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El
libro “El fenómeno de las pandillas en El salvador”
incursiona en la complicada vida de las pandillas juveniles,
que para muchos de nosotros constituye un mundo alejado y
extraño. Cualquier idea que tengamos de la misma se
ve reducida frente a la realidad que ilustran y analizan las
autoras de este estudio
por Marcela Smutt
y Jenny Lissette E. Miranda
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Fotos
cortesía Unicef El Salvador |
Así
comienza la presentación del libro Aronette Díaz:
“Que los jóvenes se asocien en pandillas no es
en sí mismo un hecho negativo, pero dadas las condiciones
socioeconómicas, políticas y culturales de nuestro
país, esa asociación entre los jóvenes
ha venido sufriendo una mutación grave, creciendo de
manera incontrolable e incorporando importantes dosis de violencia.
De la misma forma en que la urbe ha ido invadiendo el campo
y ha crecido desmesuradamente, sin planificación, sin
perspectiva de futuro y sin perspectiva humana, así
mismo el fenómeno de las pandillas o maras juveniles
parece escaparse de nuestras manos.
Lo más grave es que las pandillas han proliferado ante
nuestros ojos sin que lo hayamos percibido. Sólo nos
dimos cuenta cuando la violencia que conlleva el fenómeno
ya había crecido mucho. ¿Por qué los
jóvenes se incorporan a las pandillas?, ¿por
qué incorporan a su vida cotidiana prácticas
de violencia que los lleva incluso a delinquir? Son dos preguntas
fundamentales que fueron abordadas no sólo técnicamente
sino desde la apreciación de los jóvenes que
integran algunas pandillas.
La relación Estado-Sociedad en nuestro país
es muy débil y es necesario buscar puntos de articulación.
A lo largo de las conversaciones con los jóvenes se
observa que están interesados en opinar sobre cómo
podría resolverse su problema de marginalidad y ello
implica la opción de abrir interesantes espacios de
expresión y participación que deberían
potenciarse desde el Estado”.
¡Somos el país más violento de
la región!
La continua violación a los derechos humanos de los
salvadoreños queda evidenciada en este estudio. La
pobreza extrema, el hacinamiento, el desempleo, la falta de
incentivos laborales, niños trabajando, la violencia
intra familiar, la violencia en las calles, el narcotráfico,
entre otros, forman parte de esta realidad que al ser tan
cotidiana nos hace insensibles en la búsqueda de soluciones
adecuadas.
La investigación se dirigió a indagar sobre
el entorno socio familiar donde se desarrollan los jóvenes,
características urbanísticas, aspectos de la
vida cotidiana, valores ante la vida, auto percepción,
expectativa de futuro de los jóvenes y de la comunidad.
Se analizaron también, las relaciones entre los jóvenes
y las diferentes instituciones o grupos sociales de la comunidad.
De acuerdo con los resultados de esta investigación
podemos afirmar que la organización de las pandillas
en El Salvador no es un hecho casual, responde a un proceso
histórico, que tiene sus orígenes en grupos
de amigos o estudiantes que se organizaban esporádicamente
para defender el honor de la institución o del barrio.
Con el paso del tiempo la transformación de los problemas
sociales, políticos y económicos ocasionadas
en diversas coyunturas, las crecientes dificultades juveniles
para insertarse al mundo adulto y los efectos de la migración
y transculturación dieron como resultado un fenómeno
de organización juvenil sólidamente estructurado,
conocido como maras o pandillas.
La marginación social y económica, las dificultades
familiares, la deserción escolar, las competencias
técnicas mínimas, el desempleo o subempleo,
el desmedido y no planificado crecimiento urbano, la cultura
de la violencia, la transculturación, entre otros factores
empujan a los jóvenes a reconstruir su identidad en
las pandillas juveniles.
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Familias debilitadas
Si bien un importante número de jóvenes miembros
de pandillas proceden de familias cuyo núcleo social
básico es incompleto, eso no significa necesariamente
que ese factor sea la única causa por la cual los jóvenes
se integran a estos grupos. De hecho, muchos jóvenes
proceden de hogares nucleares, así como también,
jóvenes de familias cuyo núcleo social básico
es incompleto no se han incorporado a maras.
Esto pone en cuestión el mito de la desestructuración
familiar como causa exclusiva que lleva a los jóvenes
a integrarse a pandillas.
Las pandillas o maras constituyen un mecanismo de expresión
para los jóvenes y una reacción contestataria
frente a la violencia cotidiana en que ellos se desenvuelven.
Las pandillas responden a una lógica que empuja a los
jóvenes a crear espacios propios y conductas alternativas
las cuales, la mayoría de las veces, son contrarias
a las expectativas impuestas por la sociedad.
La pandilla no es en si una organización delictiva,
si bien algunos de sus miembros son delincuentes ocasionales
no se deben confundir con bandas de crimen organizado, hecho
muy frecuente en el medio social.
Ninguna organización o iniciativa individual podrá
ofrecer una solución completa a la problemática
de tal forma que será necesario concretar las políticas
en un plan nacional que involucre a la sociedad en su conjunto,
organismos gubernamentales, no gubernamentales, empresa privada,
gremios, medios de comunicación social, iglesias, agencias
de cooperación, universidades, comunidad y los propios
jóvenes.
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Las
voces de los jóvenes
“Vivo con mi mamá y dos hermanos más chicos.
No vivo con mi papá por problemas que tuvieron con
mi mamá. Él sólo me paga el estudio...
pero mi mamá nos da la comida, techo, ropa y todo”.
Edgardo.
“Un problema que tenemos los jóvenes es la falta
de comunicación con los padres...
Tal vez uno quiere decir algo pero ellos van para alguna parte
y le dicen a uno: me decís más tarde, no te
ponen atención y por eso en otras personas que no son
de la familia hallas refugio. Uno piensa: mis padres no me
toman en cuenta, no se preocupan por mí, salís
a la calle y encontrás amigos, empezás a platicar
con ellos y allí se empiezan a mezclar con las maras”.
Ricardo
“Cuando mi papá tomaba no me gustaba que le pegara
a mi mamá, como yo estaba pequeño no la podía
defender, hubiera estado como estoy ahora, quién sabe
lo que hubiera pasado, ya grande no hubiera dejado que eso
pasara”. Manuel.
“Lo peor que me pasó, la verdad no me gusta recordarlo,
fue una vez que mi papá me escupió la cabeza.
Aunque ya está muerto no me gusta acordarme, pero no
lo voy a olvidar, rencor no siento pero siempre se siente
uno mal”. Manuel
“Cuando yo tenía 7 años, un tío
se aprovechó de mí sexualmente. Ese tío
es al que yo quería matar...” Paty
“La mayoría de los jóvenes de pandillas
venimos de clase social baja, con una vida agitada, parejas
que se separan, alcoholismo, ladronismo, prostitución;
por eso desatamos nuestra furia en las pandillas”. Manuel
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