El carnaval paralelo
 

 

 

 
 

Después de aterrizar en Soledad (Atlántico) y recorrer el camino de entrada a “La arenosa”, no hay otro motivo que el carnaval. El más despampanante de Colombia y uno de los más importantes del mundo iberoamericano.
La gloria del mismo que renació después de la Guerra de los Mil Días como una batalla de flores, se repite hoy con absoluto éxito y feroz grandilocuencia.

por Asdrúbal Medina


foto: Asdrúbal Medina

No se puede negar la deliciosa marcha a lo largo y ancho de la ciudad y los ríos de ron y música, amén de la extroversión perversamente bella de los disfraces autóctonos y desafiantes. Pero, ¿hasta dónde se conjuga la idea popular de la diversión con la verdadera dimensión económica de la posibilidad?

El palco

Es una inversión costosa pero sin duda la más apetecida cuando no se quiere o no se puede desfilar, ya que garantiza una ubicación estratificada y una visión panóptica. El segundo pero, es: ¿Qué poblador pobre de Barranquilla tiene el dinero para ingresar? Esto, calculando que obviamente hay palcos del más bajo presupuesto y la más deficiente manufactura, sin hablar del sobrecupo y la poca vista.

La caseta

Cuando se ha pasado el día caminando, corriendo, bailando mapalé y puya loca, la caseta, aunque suene irónico, es un lugar de reposo el cual invita por la fama misma de las orquestas que allí suenan y por la necesidad de no deambular más. Obviamente el costo no espera, la entrada y la ubicación, además del trago y lo extra, son otro golpe al bolsillo desprevenido del rumbero neófito (turista).

El sancocho

Para desenguayabar en Puerto Colombia, exquisita promesa culinaria de la más rancia tradición, pero con cupo determinado y por supuesto cuota fija. Si hacemos cuentas alegres y nos decidimos a rumbear, entonces todo sumado va ya en $150.000 el día, aparte de hotel, adornos varios (necesidades), el cupo en la comparsa, las máscaras de recuerdo, la comida en la calle, etcétera.

Entonces ¿cómo se puede mediar si de todas formas el más pobre alquila lo poco que tiene para regalar momentos de locura y el más rico se disfraza?

Inevitablemente me pregunto, es decir aparece el tercer pero, ¿ni siquiera el carnaval que presupone la expresión más democrática del pueblo costeño escapa a la tiranía del elitismo, la estratificación y la falta de equidad?

 

 


 
 
 

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