Muchas
veces la mirada del otro hace que reflexionemos
a cerca de nuestra realidad. Una mirada, alejada de la nostalgia
y próxima a una alternativa de desarrollo regional,
es la que merece el país en torno a los ferrocarriles
nacionales
por
Carlos Alberto Rivera |
Exponiendo
la realidad social del departamento del Putumayo ante mis
compañeros de la clase de francés, me preguntaron
por las formas de acceso a la región. Desde luego tuve
en cuenta el acceso aéreo y los pocos itinerarios.
Además expuse las deplorables condiciones de las vías
terrestres, que desde los departamentos del Huila y Nariño,
parten hacia el Putumayo. En ese momento llegó la pregunta,
inesperada: –¿y el tren? En Colombia no existe
el tren, respondí. Nadie podía creerlo; ni la
profesora, ni mis compañeros que provenían de
diferentes países europeos y asiáticos, podían
imaginar que no existiera un sistema férreo de transporte
masivo de pasajeros en mi país.
Ésta fue la razón por la cual comencé
a indagar por la historia de los ferrocarriles. Recurrí
a periódicos, revistas, páginas de internet,
libros de historia y hasta programas de televisión.
De esta manera encontré aspectos desconocidos y procesos
históricos de lo que hubiera podido ser una alternativa
de desarrollo para nuestras regiones.

Fotos Chano
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Del
agua a la tierra
Aunque el principal medio de comunicación y de transporte
en la segunda mitad del siglo XIX en Colombia era el transporte
fluvial, a través de los pocos ríos navegables,
dentro de los cuales el principal era el río Magdalena,
también eran utilizados los “caminos reales”
para transportar alimentos y carga a lomo de mula. Pero estos
sistemas no estaban interconectados, lo que producía
el aislamiento de las regiones y la fragmentación de
los mercados. Por esta razón, hacia 1841, aparece la
necesidad de implementar en el país el sistema ferroviario.
Las razones por las cuales nace el ferrocarril están
relacionadas con el río Magdalena, principal sistema
de comunicación en el momento. Entre otras, para descongestionar
la ruta, como alternativa de transporte, pero la principal
intención era la de intercomunicar las regiones productivas
del país con el río grande.
En la década de 1870 a 1880 comienza la primera etapa
de florecimiento de los ferrocarriles en Colombia. La Ley
69 de 1871 declaró la importancia que tenía
para el país la agilización del transporte y
el fortalecimiento de la comunicación entre el interior
y la costa Atlántica. Comenzó, entonces, la
construcción acelerada de los ferrocarriles, tiempo
en el cual se levantaron cuatro, entre ellos el ferrocarril
de Antioquia. La Ley 104 de 1892 autoriza a través
del sistema de concesiones fundar los ferrocarriles, entonces
se hacen otros cinco, entre ellos el de Cúcuta y Cauca.
Un segundo aire
La guerra civil de Los Mil Días trajo consigo la suspensión
del servicio férreo por cerca de tres años.
Durante este tiempo, fueron destruidas las vías, demolidas
las estaciones e incendiados los vagones, lo que produjo un
estancamiento del sistema.
Entre 1905 y 1910, durante el mandato del presidente Rafael
Reyes, se inicia la reconstrucción económica
del país, que incluye la construcción de ferrocarriles
a través de una política de concesiones. En
la década del 20 los recursos para la revitalización
del transporte fueron financiados con
el 65% de la indemnización que recibió Colombia
por la separación de Panamá. Durante esta época
los kilómetros de vías férreas para transportar
café hacia el extranjero fueron utilizados también
para las inversiones ferroviarias orientadas hacia el comercio
interno. Así, se establecieron las condiciones que
permitieron superar las limitaciones existentes para el afianzamiento
de la industria colombiana.
Durante la década del 30 la política de transporte
otorga prioridad a la construcción de carreteras y
reduce en un 86% la inversión en construcción
de vías férreas. Se crea el Consejo Administrativo
de los Ferrocarriles Nacionales, que fija tarifas acordes
al interés público, desconociendo la política
de maximización de ganancias. Esta situación,
además de la competencia con la red de carreteras,
marcó el inicio de la quiebra del sistema ferroviario.
En 1954, el gobierno de turno suprimió dicho consejo
y creó la administración de Ferrocarriles Nacionales
de Colombia, FNC, con el objeto de unificar el sistema de
transporte férreo y ofrecer un mantenimiento adecuado
a la infraestructura que garantice un óptimo servicio.
Se inicia, entonces, la construcción del ferrocarril
del Atlántico y la nacionalización de los ferrocarriles,
adquiriendo el más importante, el ferrocarril de Antioquia.
Aunque el sistema fue vital para el afianzamiento de la comercialización
del café en el exterior, también con esta creación
apareció la burocracia, el sindicalismo voraz, la contratación
conveniente para particulares, nacionales y extranjeros y
hasta se comenzaron obras que quedaron inconclusas.
A pesar de todo, hasta 1974 se puede hablar de un segundo
florecimiento de los ferrocarriles nacionales, que seguían
transportando un número importante de pasajeros y eran
fundamentales para el transporte de carga, a pesar de la competencia
con el transporte de tractomulas, de la ausencia de mantenimiento
de la red y del robo continuado de rieles. El sistema no aguantó
más estragos y colapsó. Aunque se cambió
la tecnología de vapor por el diesel, los costos operativos
y el descalabro de la empresa llevaron a la disolución
de ésta en 1988.
¿La continuación de un final?
En 1992 se crea Ferrovías, siendo ésta la actual
propietaria de las vías, estaciones y el servicio.
Al privatizar el sistema, el país sufrió un
costo social incalculable y se pasó de un servicio
público a uno particular. Actualmente el país
cuenta con 3.154 kilómetros de vías férreas,
de trocha - angosta (914 mm), de los cuales 1.915 (60,7%)
son corredores activos, los restantes 1.239 (39,3%) están
fuera de funcionamiento. Del total de corredores activos,
1.665 son operados comercialmente en la actualidad.
Desde 1998 se propusieron como alternativa para la rehabilitación,
mantenimiento y operación procesos de concesión,
iniciados con la red Pacífica, que cuenta con una extensión
de 500 kilómetros, la cual se adjudicó a la
empresa Concesionaria de la Red Férrea del Pacífico
S.A., conformada por socios españoles y colombianos;
esta red fue cedida por 30 años. La inversión
del Estado colombiano asciende a 120 millones de dólares
para la rehabilitación y 22,1 millones para la interventoría
de la rehabilitación. Con ello se espera transportar
2,1 millones de toneladas anualmente.
Así mismo, la red Atlántica se adjudicó
a la firma Ferrocarriles del Norte de Colombia, FENECO, de
la cual hacen parte socios españoles, indios y colombianos,
por un tiempo de 30 años. La inversión estatal
es de 80 millones de dólares, de los cuales la concesión
devolverá US$42 millones, cuatro años luego
de la iniciación. Se espera transportar 21 millones
de toneladas por año.
¿Dinamizadores de desarrollo?
Si alguna vez los expertos y conocedores de los ferrocarriles
pretendían que el Estado extendiera el sistema ferroviario
por regiones, en las que incluso no existen actualmente carreteras,
para transportar carga desde Venezuela y llevarla hasta los
puertos del Pacífico, hoy se pretende que logren ser
dinamizadores de la economía de las regiones que interconectan.
Lo que resulta realmente increíble es que 160 años
después de haber intentado interconectar al país
a través del tren, la idea siga vigente como alternativa
para sacar del anquilosamiento a las regiones del país
que tradicionalmente han estado olvidadas.
Mientras la nueva política de concesiones comienza
a operar al 100% de lo proyectado, seguiremos viendo a cientos
de campesinos del Putumayo, la Orinoquia, la Amazonia, el
Urabá chocoano y el Catatumbo, cargados con sus productos
y cosechas; soportando interminables viajes, el olor al comiso
y humores que se confunden entre los habitantes de municipios
pequeños, los turistas nacionales y extranjeros que
comparten el puesto con las gallinas, los bultos de comida
y las jaulas, hacinados entre buses, jeeps, buses escalera,
las tradicionales chivas, planchones, lanchas de motor y canoas.

Estación de la Sabana en
Bogotá, calle 13 con carrera 18 |
Álvaro
Escalante R.
Jefe de la división de concesiones de Ferrovías
L.E.: ¿En qué consiste
el proyecto de concesión?
A.E.: En que todos los derechos de explotación
comercial son para beneficio de la empresa concesionaria,
para desarrollar su modelo financiero y a los 30 años
entregan la vía rehabilitada a la Nación.
L.E.: ¿Por qué 30 años?
A.E.: No sé. Eso es parte de una
estructuración financiera, esos tiempos están
dados por los flujos de capital que les sean atractivos
y rentables a los inversionistas. Por ejemplo las concesiones
de puertos están a 20 años, hay unas concesiones
viales a 15. Eso depende del modelo financiero que resulte
atractivo a un inversionista para que muestre su interés
de participar.
L.E.: ¿Cuál es el proceso
de rehabilitación de la red ferroviaria?
A.E.: Consiste en el mantenimiento de
la infraestructura, que son los drenajes, los terraplenes
y a la superestructura y ésta a su vez está
conformada por los rieles, el balastro, todo ello necesita
alineaciones y verificaciones de alineación, etcétera.
L.E.: ¿En el sistema de concesiones
se plantea la modernización del sistema?
A.E.: No. Existen muchos estudios que
indican la conveniencia de seguir con el actual sistema.
Cambiar la trocha angosta por la trocha ancha, sería
comenzar de nuevo. Es un costo que la Nación no
puede asumir.
L.E.: ¿Cuál es la situación
de estas concesiones?
A.E.: En la Red Atlántica existe
un contrato operacional entre La Loma y Puerto Drumon,
trayecto de 200 kms en el cual la firma exporta carbón
en volúmenes aproximados de 12 y 14 millones de
toneladas en el año. Tiene contractualmente un
plan de obras repartido en 7 años, iniciando el
27 de marzo de 2001 y terminando el 26 de marzo de 2008.
La concesión Pacífico inició operaciones
el 15 de febrero de 2003 y la proyección es que
en el transcurso de este año se logren movilizar
300 mil toneladas, las cuales irán subiendo paulatinamente
hasta llegar a un volumen de transporte de 2 millones
de toneladas al año. En este momento está
totalmente rehabilitada la línea desde Buenaventura
hasta Zarzal.
L.E.: ¿A futuro está pensado
otro tipo de concesiones?
A.E.: Sí, hay una serie de proyectos
que están direccionados por el ministerio. El principal,
es la que llamaban la doble línea, entre La Loma
y Santa Marta, lo que ahora se llama Línea Caribe-Cesar.
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