, la
verdad se ha hecho en Argentina: Estado colapsado, instituciones
en crisis, dictadura militar –producto de esas violaciones–;
se ha hecho en Sudáfrica: Estado colapsado, ilegítimo
totalmente, una guerra étnica –muy válida
y muy justa–; se ha intentado en Chile: Estado colapsado,
dictadura militar e instituciones renovándose. Pero
en Nicaragua no, en Centroamérica no, en El Salvador
no. Porque son unos conflictos irregulares, incluso lo que
hace Nicaragua cuando gana Violeta Chamorro es eso, es recuperar
la credibilidad democrática, porque si no se le venía
todo el mundo encima. Entonces hay unas democracias que permiten
juzgar las violaciones, hay otras que no, porque no se cree
en ellas.
L.E.:¿en la nuestra no es posible?
A.L.: Yo creo que en esta sí. Yo creo que este
país puede juzgar y darle una salida jurídica
al conflicto interno, sin el imperio de la Corte Penal Internacional.
La Corte Penal tiene que jugar en el país y debe jugar,
pero no se puede volver la avasalladora, la que impone, la
que determina cómo se resuelve un conflicto en cada
país.
L.E.: No la impone. Hay unas normas mínimas.
A.L.: Claro, pero entonces te determina la solución
del conflicto. Entonces, ¿qué es lo que hace
cada país en la definición de su soberanía?
Resolvemos el conflicto en nuestro país y nos articulamos
a las leyes internacionales y nos articulamos a los tratados
y a todo lo que ustedes planteen. Pero usted no puede dejar
que el conflicto interno se lo resuelvan las instancias internacionales,
porque entonces te lo pospone.
Mire, en este inicio de semana matan a una maestra porque
tiene vínculos con las Auc. Hoy: venían dos
camioneros, sale un retén de las Farc, los paran, el
señor dijo no me quemen el carro que es mío,
lo estoy pagando y le pegan dos fusilazos. Eso es matar a
la población civil, eso es todo lo que usted quiera,
eso es horrible. Al hijo lo muestran en noticias llorando
y preguntándose –¿mi papá por qué
se puso a hacer eso? Una catástrofe impresionante.
¿Dónde está Vivanco? (José Miguel,
de Human Rights Watch); ¿Dónde está María
Teresa Bernal, de Redepaz; ¿Dónde está
Baltasar? (Garzón, juez español). Entonces desconocer
que este mundo está ideologizado, en algunos espacios
internacionales, porque por ejemplo el marco de los derechos
humanos lo han apropiado ciertos sectores ideológicos
y políticos, es innegable.
Pero igualmente, si hay transparencia en el marco de los derechos
humanos, es tan importante la vida de esa maestra y esos dos
camioneros como la de cualquier otro en este país.
Entonces bajarle el marco ideológico a los organismos
internacionales es necesario para que también ganen
credibilidad en los conflictos internos. Porque, ojo, los
organismos internacionales de derechos humanos están
perdiendo credibilidad porque están muy ideologizados.
Y a veces, tienden mucho en su posición hacia un lado
o hacia otro.
Que lo ha dicho de otra forma y más grosero o quien
sabe cómo Álvaro Uribe, eso es un problema de
la forma de él expresarse, pero eso es innegable. Los
proyectos internacionales andan ideologizados. ¿Dónde
está el grito por los hechos que ha hecho la guerrilla?
No lo vemos.
L.E.:¿Cómo entender eso que usted está
diciendo, de crear una legislación para la paz, si
lo que el gobierno está impulsando, con iniciativas
como el Estatuto Antiterrorista, es una legislación
para la guerra?
A.L.: No, lo que yo digo es que Colombia está en la
capacidad de resolver el conflicto interno, pero a su vez
también dije que Colombia no tiene una legislación
para la paz. Que por eso hay que construir un marco jurídico
propicio para desarrollar la paz en este país.
L.E.: ¿Usted cree que esa legislación podría
ir paralela a normas como el Estatuto Antiterrorista?
A.L.: El cuento de Estatuto Antiterrorista implica otras cosas.
Nosotros tenemos nuestras reservas y las hemos expresado públicamente
en algunas editoriales de la página nacional. En la
época en que yo pertenecía a las Autodefensas
lo expresamos muchas veces.
L.E.: ¿Hoy todavía está de acuerdo con
esa postura?
A.L.: Sí, sí, hay posiciones críticas,
¿qué es lo que nosotros hemos visto en Álvaro
Uribe? Un presidente que le da palo a todo el mundo. A nosotros
nos ha dado muy duro. Incluso a nosotros en pleno cese de
hostilidades nos da duro. Aquí en el oriente antioqueño
se metieron y nos cogieron 130 armas que estaban guardadas
del Bloque Héroes de Granada. En Neiva están
en cese y también, o sea esos operativos son por todos
lados. Lo que nosotros hemos visto es que Uribe es un presidente
que le da duro a la guerrilla y nos da duro a nosotros. Y
si usted mira las estadísticas de detenciones de las
autodefensas el año pasado es más alto, como
en 270, que el de la guerrilla.
L.E.: ¿Hay compromiso del sector privado hacia el proceso
de desmovilización del Bloque Cacique Nutibara?
A.L.: No, no, absolutamente no. No, lo hay. Si usted hubiera
venido a Medellín hace cuatro años, esta era
una ciudad donde subía Coca Cola a repartir gaseosa
y le robaban. A Pilsen le robaban hasta los zapatos, a Empresas
Públicas de Medellín le quemaban las cosas y
no dejaban cortar los servicios y eso que es del Estado. Pero
hubo zonas en Medellín en que hacían y deshacían
con la empresa privada. Incluso la gente bajaba a comprar
porque los repartidores no subían.
La empresa privada tiene capacidad de construir, por ejemplo,
un fondo rotatorio, aportar no sólo para nosotros,
sino para los procesos de paz de Medellín y no lo ha
hecho. La empresa privada ha sido tímida, no sabemos,
y eso sí habría que preguntárselo a ellos,
si por qué no cree en este proceso o simplemente por
qué no le están invirtiendo a la paz.
L.E.: Ese sería un debate interesante…
A.L.: Lo vamos a plantear en un foro con la empresa privada.
Con ellos hay que discutir: ¿por qué no creen
en este proceso? Cuando ellos en los barrios pueden medir
sus ventas, pueden medir el nivel de robo y de atraco de sus
carros.
L.E.: ¿Y la Comunidad Internacional?
A.L.: La comunidad internacional nos había tenido muy
solos hasta la participación de la OEA. Nosotros entendemos
que es razonable por varias cosas, uno, por el señalamiento
que siempre ha habido sobre la autodefensa, se ha dicho que
las autodefensas son grupos paramilitares, que son subproducto
del Estado, de la política del Estado, pero se ha demostrado
históricamente que las autodefensas ni las organiza,
ni las define, ni las financia, ni las ordena, ni las autoriza,
ni las desautoriza el Estado. Si el Estado le dice a la autodefensa
hoy: desármese, la autodefensa no se desarma. Distinto
al clásico paramilitarismo de Centroamérica
y distinto al clásico paramilitarismo que se ha visto
en el mundo. La comunidad internacional tiene una lectura
del conflicto interno de las autodefensas que es la que le
ha vendido la izquierda; eso es obvio. Nosotros no hemos tenido
posibilidad; a veces cuando Raúl Reyes dice que quiere
que Europa le escuche su versión del conflicto se parece
a la pobre viejecita que no tiene nada que comer.
Es obvio que la comunidad internacional está un poco
celosa, pero en la medida en que han venido y conocen las
comunidades y hablan con la gente y con nosotros, ahí
va habiendo permeabilidad. También es obvio que en
la medida en que nosotros consolidemos el proceso y demostremos
que vamos en serio con esto –sabemos que debemos demostrar
que vamos en serio–, se va a ampliar el nivel de confianza
de la comunidad internacional. Es un proceso que empezamos,
creemos que en tres meses que llevamos hemos logrado mucho
y la comunidad está empezando a cuestionar si la verdad
que ha llevado la izquierda es la verdad o tiene el traje
de la mentira.
L.E.: Algunos sectores afirmaron en el taller que el Bloque
Cacique Nutibara todavía funciona, usted habló
hoy del ex Bloque Cacique Nutibara, ¿cuál es
la verdad, al final de cuentas?
A.L.: La verdad es que el Bloque Cacique Nutibara se desmovilizó
totalmente y lo dijimos públicamente desde el 25 de
noviembre: todo el que utilice el nombre del Cacique Nutibara
debe ser juzgado por la ley y no como un individuo político,
no como un actor político sino como un actor delincuencial
o terrorista. Pero nosotros no reconocemos a nadie del Cacique;
aquí han llegado quejas de gente que utiliza todavía
el nombre del Cacique para cobrar vacunas y nos han llegado
quejas de la autoridad y decimos: agarren a esos bandidos,
esos no son del Cacique.
L.E.: ¿Cuánto tiempo cree usted que puede llegar
a durar este proceso si los desmovilizados no obtienen rápidamente
empleo?
A.L.: Nosotros pensamos que el proceso es irreversible y ante
la debilidad de empleo estamos buscando por todas las vías.
Estamos buscando créditos, apoyos, financiación
de proyectos productivos y unidades productivas; lo que sí
estamos convencidos es que no queremos que se vuelva a asumir
una vía armada. El problema del empleo es una cosa
real pero que hay que gestionar y tenemos a la gente gestionando.
Volver atrás es imposible. La gente está dispuesta
a denunciar a cualquier actor armado que aparezca en las comunidades,
así sea de las autodefensas. Y en eso ha sido muy claro,
el discurso de Adolfo Paz.
L.E.: ¿Cómo les gustaría a ustedes que
los viera la sociedad?
A.L.: Como ciudadanos. Pero no sólo a nosotros sino
a la comunidad. Vea, Medellín tiene 2.230.000 habitantes,
según la última valoración que hay, ¿cuál
ha sido el proyecto nuestro desde hace dos años? Lograr
que esos 2.230.000 habitantes dejen de ser habitantes y pasen
a ser ciudadanos. Y la diferencia es muy sencilla: el habitante,
come, duerme, va al baño y trabaja. El ciudadano se
compromete con su entorno, transforma las relaciones de la
comunidad, hace más vivible la situación social
o económica y construye tejido comunitario. Eso estamos
haciendo. Queremos que nos vean como ciudadanos, con una posición
social y una posición política. Y que no nos
vean como unos actores de derecha o ultra derecha, porque
no lo somos. Porque el contenido político nuestro frente
al país no es un contenido de derecha. Y creemos incluso
que hay reformas que hacer y eso no es posición mía,
eso es posición del Estado Mayor. Creemos que la corrupción
ha acabado con este país, creemos que la clase dirigente
de este país tiene mucha responsabilidad en la crisis.
Y no es posición mía, es posición de
Castaño, Mancuso, Adolfo Paz y expresada en documentos,
en libros y en la página.
L.E.: Cuándo usted habla que es posición
del Estado Mayor y no es sólo mía, ¿significa
que todavía hay nexos con ellos?
A.L.: No, no, no, sino que ha sido la posición política
del Estado Mayor. Ahora, el nexo de la negociación
de este proceso sigue siendo en el marco de que este proceso
no es local. A nosotros nos desmovilizaron en el marco de
las Autodefensas de Santa Fe de Ralito y por eso vos ves hoy
a Adolfo Paz en el discurso, porque él sigue aportando
al proceso de paz. Y nosotros le hemos dicho al gobierno y
se lo hemos dicho a la Comunidad Internacional, que este proceso
de paz hubiera sido imposible sin el papel de Adolfo Paz.
Incluso nosotros no estaríamos aquí sentados
si Adolfo Paz no hubiera orientado la desmovilización
de este proyecto. Imposible, porque si algo ha habido en este
proyecto es unidad de mando y reconocimiento hacia él,
por el papel que ha gestado en la ciudad.
L.E.: Devolvamos un poco, usted dice que acá en Medellín
hay una alcaldía de izquierda. No podemos hablar más
bien de un espacio democrático?
A.L.: No, es de izquierda y la izquierda no es mala; es que
la izquierda no es mala, la izquierda es buena y creer que
si yo digo que el otro es de izquierda y el otro es de derecha
polarizo, eso es equivocado.

Antonio
López, Corporación Democracia y Luis Fernando
Quijano de Corpades |
L.E.: Pero como está el país, muchos de esos
lenguajes han polarizado?
A.L.: No, el país en este momento no se polariza por
eso. Pensamos que en Medellín no. Vea, en Medellín
ganó un gobierno de izquierda, porque es de izquierda,
en unas zonas que controlaba territorialmente supuestamente
la ultra derecha. ¿Explíqueme eso? Y la ultra
derecha va y se desmoviliza y llega a las comunidades y las
comunidades las reciben abrazándolos. Y seguimos ahí
conviviendo y trabajando.
L.E.: ¿Cree que este proceso puede avanzar y consolidarse
en esta Administración?
A.L.: Yo creo que hay un momento histórico para la
ciudad de Medellín, en la que es posible, primero,
que el grupo más grande que ha habido en la ciudad
de Medellín se desmovilice; segundo, que ese grupo
que se desmovilizó tiene nexos que posibilitan el acercamiento
de otros grupos, no políticos pero sí delincuenciales,
hacia la Alcaldía y hacía la institución.
Si eso lo aprovecha el país y lo aprovecha la Alcaldía
de Medellín y no se pone con protagonismos o acciones
excluyentes, rico. Pero ojo, que es que ellos también
pueden ser excluyentes. Hay situaciones graves; a las Juntas
de Acción Comunal les daban los contratos para hacer,
por ejemplo un puentecito. Ya dijeron que no les daban más
contratos. Supuestamente todos se las van a dar a Conconcreto.
Entonces, si son o no incluyentes o excluyentes tendrá
que mostrarlo el tiempo. Pero en la lectura cotidiana de la
ciudad de Medellín no todo es color de rosa y habrá
que empezar a medir y ver si las comunidades se rebotan o
no, si van a presionar o no. Pero aquí, no todo es
tan armonioso como lo plantean públicamente. Estamos
dándole tiempo a un momento de transición de
una Alcaldía a otra. Pero en ese momento de transición
vemos que sacan a los politiqueros de los puestos de la Alcaldía,
pero meten las fichas de ellos. ¿Si me entienden? Entonces,
es transformar el poder político por otro poder político.
Además las mieles del poder son muy buenas y el que
las conoce no las quiere abandonar. Es iluso pensar que no
están acumulando para un nuevo proyecto de Alcaldía.
L.E.: ¿Entonces, cuál es el llamado a esta
Alcaldía?
A.L.: A hacer un proyecto realmente democrático. Nosotros
estaremos dispuestos a hacer oposición política,
si las comunidades se sienten malinterpretadas por el gobierno
de Fajardo y tendremos que decirlo públicamente.
L.E.: Ya desde la visión de desmovilizado, ¿qué
mensaje les envía a las personas desplazadas por la
violencia que tuvieron que abandonar sus tierras a causa de
las acciones violentas de las Autodefensas Unidas de Colombia?
A.L.: Aquí hay que hacer un diagnóstico y eso
lo está haciendo el Estado Mayor de las autodefensas
que aun siguen armadas, hay que hacer un diagnóstico
de los desplazamientos, unos fueron generados por las autodefensas
y otros por la guerrilla. En ese marco del desplazamiento
hay unos proyectos de retorno que los viene motivando las
autodefensas. En Urabá, por ejemplo lo hace a través
de unos plantíos de palma africana, para recuperar
posibilidades productivas para los desplazados.
En Medellín también. Le recuerdo que acá
había un barrio que se llamaba Mano de Dios, queda
aquí arribita –de la Comuna Ocho–, de puros
desplazados. La primera opción de la comunidad fue
echarlos y la definición de las autodefensas fue no,
se quedan y vivamos un proceso de integración a la
comunidad. Se les permitió construir casa. Incluso,
si recuperas historia, yo aquí era conocido como su
líder natural. Salía en los medios hablando
de Mano de Dios. Estamos por construir una política
que resuelva el problema de los desplazados. El problema de
los desplazados es un problema del conflicto interno, ni de
la guerrilla ni de la autodefensa sino del conflicto, de la
guerra. En ese sentido tenemos que construir políticas
para que esos desplazados se vuelvan ciudadanos. Medellín
tiene una particularidad en sus barrios y es que se trabaja
mucho sobre el carácter de la vecindad, los vecinos
se conocen hace años y tienden mucho a rechazar al
nuevo. Nosotros hemos propiciado que sectores de desplazados
se ubiquen en zonas con algunas reglas de ética comunitaria
y responsabilidad por el barrio y ha salido la cosa bien.
Hemos asumido liderazgos y peleado por cosas de desplazados.
Pero no sólo hacia los desplazados, sino hacia todo
el país. Sí es cuestión de un mensaje:
es simplemente que nosotros sí seguimos en la consigna,
que el compromiso de la negociación de la autodefensa
es para que se haga real, eso de que esta es la última
guerra que vivió Colombia, porque si no, no tiene sentido
esta negociación. Si a nosotros se nos presiona de
tal forma, nos dejan tan solos, que para defender la vida
de mis dos hijos, de mí esposa y la mía, me
toca volver a coger las armas, tocará. Pero creemos
y queremos que eso no vuelva a pasar.
L.E.: usted decía que una de las amenazas a este proceso
es el aspecto de seguridad, ¿qué se va a hacer
al respecto?
A.L.: Lo primero es la seguridad de la comunidad. Segundo,
les hemos dicho a los muchachos que su seguridad es comunitaria;
tercero no hemos peleado para nosotros prebendas grandes;
mientras Navarro Wolf negoció quince años de
seguridad para él, con seis escoltas y dos carros blindados,
nosotros negociamos seguridad por año y medio, con
menos escoltas. Hemos creído que en la seguridad nuestra,
el primer anillo es la comunidad.
L.E.: Ha habido críticas en ese aspecto, sobre el hecho
de que ustedes siguen insertados en la comunidad.
A.L.: Porque somos de comunidad, es que somos dirigentes de
comunidad. Vea, yo vivo en esta comuna (la número ocho)
y de aquí no me voy. Vivo en un barrio popular y en
una casa humilde y todo mundo me conoce. Y durante mucho tiempo
ostenté el papel de dirigente político de esta
organización y soy de la mesa nacional, fui de la mesa
nacional desde la primera reunión.
L.E.: Todavía le queda el soy…
A.L.: Sí, porque allá comíamos
muy bueno en Santa Fe de Ralito: fruticas, agüita y todo
eso, entonces las buenas cosas se recuerdan. Yo fui de la
mesa nacional desde el primer día y de la dirigencia
del Cacique, pero yo he entendido siempre que mi seguridad
está es en la comunidad y yo vivo aquí. Yo no
he vivido en El Poblado ni en Laureles.
L.E.: ¿Han recibido amenazas?
A.L.: Se recibió una amenaza total para el proceso
y para la dirigencia, que fue una carta que llegó de
las Farc; una carta no, un volante que repartieron en la Universidad
de Antioquia y en varios barrios populares de la ciudad de
Medellín, donde las Farc se compromete a matarnos y
nosotros nos comprometemos a no dejarnos matar.
*
Comunicadora social-periodista.
** Comunicador social-periodista.
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