El adiós de un ídolo
 
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A sus 42 años Carlos El Pibe Valderrama decidió decir adiós al fútbol profesional como jugador. Durante el tiempo que vistió la camiseta de la selección de mayores logró los más importantes triunfos obtenidos por el balompié colombiano en su historia, con excepción de la Copa América 2001. Ahora espera convertirse en técnico de fútbol

por Pablo César Guevara

La mejor síntesis de lo que fue la despedida del fútbol activo de Carlos El Pibe Valderrama la dio su propio padre Jaricho –quien decidió ponerle su mismo nombre a su vástago 42 años antes, cuando estaba a punto de nacer en la ciudad de Santa Marta–: “Hoy uno es y mañana no, esa es la ley de la vida”, afirmación que pareció más un epitafio colocado sobre una lápida olvidada o uno de esos mensajes que reflexionan sobre la existencia, que un mensaje con la suficiente concisión para describir lo que significó la despedida de los campos de juego del futbolista más importante que ha tenido el balompié nacional en todos los tiempos.

El Pibe –como fue bautizado de manera inconsciente por el jugador y técnico argentino del Unión Magdalena, Rubén El Turco Deibe, que fue compañero de Jaricho en ese equipo a quien le preguntaba con su acento porteño si el joven Valderrama vendría a entrenar–, cerró su periplo por las canchas de fútbol con un balance positivo, representado en la clasificación a tres mundiales de fútbol, tres terceros y un cuarto lugar en la Copa América y dos títulos en el balompié nacional con el Atlético Junior de Barranquilla. Además ha sido uno de los deportistas nacionales con mayor reconocimiento en el mundo, con la camiseta de la selección Colombia y de clubes de Francia, España y Estados Unidos.

Según sus propias palabras, que siempre fueron pocas por su innegable timidez y que se resumía en un sintético “todo bien, todo bien”, irá a donde pueda tener la oportunidad de dirigir –pues se prepara como entrenador–, porque como le dijo a su padre cuando se iniciaba como jugador y en el momento que abandonó su natal Santa Marta, “uno toma la mochila y va donde el fútbol lo lleve”.

Pese a su retiro, Valderrama continuará siendo símbolo de nuestro país, ya que su frondosa cabellera se ha convertido en otro de los iconos de la “colombianidad” y siempre aparece donde hay compatriotas en cualquier parte del mundo.

“Todo bien, todo bien”

El Pibe provino de una familia de futbolistas ya que su padre Carlos había sido defensor del Unión; su tío Pablo Valderrama, conocido como Toto puntero izquierdo en el equipo de Santa Marta y en el Atlético Bucaramanga; sus tíos maternos Justo y Aurelio Palacio, figuras también del Unión, al igual que sus primos Alex Didí y Pablo Valderrama, y Julián y Miguel Palacio; sin contar sus hermanos Roland y Alan quienes también llegaron al profesionalismo.

El fútbol que corre por sus venas comenzó a practicarlo dando sus primeros toques a una “Bola e’ trapo” en el sector de Pescaito y en la cancha de La Castellana, templo del fútbol samario, al tiempo que alternaba esta actividad con sus estudios en el Colegio John F. Kennedy, donde estudió la primaria, y el Liceo Celedón, donde terminó el bachillerato.

Debutó en el profesionalismo en 1981 con el Unión Magdalena de la mano del argentino Perfecto Rodríguez, caracterizado por una descuidada forma de llevar el uniforme, ya que le gustaba salir al campo con la camiseta por fuera y las medias abajo, que junto a su melena lo hacían ver como un cantante de Reggae y no como un jugador de fútbol. La costumbre la mantuvo hasta cuando la FIFA ordenó a los árbitros sancionar a los jugadores que no tuvieran el uniforme en perfecto orden.

En 1984 llegó a Millonarios, dirigido por Jorge Luis Pinto, por 10 millones de pesos que pagó el cuadro albiazul por sus derechos al Unión. Allí sólo duró un año ya que no cumplió con las expectativas que se habían creado en torno a él. “Fui yo quien no pudo jugar bien. Estuve en un mal momento”, recordaría años después. Como no hay mal que por bien no venga, el Deportivo Cali se interesó en sus servicios y en el club verdiblanco su carrera despegó definitivamente.

Con el conjunto de la capital del Valle del Cauca dirigido por el yugoslavo Vladimir Popovic obtuvo dos subtítulos del torneo colombiano en 1985 y 1986; equipo en el que lo acompañó su primer gran socio en el fútbol: Bernardo Redín, y delanteros como Armando El Piripi Osma o el chileno Jorge Aravena. Sin embargo la participación en la Copa Libertadores no fue la mejor y el Cali fue eliminado en 1986 y 1987 en primera ronda.

Luego de su experiencia con el cuadro azucarero y tras una brillante actuación en Argentina durante la Copa América de 1987, donde fue elegido el mejor jugador del torneo por encima de Diego Maradona y en la que Colombia obtuvo el tercer lugar, clubes del exterior comenzaron a interesarse en sus servicios. Ese año fue elegido además por el diario El País de Montevideo como el mejor futbolista de América, título que repitió en 1993.

En 1988, y luego de una exitosa gira por Europa durante la disputa de la Copa Sir Stanley Rous en junio de ese año en la que la selección nacional jugó tres compromisos (con Escocia [0-0], Finlandia [3-1 a favor] e Inglaterra [1-1 con gol del desaparecido Andrés Escobar]), Valderrama se unió al Montpellier francés por 2.5 millones de dólares. Allí permaneció hasta 1990, logrando la Copa de Francia, además de haber avanzado hasta los cuartos de final de la Recopa de Europa, instancia en la que su equipo fue eliminado por el Manchester United. En ese conjunto se consolidó con la llegada del técnico polaco Henri Kasperczak, ya que en el primer año bajo la conducción del local Pierre Mosca había sido relegado al banco de suplentes.

En 1990 se enroló en el Valladolid de España, ocasión en la que estuvo acompañado por sus compatriotas Leonel Álvarez y René Higuita en el campo y Francisco Maturana en la dirección técnica, pero sin mayor suerte, lo que obligó su regreso a Colombia en 1992, momento en el que fue adquirido por 500 mil dólares por el Independiente Medellín. Un año más tarde pasó al Junior de Barranquilla por un millón de dólares, conjunto con el que fue campeón en 1993, bajo la conducción de Julio Comesaña. En la Copa Libertadores de 1994 logró avanzar hasta las semifinales con el Cuadro Tiburón, instancia en la que fue eliminado por cobros desde el punto penal por el Velez Arfield de Argentina, posterior campeón del torneo, cuya figura era José Luis Chilavert, bajo la orientación del exitoso Carlos Bianchi. Sin embargo Valderrama se repuso de ese trago amargo y en 1995 de nuevo fue campeón del torneo local con el Junior, con la dirección del técnico Carlos El Picis Restrepo.

En 1996 fue transferido a la renaciente Liga de Estados Unidos, donde actuó con el Tampa Bay Mutiny siendo elegido el “jugador más valioso”, aunque un año más tarde regresó a Colombia a disputar, mientras se presentaba el receso de la liga norteamericana, algunos partidos con el Deportivo Cali en el torneo local y en la Copa Libertadores. Sin embargo permanecería en Estados Unidos, donde también actuó en el Miami Fusion y en el Colorado Rapids hasta el año 2002. El Pibe jugó 175 partidos en la Major League Soccer con 114 asistencias de gol, de las cuales 33 significaron victorias para sus respectivos equipos.

Entre tanto su idilio con la selección Colombia de mayores, aunque también hizo parte de una selección juvenil y de un conjunto preolimpico, se inició y terminó paradójicamente con dos derrotas.



Con el combinado patrio El Pibe logró un tercer lugar en la Copa América de 1987, torneo en el que Colombia fue catalogado como el mejor equipo y obtuvo el título de máximo goleador con Arnoldo Iguarán; un cuarto lugar en 1991 en Chile; de un nuevo tercer lugar en Ecuador 1993, campeonato en el que el equipo terminó invicto pero eliminado de la final por Argentina por cobros penaltis; y también una tercera posición en Uruguay en 1995.

El samario fue además protagonista de dos de los partidos más memorables que las selecciones nacionales hayan disputado en todos los tiempos. El 1-1 con Alemania en el Mundial de Italia, que hizo que los colombianos dejarán de señalar como la más grande gesta del balompié nacional el 4-4 contra Rusia en Arica, en el mundial de Chile 62, y posteriormente el cinco a cero contra Argentina en Buenos Aires en septiembre de 1993, que le dio un cupo al equipo nacional para el Mundial de Estados Unidos 94. Si muchas generaciones de colombianos se preguntaron y ¿después del 4-4 qué?, ahora el interrogante a nivel de mayores es: ¿y después del 5-0 qué? Esto hace más meritorio el trabajo de Valderrama con el combinado patrio.

“La tortuga” de mente veloz

Valderrama confesó que una de sus canciones preferidas es “La tortuga” de Joe Arroyo, porque en su sentir describe su manera de correr en el campo, de una manera parsimoniosa, pero inteligente, como en el cuento infantil que describía la carrera entre uno de estos animales y una liebre. Al igual que en la historia, El Pibe siempre pudo superar con su agilidad mental a jugadores que siempre fueron mucho más rápidos, fuertes o habilidosos que él. César Luis Mennnoti, técnico campeón del mundo en 1978 con Argentina y quien lo quiso llevar a Independiente cuando dirigió a ese equipo, describió lo que para el fútbol representó el volante colombiano: “Un gran artista de la precisión. El Pibe fue una demostración viviente de que mientras la pelota viaje más rápido que el hombre, la velocidad pasa por la inteligencia”.

El samario parecía dibujar con sus pies líneas perfectas horizontales y diagonales que se convertían en pases precisos que terminaban por desconcertar a las defensas contrarias y dejaban en posición inmejorable a sus demás compañeros para anotar.

Tal vez fue ese espíritu de jugador no egoísta, que siempre pensaba más en el equipo que en su lucimiento personal, el que lo hizo el futbolista más reconocido del balompié nacional hasta el momento, por encima de nombres como Willington Ortiz; Faustino Asprilla, quien ha tenido la oportunidad de vestir la camiseta de importantes clubes de Europa y Suramerica, incluso consiguiendo títulos internacionales; el desparecido Palomo Usuriaga; Freddy Rincón, quien jugó en el Real Madrid; o el mismo Juan Pablo Angel, más rápidos y ágiles a la hora de anotar.

Su misma manera de jugar, que consistía en recibir la pelota y a veces sin ni siquiera mirar saber a dónde la iba a dirigir, sin abusar de su transporte, llevó a que Valderrama sólo sufriera una lesión de gravedad en su carrera, en la disputa de un balón dividido en un encuentro contra un combinado de Suecia (0-0), en Miami en febrero de 1994, en desarrollo de la Copa Joe Robbie, lo cual hizo temer que no pudiera participar en la Copa Mundo de Estados Unidos.

Sus pases magistrales reconocidos en el mundo, y en especial en ligas como la de Estados Unidos (Major League Soccer), donde las estadísticas son medidas al milimetro, lo convirtieron en unos de los mediocampistas con mayor número de asistencias en jugadas de gol que se haya conocido. Dos de los ejemplos de pases contundentes e imprevisibles de Valderrama fueron los que desembocaron en los goles que Freddy Rincón le anotó en el agónico 1-1 a Alemania y el primero de los tantos logrado en la histórica goleada 5-0 contra Argentina.

Un final feliz

Carlos Valderrama pudo terminar su carrera como deportista en un punto alto, reconocido y alabado por grandes jugadores y ex jugadores como el argentino y ex astro del balompié mundial Diego Armando Maradona, el chileno Iván Zamorano, el paraguayo José Luis Chilavert, el uruguayo Enzo Francescoli, el ecuatoriano Alex Aguinaga, el Boliviano Marco Etcheverry y el mexicano Jorge Campos, quienes estuvieron en su partido de despedida el pasado primero de febrero en el Estadio Metropolitano de la ciudad de Barranquilla. El resultado final fue de 3-3, con un gol del El Pibe quien, sin embargo, desperdició una pena máxima.

Valderrama es reconocido por ser un hombre respetuoso fuera y dentro de los campos de juego, cumplidor de su deber. Siempre fue uno de los primeros en llegar a las convocatorias y a los entrenamientos y nunca tuvo diferencias de envergadura con compañeros o técnicos. Sin embargo, llegó a estar detenido y reconoció en algún momento haber cometido algún delito menor. Cuando sólo tenía 20 años estuvo 4 días en la cárcel por haber golpeado a un policía y en alguna de las muchas entrevistas que concedió en su carrera deportiva recordó haber realizado algún pequeño hurto, aunque sin la trascendencia que hubiera podido frustrar su exitosa carrera deportiva.

El internacional colombiano no se fue del fútbol porque sintiera que ya no podía con sus piernas o con su físico, sino porque ser futbolista a los 42 años es como ser gimnasta olímpico a los 20.

Ahora algunos de sus siete hijos, seis de ellos del matrimonio con Clariveth Galván y cinco de ellos hombres, esperan continuar prolongando la estirpe de su apellido en el mundo del fútbol. Kenny Valderrama de 16 años, delantero veloz, desea recorrer el exitoso camino de su padre comenzando en las divisiones inferiores de Boca Juniors de Argentina, mientras Alan de 20, quien juega como volante, espera una oportunidad en el balompié nacional.

Icono de la colombianidad

Las pantallas de televisión delatan la presencia de colombianos en el mundo no sólo por la bandera o el baile cadencioso en escenarios deportivos o en reconocidas calles de grandes y prestigiosas ciudades, sino porque siempre aparece una peluca de flecos rubios que representa la cabellera de El Pibe Valderrama.

En las carreras de Juan Pablo Montoya, en los partidos de las selecciones nacionales de fútbol u otros deportes, en los compromisos disputados por la tenista Fabiola Zuluaga, en las fiestas o encuentros que celebran las colonias de nuestro país en el mundo o dentro del propio territorio nacional, aparecen siempre alegorías al gran capitán del combinado nacional.



Su frondosa melena, se ha sumado a la cumbia, a Juan Valdez, al ajiaco, a la bandeja paisa y a otros tantos símbolos que constituyen la nacionalidad colombiana, pese a que su recorrido como futbolista activo terminó.

Con el característico lenguaje de pocas palabras, en su partido de despedida, El Pibe aseguró: “Muchas gracias, es lo único que puedo decir, porque la verdad esto no es fácil”, y para Colombia tampoco será fácil que llegue alguien capaz de superarlo. En honor a la verdad y al sentimiento que produce el fútbol, imitando su estilo corto y conciso al expresarse, es preciso decir: “¡Gracias Pibe!”

 

 


 
 
 

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