no me lo cambien
 
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Por culpa de una gripa me quedé en casa todo un día. Afuera llovía a cántaros y la ciudad se veía más gris y más oscura que nunca; pensé en ese instante que muchos envidiarían mi morbosa situación, por un lado estaba feliz de estar un día completo en mi casa, así tuviera que sonarme cada segundo y estornudar cada medio, pero al mirar hacia la calle y ver ese caos vehicular me sentí dichoso de no ir en medio de ese trancón. Decidí relajarme y hacer lo que más me gusta, “ver televisión”. En ese instante comenzó mi desgracia, el cable no funcionaba, entonces empecé a canalear y no entraba ningún canal internacional, sólo entraban los canales nacionales.

Por Néstor Mora



Empecé mi recorrido por “Muy buenos días”, el programa de Jotamario, el eterno Jotamario que no nos deja olvidar que es un plomo interrumpiendo a sus invitados y haciendo unos chistes de los que sólo se ríen sus compañeras de set, pero me lo aguanté así, mas no cuando se puso trascendental y cari acontecido con el drama de su invitado (un famoso periodista que nos sigue contando cómo se convirtió al cristianismo y su vida cambió). Pasé de canal y me encontré con Pacheco, haciendo una reseña de la vida de su invitado para luego preciarse de ser su gran amigo; después de 70 años en la TV lo sabemos, querido Pacheco.

No más, cambié el canal, descubrí a un grupo de niñas modelos en traje de baño y “pensé cómo se la ganan de bien” expuestas las pobres a las miradas de miles de personas y a los vulgares primeros planos de sus zonas íntimas del porno camarógrafo; la franja terminó y le dio paso a la primera emisión de noticias. Un refrito de las notas del día anterior, eso sí con caras nuevas presentándolas y seguro pensando que el pobre pendejo del televidente no se da cuenta. Claro que todo no es malo, es un calmante ver a Claudia Palacios presentando las noticias fresca, linda y sobre todo segura.

Ya en este momento he terminado mi primera caja de pañuelos desechables. Sigo viendo televisión y aparecen para mi salud y remedio “Hechizada” y “Mi Bella Genio”. Es increíble que después de veinte años sus historias sigan vigentes y me doy cuenta el por qué, son sencillas, inteligentes y divertidas. Tomo un aire y trato de comer algo, pero la verdad nada me gusta y sigo en mi empeño de gozar el día, pero empieza de nuevo mi calvario: primero con “Historias de hombre sólo para... aburridas” y “Expedientes”, dos bodrios en diferente canal; en el primero el actor invitado es don Jediondo un auténtico purgante en compañía del elenco de “Sábados Felices”, nunca supe si fue una broma de mal gusto o que por atrapar audiencia recurrieron al ridículo. En “Expedientes” tuve la desgracia de ver una historia de homosexuales que rayaba en lo absurdo, con actuaciones planas y una dirección perfecta, perfecta para mandarla al foso de los leones.

Seguí con los noticieros de los cuales no hablo porque en ese instante los analgésicos surtieron su efecto. De repente entré en una pesadilla-sueño, allí soy Carlos Alberto de “Padres e hijos” y veo cómo mi hija Daniela en la serie es psicóloga, comunicadora y publicista además de una bomba sexy gordita y cachetona; me encuentro y me beso con Lucero Cortés que hace de señora bien pero sin nada de credibilidad, tiene más fuerza actoral un bonsái. Luego me encuentro en el set con todos los personajes de la serie, unos nuevos y otros viejas glorias de la televisión respirando su última gloria. En el sueño a mi familia le pasa de todo, desde hurto calificado hasta secuestros, pasando por una serie de situaciones traídas de los cabellos y que sólo suceden en mi seriado, de repente en una escena besándome con mi esposa ella me abraza apasionadamente y en al acto se cae mi peluquín, escucho una voz que grita ¡corten! Desperté sudoroso y con escalofríos, pensé seriamente en llamar a mi médico pero me dije fresco, es sólo una gripa; interrumpí mi jornada televisiva por la visita de un amigo, pero el anuncio de los siguientes programas no es nada alentador: novelas y más novelas y para los niños ¡oh! novedad, “El chavo del Ocho”. La visita se despidió, no sin antes dejarme mil remedios contra la peste, todos malísimos, pero bueno, la intención es lo que vale. Volví a mi televisor y me encontré con la primera novela de la noche: “Sofía, dame tiempo”, un buen esfuerzo por demostrar que el talento y la belleza van de la mano, lo malo es que no lo vemos. Pasé de canal y me encontré con “Francisco el matemático”, una historia juvenil que vale la pena, pero me preocupa que caiga ya por los años en otro bodrio como “Padres e hijos”. Luego me encontré con “La venganza”, un atentado certero a los ojos con actuaciones sobresalientes por su patetismo y una historia tan trillada que dan ganas de vengarse apagando el televisor. Cambié de canal y apareció una mujer hermosa, regular actriz pero con ganas de hacerlo bien, a su lado el galán de buseta número uno de Colombia, el señor Abello, que debe dar gracias a todos los santos por estar allí, realmente es pésimo. ¡Qué desánimo!, pero me alivió encontrarme con “María Madrugada”, excelente realización, buenos libretos y actuaciones que me borraron de la memoria las fatídicas actuaciones de la naciente “Venganza”. A propósito de los libretos, me asalta la duda sobre sus escritores, los famosos Dagos, ¿por qué tantas veces son malos y tan pocas buenos?


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