Para
Carlos Gaviria Díaz, ex magistrado de la Corte Constitucional
y senador, “una de las dificultades más grandes
para oponerse al Gobierno es que está haciendo cosas
que van en contravía del Estado Social de Derecho,
del Estado de Derecho a secas, de la democracia, de las libertades,
de los derechos sociales, pero prevalido de que tiene un gran
apoyo popular. Y oponerse a un gobernante en esos términos
es bastante difícil”
por
Carlos Alberto Rivera, Nelly Valbuena Bedoya
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L.E.:
¿Qué significa el Proyecto de Reforma a la Justicia
para el país y cuál es su opinión frente
a la polémica que se ha generado alrededor de los tres
aspectos fundamentales que esta reforma sugiere?
C.G.: En primer lugar, la supresión
del Consejo Superior de la Judicatura implica la eliminación
de la autonomía de la Rama, y en un Estado de Derecho
es inconcebible que la Rama Judicial no tenga independencia.
En segundo lugar, el recorte a las facultades a la Corte Constitucional
está acorde con lo que el Gobierno pretende. Sin duda,
éste tiene una gran vocación autoritaria que
implica la ausencia de controles.
La Corte Constitucional ha ejercido, con mucha propiedad y
responsabilidad, los controles que la Carta le ha encomendado,
de esta manera se ha convertido en un estorbo para los propósitos
del Gobierno.
Finalmente, las restricciones a la tutela, resultan nocivas
para el país y son las que más tocan al ciudadano
corriente, por cuanto la tutela se ha constituido en el símbolo
de la Constitución de 1991, ya que los derechos empezaron
a hacerse efectivos a través de un mecanismo tan ágil
como éste. Antes de la Constitución del 91,
el ciudadano no se interesaba por saber de cuáles derechos
era titular, porque sólo existían en el papel.
Ahora cuando el ciudadano sabe que existe un mecanismo expedito,
ágil, mediante el cual puede remover las situaciones
que atentan contra sus derechos fundamentales, cuando se ha
interesado por conocer cuáles son esos derechos, en
conocer la Constitución y en ejercer la tutela, ésta
se quiere limitar.
L.E.: ¿En realidad se ha desbordado la tutela?
C.G.: Cuando se dice que hay en Colombia un desbordamiento
de la tutela, pienso que la primera respuesta es que en Colombia
ha habido un desbordamiento en la violación de los
derechos de los ciudadanos; también obedece a que los
códigos procesales no se han actualizado, no se han
puesto a tono con la Constitución de 1991. Cercenar
la posibilidad de que la tutela se ejerza para defender los
derechos de segunda generación, los derechos sociales,
económicos y culturales, equivale a dejar sin sentido
la tutela, y a convertir en letra muerta los artículos
que están consagrados a este tipo de derechos en la
Constitución del 91.
Contra todo eso quiere atentar la reforma a la justicia y
no debe ser leída al margen de las otras propuestas
del Gobierno. Me parece que está muy bien articulada,
porque el Gobierno tiene un propósito claro y es desmontar
el Estado Social de Derecho, que se diseñó en
la Constitución de 1991.
L.E.: ¿Hasta qué punto es cierto el
argumento de que la tutela es muy costosa?
C.G.: Sin duda la democracia es costosa. Naturalmente
una dictadura, al menos formalmente, sería menos costosa.
Aun cuando creo que sería mucho más costosa.
Yo he dicho, y puede ser bastante aventurado, que prefiero
una democracia corrupta a una dictadura transparente. Lo digo
con base en algo evidente, de lo que da cuenta la historia,
y es que dictaduras transparentes no hay. Cuando hay una dictadura,
sin controles, es cuando el gobernante encuentra la situación
propicia para enriquecerse, para hacer todo lo que el derecho
no permite.
Es evidente que hay costos sociales, pero yo repito mucho
una anécdota que parece trivial pero que es cierta:
cuando se dice que aquí no hay dinero para la salud,
para la educación, para el medio ambiente sano, yo
lo comparo con la situación de una persona que tiene
reservada una suma de dinero para comprar una buena botella
de whisky. Se encuentra con un amigo que le solicita veinte
mil pesos prestados, porque los necesita para comer, y él
le responde: –No tengo dinero para prestarte. Claro,
porque lo tiene destinado para otros gastos. Lo mismo ocurre
aquí.
L.E.: ¿Por qué cree que el Gobierno
no ha presentado aún el proyecto? ¿Tienen que
ver las opiniones en contra?
C.G.: Creo que la propuesta inicial era tan cínica,
que el mismo Gobierno se dio cuenta de que había ido
demasiado lejos, entonces ha entrado a escuchar otras opiniones.
La tardanza en presentarlo significa que está oyendo
a otros sectores.
fotos:
Chano |
L.E.:
De darse algunas de estas modificaciones a la justicia, ¿cuáles
serían, las implicaciones en el ámbito regional?
C.G.: La administración de justicia va a sufrir
una degradación grande. Por una parte, la pérdida
de autonomía de la Rama; por otra, la pérdida
de controles y la mengua de la tutela. En las regiones el
hombre común es el que menos acceso tiene a los círculos
de poder, a las instancias centrales donde se maneja todo.
Por lo tanto, allí pueden experimentarse de una manera
más dramática los resultados de una Rama Judicial
más debilitada.
L.E.: ¿Los colombianos y colombianas no estamos
ya acostumbrados a plantear reformas coyunturales? ¿Necesitamos
una reforma integral?
C.G.: No creo que se necesite una reforma integral.
Al contrario, pienso que nosotros nos excedemos en reformas.
La Constitución de 1886 duró 100 años,
la Constitución de 1991 lleva muy poquito tiempo y
todos los males que estamos padeciendo se los atribuyen a
ella, cuando no le han dado tiempo suficiente para ayudar
a mejorarlos.
L.E.: ¿Existen presiones globales, internacionales,
para este tipo de propuestas?
C.G.: No hay duda. El hecho de que hagamos parte
de la aldea global nos hace tributarios de las políticas
de las entidades financieras internacionales, del Fondo Monetario
Internacional y del Banco Mundial. Estas son instituciones
que no se caracterizan propiamente por dictar directrices
económicas que busquen el mejoramiento de la vida de
los sectores más abandonados.
L.E.: ¿Existe alguna directriz internacional
que obligue al Estado colombiano a restringir la tutela?
C.G.: Es posible que no lo diga expresamente, pero
se establecen otros tipos de prioridades. Necesariamente los
dineros que están dedicados al servicio de la deuda,
que cada vez crece más, son sustraídos precisamente
de esos renglones que para el Estado nunca han sido prioritarios.
L.E.: ¿Qué implicaciones tiene el estatuto
antiterrorista?
C.G.: Estatutos como el que se propone ahora, con
el nombre de estatuto antiterrorista, los hemos ensayado durante
cincuenta años. Durante ese término estuvimos
viviendo permanentemente en Estado de sitio. Y las medidas
que ahora se plantean, eran las que se proponían bajo
los decretos de Estado de Sitio.
L.E: ¿Qué balance se puede hacer de
esas medidas?
C.G: Esas medidas pueden constituir un legado histórico
muy importante, porque se saca en claro que eran completamente
ineficaces para los males que decían atacar y nocivas
para los ciudadanos indefensos e inocentes que muchas veces
fueron sometidos a tortura y condenados en juicios militares
breves y sumarios, de los cuales nunca han sido restituidos
en sus derechos, así luego se les haya considerado
inocentes.
L.E.: Teniendo en cuenta la ola internacional antiterrorista
y el reciente apoyo que personalidades como el juez español
Baltasar Garzón le han dado al estatuto, ¿usted
cree que va a salir exitoso en el Congreso?
C.G.: No me cabe duda de que esos hechos que causan
tanto escozor en la ciudadanía, sirven como pretexto
para expedir ese tipo de estatutos. El ciudadano corriente
no establece la relación entre la situación
que se vive y lo adecuado de las medidas que se dictan; el
razonamiento que se hace es tan simple como este: Estamos
viviendo en un estado de terror insoportable, por lo tanto
las medidas que el Gobierno dicte hay que apoyarlas, sin valorarlas.
El apoyo que la comunidad internacional le da a estas medidas
desconoce la realidad colombiana. A menudo se nos dice que
en esos países existen disposiciones muy drásticas
para los estados de excepción, lo cual es cierto, pero
en esos países los derechos humanos no están
expuestos, no son tan vulnerables como entre nosotros. En
esos países los derechos humanos no son un mero discurso,
sino son una práctica por la cual el gobierno se siente
realmente atado.
L.E.: Usted cree que con toda la popularidad que
tiene el Presidente y con la sensación que ha logrado
posicionar de seguridad entre la clase media habría
apoyo para sacar adelante sus propuestas?
C.G.: En este momento el Presidente tiene apoyo para
lo que proponga.
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