Recorridos y luchas
por los niños de la guerra
 
sección

 

 

 
 

Ya casi es media noche y aún no logro conciliar el sueño, el ladrar de los perros está del otro lado y su eco retumba en todas partes. Me cuesta trabajo pensar que estoy en una de las metrópolis más grandes del mundo, que estoy en el norte de Ciudad de México, en un lugar exclusivo, Colonia Privenza, Área Satélite, y lo único que se oye del otro lado es el ladrar de los perros, como en el cuento de Juan Rulfo: “Después de tantas horas de caminar... se escuchó el ladrar de los perros”

por Danilo Moreno H.


Sobre el contexto urbano, aparecen las huellas de lo rural. Han pasado ocho días de mi permanencia en esta ciudad cuya población se acerca a los 30 millones de habitantes, 30 millones de deseos, reunidos en un territorio de 3129 km2.. Ahora mientras intento dormir una multiplicidad de rituales y de colores se repiten en mis recuerdos.

Cierro los ojos y las imágenes toman vida, una tras otra, entre el horror y la fascinación, entre el miedo y la atracción, entre el susto y la confianza. Es como si en esta ciudad se reflejaran todos los rincones de México. En mi primera imagen desde la ventanilla del avión, un sobrevuelo de más de 15 minutos, se confunden el smock, el color naranja de los ladrillos, los punticos rojos -los mercados móviles-, las tejas, los rascacielos, la infinidad de edificios. Después llegan otras imágenes: un taxi de terror, una mujer en el metro, la típica comida mexicana, la gigantesca avenida de La Reforma, los “atascos”, un ritual indígena al frente del Museo de Antropología. Un Parque Escondido. Vendedores que invaden las calles con todo tipo de artículos, una indígena que desde el piso me vende una muñequita de trapo. La pobreza en las caras. Las mansiones, los rascacielos. El rostro de una anciana que, pese a mi ruego, no se dejó tomar la foto, en sus arrugas se veían los años, el desarraigo.

Las multitudes, los olores, las catedrales, los mariachis en la plaza Garibaldi, la comida picante: los chilaquiles con mole, las enchiladas. Los contrastes arquitectónicos. Los “antros” en la noche, la vida cultural en las calles, los modernos centros comerciales, el Santa Fe: - bien venidos al siglo XXI. Mi recorrido por Insurgentes, la calle más larga del mundo. El ritmo de la ciudad, la velocidad, el vértigo. Las distancias te ganan. El bullicio por todas partes. La ciudad que se fundó en 1325 hoy tiene: 316.000 empresas (80% de las totales del país), 344 hospitales, 25.000 cuartos de hotel. Dentro del D.F. se generan al día más 29 millones de viajes internos, transitan más de 2 millones de vehículos; se pueden visitar, si hay tiempo, 161 museos, 30 salas de conciertos, 106 galerías de arte y 107 cines.

¿Qué recuerdo? el recorrido por la casa de Frida Kahlo en Koyuacán: su cama, sus espejos, sus vestidos, su corsé, su cocina, o quizás con más fuerza el cuadro que me hizo estremecer en el Museo Dolores Olmedo, ese cuadro sobre el aborto que impresiona por su crueldad. Sus autorretratos, sus mil rostros, los objetos dentro del cuerpo transparente. De las imágenes de Frida a los frescos, en el Palacio de Bellas Artes, de los muralistas: los de Rivera, Siqueiros y Clemente, esos frescos gigantescos en donde lo social es parte vital de la obra.

¿Qué recuerdo? mi recorrido en el metro a las horas pico, un metro que al día transporta casi 10 millones de personas. Esa sensación de sentirme masa, de estar adherido al otro, como en el cuento de RenéRebetez (que como muchos escritores colombianos vivió en México). En su cuento La Nueva Prehistoria, un hombre lucha por no dejarse devorar de una criatura fantástica que se gestó en la fila de un teatro en una ciudad sin nombre. Recuerdo la imagen del guardia, empujando la masa, para embutir más gente; se atropella para entrar y para salir. Fui masa mientras por unos segundos, la luz del interior se iba y en medio de la oscuridad todos guardábamos un profundo silencio. El lunes, mi primer día de metro, llovió y la sensación de masa se prolongó, el recorrido sobre los tramos al aire libre fue en cámara lenta, por eso invertí casi tres horas para llegar al otro lado de la ciudad. Ahora, los nombres de las estaciones se superponen: Tacubaya, Tasqueña, Rosario, Barranca del Muerto, ¿por qué se llamará así?

¿Qué recuerdo? Mi visita a uno de los santuarios más concurridos del mundo, se dice que después del Vaticano, el de la basílica de la Virgen de Guadalupe, la patrona de México, es el que más se visita: - el doce de diciembre la gente no cabe, desde la noche anterior la multitud espera, vienen de todas partes de México, más de 50.000, se rumora. La imagen impresiona, cuesta trabajo pensar que apareció en 1531 y sigue tan intacta y que según estudios, en el ojo de la virgen se refleja, en una dimensión diminuta, la figura del indio Juan Diego. Los muros de los tres temples escuchan en silencio los deseos que los feligreses depositan con fe. Sólo en la Nueva Basílica (1976) caben 10.000 personas.

¿Qué recuerdo? Mi triller en un taxi, su conductor, un joven mexicano de rasgos fuertes, apenas nos subimos y sintió nuestro acento extranjero, empezó a decirnos cosas como: “aguas, en un taxi en México te pueden pasar cuatro cosas: asalto, secuestro, secuestro express y violación… ¿Ustedes ven patrullas alrededor?, cierto que no, aguas… El del lado es un taxi pirata. ¿Quién les dice que mi chapa no es robada?, ¿qué yo no acabo de robarme este carro? Aguas… Si yo saco esto en medio de la oscuridad, mostrándonos el celular, ustedes pensarán que es un arma, ¿verdad? y harán lo que yo les pida… Yo no es que los quiera asustar, aguas… 30 minutos eternos y de terror.

Recuerdo a unos indígenas haciendo un espectáculo en la plaza de La Constitución, sus trajes de colores, sus plumas, sus collares, la comida, el humo y esa música circular con vientos y tambores. Su presentación, convertida en simulacro de un ritual ancestral, ahora vendida como artículo de consumo. Los vestigios de Tenochtitlán, ruinas de una pasado silenciadas por la destrucción y masacre de una cultura, las ruinas sobreviven a penas a una cuadra de la Catedral, una de las más antiguas de América (iniciada en 1572), se construyó sobre el Templo Mayor de la cultura Azteca, como lo hizo el destructor Hernán Cortés: sobre las pirámides, construir iglesias, para que los indígenas siguieran visitando los mismos lugares.

¿Qué recuerdo? mi visita a Teotihuacán, esa ciudad ubicada apenas a 50 km al noreste de Ciudad de México y que fue abandonada misteriosamente antes de que llegaran los españoles. Alcanzó a tener más de dos millones de habitantes, mientras que París era apenas una aldea. Todavía se pueden recorrer esas ruinas en las que la magia se percibe en el aire. Cuando estaba en lo más alto de la Pirámide del Sol cientos de mariposas gigantescas revoloteaban y el sol del medio día parecía quemar sus alas negras y amarillas, iban y venían con el viento e impresionaban a turistas venidos de todas partes del mundo. Ahí están las ruinas, las vasijas zoomorfas, los animales fantásticos, los colibríes, los tigres, las águilas. Ahí está el misterio de las pirámides del Sol y de la Luna, con sus frisos ardornados con pinturas que atravesaron los siglos, con figuras mágicas. Las huellas de una ciudad que tuvo barrios y acueductos. Cuando vi la gigantesca plazoleta central, asocié las imágenes ya clásica de los indígenas en el juego de la pelota.

Doy otra vuelta en la cama, con los ojos cerrados, el olor a cerveza Corona, se filtra en el aire de los recuerdos. Esa gran manzana que huele a varios metros a la redonda. Ahora entiendo por qué esa cerveza está presente en más de 150 países del mundo, porque se toma en los atardeceres naranja, sin fronteras, al lado de trozos de limón y de sal, es que desde su origen el olor atrae.

¿Qué recuerdo? Las calles atestadas de vallas publicitarias, unas muy viejas, donde se alcanza a leer letreros alusivos a la última visita del Papá por allá en la década de los 70, imágenes de publicidad superpuestas una sobre otra, de cantantes, de Shakira, de Briney, de Juanes, de Cocacola, de Pepsi, de marcas conocidas, de las cadenas de almacenes de todas las partes del mundo. ¿Qué recuerdo? Las banderas de México ondeándose por toda la ciudad, vísperas del día nacional, el mítico 15 de septiembre, el día en que el grito del Presidente desde el Palacio de Chapultepec, de los alcaldes en todos los pueblitos, el grito de casi 100.000 millones de gargantas invade todo el país de norte a sur, de oeste a este. El grito cuyo eco sobrevive hasta el próximo aniversario: ¡Viva México!..cabrones.

¿Qué recuerdo? las historias de Gabriel, mi guía, un mexicano de pura sepa, que a punta de recorrer la ciudad como guía turístico se sabe los cuentos con finura y exactitud, las relata con talento, con fuerza: - ahora cuando salga en el avión trate de ver los volcanes, son dos, le decía a un italiano cuando lo llevábamos rumbo al aeropuerto- ¿Sabe la historia? Se dice que Popocatepetle tiene forma de mujer, ella era una Princesa que un día vio partir a su valiente guerrero Iztccihualtl para la batalla y al poco tiempo llegaron noticias de la pérdida. Se rumoró que todos los hombres estaban muertos, ella se dejó morir de amor, de tristeza. Cuando regresó su amante y la encontró muerta, se acostó a sus pies para morir a su lado. A Gabriel las palabras le fluyen, la fuerza de la cultura oral hace presencia en sus labios.

Sigo aquí, sin poder dormir, del otro lado solo se escucha el ladrar de los perros, mañana me enfrentaré a ese aeropuerto gigantesco, atestado de gente: de hombres con sombrero, extranjeros, asiáticos, europeos, italianos, brasileños, a la hora de salida del vuelo que me llevará otra vez a Colombia, solo por la misma aerolínea habrá diez vuelos internacionales con destinos a Estados Unidos, Europa, Oriente y Sur América. Las imágenes se repiten, se superponen y el sueño parece desvanecerse entre ese collage de imágenes.


Fotos Manuel Álvarez Bravo. Cortesía Embajada de México

 

 


 
 
 

LA ESQUINA REGIONAL
www.laesquinaregional.com - soporte@laesquinaregional.com
Telefax: (057) 400 7411
Bogotá, Colombia

Los textos e imágenes que aparecen publicados en este sitio
se encuentran registrados en la Oficina de derechos de autor,
por lo tanto su utilización está sujeta a la autorización de los editores.