Vida urbana en Hungría
el aire urbano nos hace sentir bien
 
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1989 y 1990 fueron años importantísimos para Hungría. Durante estos años se dio el cambio definitivo de régimen político en el país, que, por supuesto, tampoco dejó intacto al mundo de las ciudades. Con la generalización de los derechos políticos, la liberalización de la cultura y la formación del mercantilismo, se produjeron cambios también profundos en el aspecto de las ciudades

por György Ligeti. Traducción Márkus Támas


En Hungría, en el sentido clásico de la palabra, hay solamente un núcleo urbano: Budapest, la capital del país. Las ciudades consideradas “grandes” –Debrecen, Gyor, Miskolc, Pécs y Szeged– se quedan atrás de la capital, tanto en el número de la población (más o menos 200.000 cada una), como en la infraestructura de ellas. Actualmente el país cuenta con unas 252 ciudades, mientras el número de pueblos es de 3.145, según la clasificación de la Administración Central de Estadísticas, ksh, en octubre 20 de 2002. Esto no significa que aquellas 252 localidades que se consideran ciudades sean centros urbanos como tal.

Hungría es un país centralizado fundamentalmente en su capital. El motivo de esta característica se basa, probablemente, en el desarrollo peculiar de los países de Europa Central y Oriental. Por una parte, debido a la endémica carencia de bienes que padecieron estos países el centro del desarrollo siempre fue la capital, pues en ellas se concentró la mayoría de la producción industrial; por otra, Hungría necesitaba muchos pasos para llegar a ser autosuficiente.


Fotos Màrkus Tàmas


Transporte urbano

En la mayoría de las ciudades circulan autobuses –sólo en algunas existen tranvías. Además de Budapest (donde existen unas veinte líneas de tranvía, diez de trolebús y cuatro de tren suburbano), hay tráfico de tranvía en Szeged, Miskolc y Debrecen.

Cada ciudad tiene una línea, que, cosa bastante típica, une la estación de tren con el punto más lejano de la ciudad, cruzando, o más bien zarandeándose por la calle principal. El tráfico de las localidades más pequeñas poco pudo adaptarse al horario de la población, alterado radicalmente desde el cambio de régimen.

Desde 1989 no existe empleo total, así que no es obligatorio que todos los adultos capacitados trabajen en un lugar fijo y determinado. A pesar de esto, en las ciudades rurales, sólo por la mañana y por la tarde salen los autobuses con mayor frecuencia –salvo estos períodos, el flujo de los autobuses es bastante escaso. (Hablando de horarios, he de admitir –aunque no tenga nada que ver con el transporte–, que en las ciudades húngaras es casi imposible tomar un café por la mañana. Si bien en los países cercanos, o en la Europa Occidental y del Sur, es una costumbre habitual que la gente tome su café en un bar o cafetería en compañía de amigos o compañeros de trabajo, en nuestro país esa costumbre aún no se ha establecido).

El transporte público en el centro de las ciudades es, por su aglomeración y para decir lo mínimo, bastante problemático, a pesar de que cada vez más gente intente salir del interior de la ciudad moviéndose hacia los barrios verdes y más tranquilos. En las afueras de las ciudades se van construyendo parques de apartamentos; conjuntos cerrados, muchas veces protegidos por un servicio de seguridad y habitados principalmente por la clase media. El éxodo rural es un fenómeno general desde hace varios años en la sociedad húngara, lo que hace que las familias de clase media prefieran moverse a las afueras de la ciudad antes de tratar de convertir el centro en un lugar vivible y agradable. Por supuesto trabajan en el centro y sus hijos estudian allí; los locales culturales que frecuentan están en el centro y los hospitales también. En los países de Europa Occidental ya ha empezado el proceso de aburguesamiento, que en este caso significa trasladarse de nuevo a las metrópolis.

En varias localidades de las afueras de Budapest se han instalado familias de clase media, no obstante sin la red adecuada de carreteras –o sea, sin la infraestructura necesaria de transporte. Las familias no tienen más remedio que usar sus propios coches para viajar a la capital, congestionando así prácticamente todo el tráfico de ésta. Sin duda alguna, hasta que no se realice la conexión de estas localidades con la capital por vía férrea, como lo hizo París con la RER, esta situación no se resolverá.
Budapest dispone de tres líneas de metro –que en la realidad son dos y media, ya veremos por qué. Dos de ellas son líneas tradicionales que corren muy debajo de la superficie, cruzando, a través del centro, toda la ciudad, y transportando cada día millones de ciudadanos. La “media línea” corre justo debajo de la pista, así que se puede acceder a ella con facilidad. Tiene un recorrido bastante corto y las estaciones están muy cerca entre sí. Debemos admitir que se trata del primer tranvía subterráneo de todo el continente, funciona desde el año 1896.

Desde hace una década surgen grandes debates políticos sobre la posible construcción de una cuarta línea en la capital.

La pluralización de la cultura

Antes del cambio de régimen los acontecimientos culturales discurrieron solamente en las llamadas casas de cultura, hoy en día, en cambio, ya se cuentan varios clubes y bares en las ciudades, y existen muchas localidades que dan lugar a los acontecimientos culturales más diversos. La posibilidad de entretenerse se polarizó sensiblemente desde el cambio de régimen: los más pobres mejor se quedan en casa porque al menos los programas televisivos son gratuitos. En cada vez más ciudades aparecen lugares donde se puede escuchar música en vivo y donde, además de las películas más populares –en su mayoría norteamericanas y muy pocas húngaras–, se puede acceder a películas poco conocidas. Sin embargo es Budapest, junto con sus alrededores, el único lugar en el país donde existen programas musicales especiales, diversas cadenas de radio, videotecas y lugares de concierto. La razón podría ser que aquí vive gente, digamos, más interesada en estos espectáculos, de tal manera que el mantenimiento de un sitio cultural puede ser rentable.


También son típicas las llamadas plazas (centros comerciales), que cuentan con espacios limpios, con aire acondicionado, restaurantes, cafeterías, salones recreativos y multicines con varias salas. Una de las costumbres más recientes en Hungría es “irse de plazas” que significa algo como comprar deleitándose –o sea, mezclar las compras con el entretenimiento–. Los dueños de estas plazas gastan miles de millones en las construcciones, pero sería importante también fomentar las calles y las plazas de la ciudad.

En las afueras de casi todas las ciudades se encuentran grandes centros comerciales, que son accesibles solamente en automóvil (otra vez algo característico), donde las familias suelen comprar comida, productos de limpieza para toda la semana o todo el mes, e incluso ropa –muchas veces este es el programa para el fin de semana. Estos centros son, por supuesto, más baratos que las tiendas en el interior de la ciudad, pero éstas siguen siendo imprescindibles, sobre todo si uno quiere comprar solamente una cajita de cerillas (fósforos), por ejemplo. No existen muchas ventas ambulantes en las ciudades, y son más bien los pasos subterráneos en donde se encuentran algunos que venden libros, paraguas, despertadores e incluso corbatas. Por supuesto estos vendedores no tienen licencia y la policía muchas veces les expulsa o, lo que es más frecuente y típico, les multa beneficiando su propio bolsillo. Existen tambien muchas tiendas nonstop, preferiblemente en el centro de las ciudades, donde venden los alimentos más básicos y cigarrillos; sus dueños son llamados “empresarios existencialistas”, ya que eligen trabajar en el comercio en vez continuar desempleados.

 

 


 
 
 

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