| “Hay
que devolverle la paz al campo, para que el campo le devuelva
el empleo a Colombia”, fue una de las primeras frases
que le escuché al presidente Uribe. Me gustó,
pero al mismo tiempo pensé: y, ¿si no alcanzamos
la paz? Afortunadamente tenemos un presidente integral. A
pesar de que la opinión lo ha identificado con el tema
de seguridad democrática, existen muchos puntos más
en su plataforma de gobierno. Por ejemplo, dentro de las 6
herramientas para mejorar la equidad se encuentra la de la
recuperación del sector agropecuario en el país,
y hemos trabajado por ese sendero
Los
resultados ya comienzan a verse. El Ministerio de Agricultura
asegura que este año la cosecha de algodón en
la Costa Atlántica y los Llanos Orientales sobrevivió
a la lluvia y aumentó en un 33%. Pasó de 29.000
hectáreas en el año 2002, a 38.500 en 2003.
Del incremento de 9.500 hectáreas, 6.000 corresponden
al uso de semillas de algodón genéticamente
modificadas. Gracias a este crecimiento, se crearon 5.030
empleos directos permanentes.
El uso de estas semillas, que son resistentes a las plagas,
ha sido respaldado por el Presidente, y juiciosamente puesto
en práctica por el Ministro de Agricultura por los
excelentes resultados que trae su utilización en los
niveles económico, ambiental y social.
Tuvimos dos ahorros económicos concretos: primero,
se redujeron los costos de producción por el ahorro
en la aplicación de insecticida; y segundo, se incrementó
la productividad, ya que fue posible controlar las pérdidas
ocasionadas por el ataque de los insectos a la planta de algodón,
lo que trajo consigo una fibra de mejor calidad.
Además, los beneficios ambientales fueron contundentes,
por la reducción en el uso inadecuado de agroquímicos
y la utilización más eficiente del suelo cultivable.
En el mundo, en el año 2001, gracias al uso de semillas
genéticamente modificadas, se logró un ahorro
de 10.500 TM de ingrediente activo para insecticidas.
Por último, obtuvimos beneficios sociales. La reducción
en el número de aplicaciones le significó al
agricultor un incremento de su tiempo libre. En Sudáfrica,
donde hay amplia experiencia en este tipo de cultivos, han
concluido que con ellos una familia logra ahorros mensuales
de 1.000 litros de agua, libera 12 días por la menor
necesidad de aplicaciones, camina 100 km menos y aumenta sus
ingresos en US $85 por siembra.
Éstos son los avances que permiten construir un país
más justo, más equitativo, con oportunidades
de empleo y desarrollo, en el que los campesinos retoman su
papel de motores de la economía y generadores de crecimiento.
Con políticas de largo plazo, como la que se ha planteado
el Ministerio de Agricultura, con el impulso a las semillas
genéticamente modificadas, se podrá garantizar
la sostenibilidad del agro colombiano. Éste es el “corazón
grande” del presidente Álvaro Uribe Vélez.
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