Este
texto fue preparado para el conversatorio “Acuerdos
Humanitarios” que organizaron el Instituto de Estudios
para
el Desarrollo y la Paz, INDEPAZ y la revista La Esquina Regional,
en el marco de la XVI Feria Internacional del Libro
El
10 de junio de 2001, mi vida cambió de manera abrupta,
bastó una llamada, una sola llamada, para informarme:
“El senador Luis Eladio Pérez fue retenido por
el segundo frente de las Farc, esto señora no es un
secuestro económico, tampoco es un juicio, es una retención
política». No lo podía creer. Si bien
es cierto, que con preocupación de colombiana seguía
paso a paso las noticias, jamás me imaginé que
yo pudiera estar en la misma situación de tantos compatriotas,
una familia más en medio del conflicto, en medio de
la guerra.
A los pocos días pude reaccionar, le hice desde la
distancia una promesa a mi esposo, abrazada de mis hijos tomamos
una decisión, por muy difícil y tortuoso que
fuera el camino, esta familia siempre iba a tener el valor,
la entereza y la determinación necesaria para traerlo
de regreso a la libertad.
Para ello realicé el primero de varios viajes. Hablé
directamente con los miembros negociadores de las Farc y les
pregunté, ¿por qué privaron de la libertad
a mi esposo?, ¿explíquenme en qué consiste
una retención política? Pedí el reconocimiento
público de esta retención al igual que pruebas
de supervivencia y aclaré las precarias condiciones
de salud de mi esposo debido a su diabetes. Oí con
atención y preocupación las explicaciones que
me fueron dadas. El regreso fue agobiante, entendí
por primera vez la difícil tarea que me esperaba pues
todo dependía de dos voluntades en donde no tenía
injerencia alguna. Abiertamente y sin tapujos se lo explique
a mis hijos. Inmediatamente convertimos una habitación
en oficina dotándola de todos los implementos necesarios.
La Comisión Segunda del Senado, a la cual pertenecía
mi esposo, lo eligió Presidente como acto de reconocimiento,
esto nos permitió dirigirnos al Vaticano, a todos los
parlamentos del mundo. Entramos en contacto con otros Gobiernos,
Organizaciones Internacionales y ONG que trabajan en Colombia
por la defensa de los Derechos Humanos, visitamos permanentemente
al Gobierno y lógicamente continuábamos abriendo
trochas y recorriendo caminos polvorientos. Pero pasaban los
días y no avanzábamos, el Proceso de Paz comenzaba
a languidecer y así lo reconocen las partes el 5 de
octubre de 2001 al publicar el texto del Acuerdo de “San
Francisco de la Sombra”.
El Gobierno manifestó su rechazo a todo tipo de secuestro
tanto de parlamentarios (ya eran seis), como de servidores
públicos o cualquier otra persona. Les confieso, esa
noche no pude dormir. Muy pronto, para desgracia nuestra,
empezaríamos a oír voces que aumentaban día
a día pidiendo la terminación del proceso de
paz. No olvidemos que la paz tiene muchos enemigos. Llegó
diciembre y con él una profunda nostalgia, no estaba
entre nosotros un miembro amado de la familia y su silla vacía
nos impedía disfrutar de una simple cena navideña.
El 5 de febrero de 2002 el reto fue poderlo inscribir a la
contienda electoral para el Senado de la República,
convirtiéndose en el primer hombre que aspira a una
curul estando en cautiverio. Su familia, su partido político
y sus amigos de esta manera le refrendaban su apoyo y solidaridad.
No fue una campaña política, pues el político
se encontraba en algún lugar de la selva colombiana.
De la mano de Guillermo, la “Chiva”, Cortés,
trabajamos durante un mes la Convocatoria Nacional por el
Derecho a la Vida y a la Libertad sin obtener resultados positivos.
El 20 de febrero de 2002 recibimos un baldado de agua fría,
el proceso de paz había terminado, esa noche corrimos
desesperados a prender radios y televisores, queríamos
saber qué iba a suceder con todos los secuestrados,
nadie hablaba de ellos, nos preguntábamos, ¿qué
vamos a hacer?, ¿Dónde estará?, ¿Podrá
sobrevivir?, ¿Lo volveremos a ver?
Personajes como el ex Presidente Alfonso López, muy
cercano a nuestros afectos hace ya décadas, le abre
paso al Derecho Internacional Humanitario, invocando protocolos
profundizando en consideraciones humanitarias. De igual manera,
el doctor Jaime Bernal Cuéllar, nos abre las puertas
de las posibilidades jurídicas para el acuerdo humanitario,
nos aclara que en un Estado Social de Derecho las leyes deben
favorecer a la sociedad, deben proteger la vida y la libertad
de sus conciudadanos, nos aclara que éste es un imperativo
moral del Estado.
De igual manera, profundos conocedores del tema humanitario,
ex presidentes de la Republica, centrales obreras, ONG, Congreso
y gran parte del pueblo colombiano, se pronuncian a favor
de este acuerdo especial que permite humanizar el conflicto.
Enviamos mensajes a nuestro ser querido para darle esperanza
y valor, para decirle que no vamos a permitir que sea olvidado.
Para que oiga nuestra voz, así nosotros no podamos
oír la suya.
Hoy, estoy aquí, frente a ustedes con el alma herida
por la angustia y la zozobra, con el cuerpo enfermo de tanto
dolor, con un nudo en la garganta, para decirles ¡Por
Dios, yo soy colombiana, mi familia es colombiana, permítannos
seguir viviendo!
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