Mucho
se habla en el país, y por temporadas, sobre el asunto
de las regalías. Cada vez que las administraciones
departamentales y municipales vacían sus arcas como
buenos despilfarradores, gastan más de lo que ingresan
y comprometen al fisco con entidades de crédito que
a su vez hacen su negocio, aparece en el país el tema
de las regalías como la fórmula mágica
que librará de la pesadilla a la comunidad.
por
María Victoria Tirado |

fotos: archivo la esquina |
Y
se izan banderas para reclamar la justicia social, la atención
del Estado, de las familias más necesitadas y, en fin,
todos los argumentos y rincones insatisfechos de la sociedad
resultan de un momento a otro siendo las víctimas perfectas
que deben por la razón o por la fuerza, despertar la
solidaridad de gobiernos y personas.
Comencemos estas reflexiones dando una rápida mirada
al marco legal que ha pretendido regular en nuestro país
la distribución de la riqueza que puede generarse a
partir de la explotación de nuestros recursos no renovables,
sin perder el punto de vista que necesariamente nos indica
que a todos nos pertenecen. Antes de la expedición
de la actual Constitución Política en el año
de 1991, existían en el país normas diversas
que regulaban la distribución y manejo de las regalías
por cada uno de los recursos naturales no renovables, en las
cuales se disponía que parte de esos recursos correspondían
a la Nación por derecho propio. Existían normas
sobre petróleo, esmeraldas, carbón, plata, platino,
etcétera, y en el Código de Minas se contenían
algunas previsiones que a la postre no lograron unificar el
tema y, en muchos de los casos, crearon una verdadera confusión
sobre el particular.
La nueva Constitución conservó los derechos
de percibir regalías a los departamentos municipios
en cuyo territorio se exploten recursos naturales no renovables,
extendiendo este beneficio a los puertos marítimos
y fluviales por donde se transportan dichos recursos o productos
derivados de los mismos y previó que por la explotación
de estos recursos, se causaba a favor del Estado una contraprestación
económica a título de regalía. Dispuso
también que con las regalías que no fueran asignadas
a los departamentos y municipios, es decir, las que corresponden
al Estado, se creara el Fondo Nacional de Regalías
con el fin de que dichos recursos se destinarán a la
promoción de la minería, la preservación
del medio y a financiar proyectos regionales de inversión
definidos como prioritarios en los planes de desarrollo de
las entidades territoriales (artículos 360 y 361 de
la Constitución Política de Colombia). Hemos
de entender con ello, que planes de desarrollo son aqueloos
que comprenden dos o más departamentos. Nació
así la distribución entre regalías directas
e indirectas.
En desarrollo de esta norma constitucional, en el año
de 1994, en Congreso de la República expide la Ley
141, cuya finalidad se orientó a cuatro grandes objetivos:
1.Establecer el régimen de regalías, esto es,
determinar los porcentajes que como regalías se generaban
por la explotación de los recursos naturales no renovables,
indicando que del monto de estos ingresos, debían ser
entregados a los departamentos productores un 74%, a los municipios
un 13%, a los puertos un 8% y al Fondo Nacional de Regalías
un 32%. 2.El régimen de inversión de los recursos
que por regalías directas recibieron los departamentos
y municipios productores y los puertos marítimos y
fluviales, determinando que los mismos debían ser invertidos
en entender necesidades de salud, educación y saneamientos
básico.
Dispuso la ley en los artículos 14 y 15, los porcentajes
de inversión en cada uno de estos sectores y determinó
las coberturas las coberturas mínimas en estos aspectos,
ordenando que si ellas no eran alcanzadas con la inversión
en los porcentajes fijados, sería mayor el valor dela
inversión hasta alcanzar dichas coberturas. En caso
contrario, los entes territoriales estaban autorizados para
orientar la inversión de las regalías hacia
otros sectores. 3. Se creo la Comisión Nacional de
Regalías como ente encargado del manejo de la regalías
asignadas al Fondo Nacional de Regalías, disponiendo
que los recursos a administrar serían invertidos en
los sectores como salud, educación y vías, entre
otros y 4- Le asignó a la Comisión Nacional
de Regalías la función de control y vigilancia
de la inversión de las regalías directas y la
aprobación de los proyectos que fueran viabilizados
por los correspondientes ministerios y que comprometieran
la inversión de las regalías indirectas, esto
es, aquellas que por mandato constitucional le corresponden
al Estado como contraprestación económica por
la explotación de los recursos naturales no renovables.
En
el año 2002, el Congreso mediante la Ley 756 interviene
de nuevo en el asunto de las regalías. El cambio importante
consiste en modificar los porcentajes a percibir por regalías
sobre hidrocarburos fijados en la Ley 141 de 1994 en un 20%
por barril en boca de pozo con incrementos porcentuales según
la producción, pasando a ser entre el 5 y el 25% también
según la producción, con miras a incentivar
la inversión en la exploración y explotación
de este recurso natural.
Desde que nuestro país tiene memoria sobre la explotación
de los recursos naturales no renovables generadores de regalías,
a la fecha, los departamentos y municipios productores, los
puertos marítimos y fluviales y todos los entes territoriales,
han percibido por cuenta de las regalías sumas de dinero
importantes que hubieran permitido garantizar a las comunidades
mejores condiciones en su calidad de vida y muy especialmente
en los sectores de salud, educación, saneamiento básico
y crecimiento en los sectores eléctrico, de conservación
del medio ambiente, de infraestructura vial y todos aquellos
que por su importancia en el buen vivir de los pueblos, generan
polos de desarrollo por la actividad económica que
representan. Desafortunadamente, estos recursos importantes
han sido huérfanos del control del Estado, víctimas
del desgreño administrativo, de la indolencia de los
administradores de turno y presa fácil de los apetitos
desmedidos de los corruptos que sin compromiso de patria y
sin sentimiento alguno de solidaridad, han enriquecido sus
bolsillos, los de sus amigos, de sus socios en el despilfarro
y demás especies abundantes en el diario aprovechamiento
de los administradores, quienes a su vez, hemos permanecido
indiferentes o indolentes ante tanta y tanta privación
e irrespeto, como si el atropello de nuestros derechos fuera
la norma y su excepción, el fervor de cumplir con las
leyes.
Resulta paradójico que en nuestro medio mientras más
riqueza hay más florece la pobreza y el desamparo por
generación espontánea. Casos como el de Arauca
en donde a pesar de percibir recursos apreciables por regalías
el departamento y el municipio capital y la comunidad no cuenta
–entre otras falencias–, con servicios básicos
como alcantarillado, agua, potable y una cobertura suficiente
en educación de calidad que prepare las generaciones
en formación para dirigir el destino de su entorno.
Y lo más paradójico es que durante años
la situación de corrupción e indebida inversión
de los recursos percibidos por regalías, era un secreto
guardado por toda la comunidad, por los organismos de control
del Estado y naturalmente por los administradores y políticos
que se beneficiaron con la situación. Sólo hasta
ahora se ha decidido por el Gobierno Nacional intervenir en
el asunto y cabe preguntarse: ¿es demasiado tarde?,
¿por qué faltó voluntad política?,
¿por qué las autoridades de control y vigilancia
omitieron cumplir con su deber siendo conocedores de la situación
de primera mano?, ¿en qué estado están
las investigaciones tendientes a determinar responsables?
Preguntas todas son respuestas que como semillas han germinad
a lo largo dela patria y necesariamente nos conducen a cuestionar
la efectividad de la centralización en el manejo de
las regalías, a pensar en revaluar el diseño
de la estructura responsable de la inversión y control
de los recursos percibidos por concepto de regalías
en los ámbitos nacional, regional, departamental y
municipal.
Y a nosotros los administrados nos llegó la hora de
pensar en el futuro. La hora de tomar en serio nuestro papel
dentro de la sociedad, la hora de ser activos en el proceso
de veeduría ciudadana que por nuestra actitud, deberá
alcanzar su verdadera dimensión dentro de la sociedad.
Depende de todos nosotros que los recursos provenientes de
las regalías mejoren nuestra calidad de vida. Depende
de nosotros la vigilancia del desempeño de las funciones
de las personas que hemos privilegiado con nuestro voto. Depende
de nosotros acordar con nuestras comunidades cuáles
son aquellos proyectos que pueden traernos bienestar y desarrollo.
Depende de nosotros el no permitir que la corrupción
se pasee por nuestras calles y campos bajo la consigan del
silencio temeroso, amparado por la indiferencia que siempre
deja en manos de otros la responsabilidad de todos.
Depende de nosotros el ser conscientes de que los recursos
provenientes de las regalías son pasajeros. Aquellas
fuentes de las cuales provienen no son renovables, se agotan
en el tiempo y para ese mañana mejor que todos anhelamos,
no las tendremos. Pensemos en que al menos la inversión
de esos recursos deben significar para nosotros obras utilidad
para la sociedad, que le ofrezcan bienestar y no monumentos
a la vanidad de nuestros dirigentes y menos aún fuente
de ingresos para quienes no los adquieren con el fruto de
su trabajo.
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