La
vida organizada en comunidad llevó a los desplazados
de la hacienda “Bellacruz”, al sur del Cesar,
a tierras cercanas a Ibagué a vivir para todos.
por
Carlos Alberto Rivera |

fotos: Chano |
La
opinión pública recuerda el caso de las familias
desplazadas de la hacienda “Bellacruz”, con la
participación del ex ministro y ex embajador Carlos
Arturo Marulanda y su familia, pero olvidó a los verdaderos
protagonistas de esta historia.
El ansia de dominio territorial y económico los expulsó
un 14 de febrero de 1996, dejando viviendas, parcelas e incluso
familia. Los obligó a trasegar por pueblos de la región
y luego por parte del territorio nacional, durante 10 meses,
buscando nuevas tierras dónde vivir; aguantando enfermedades
y derribando barreras políticas, sociales, económicas
y culturales. Se hicieron visibles al país por las
medidas que tomaron, para que el gobierno de turno les solucionara
su reasentamiento. Pidieron, negociaron, los relacionaron
con la guerrilla, se instalaron en edificios públicos
de la capital y los llevaron hasta su nuevo hogar.
A iniciar una nueva forma de vida llegaron 56 familias. Tuvieron
que organizarse, olvidarse de lo particular, para vivir por
lo común. Transformaron el paisaje, lo inhabitable
en tierras fértiles y productivas. Se dieron a conocer
como gente trabajadora, honesta y pacífica. Organizaron
escuela y albergues infantiles. En 610 hectáreas, trazaron
calles y distribuyeron terrenos para vivir y para cultivar,
gestionaron alumbrado público, líneas telefónicas
y crearon un sistema de acueducto rudimentario.
Cambiaron
el cultivo del plátano por el de la caña. Pero
mantuvieron el cultivo de arroz, que venden a molinos de la
región, junto con el sorgo, el maíz y la panela.
Para su alimentación mantienen ganado y cultivos de
mojarra.
Cada 29 de diciembre celebran su reasentamiento, único
momento en el que se entrelazan dos culturas, la costeña
–dicharachera y abierta– y la tolimense –tradicional
y conservadora–. Ese día rompen sus sistemas
de seguridad y abren las puertas de la gran hacienda para
departir con gobernantes, figuras públicas de la región
y vecinos.
A pesar de las dificultades por la escasez del agua, la imposibilidad
de ofrecer educación media a los y las jóvenes
y el disfrute de comodidades familiares, ya que prima el bien
común, “La unión del futuro” y “La
nueva esperanza”, marcan su quehacer diario. En estas
dos organizaciones comunitarias se agrupan para dar bienestar
a todos los desterrados. A pesar de su reconocimiento al Estado
por ofrecerles unas condiciones mínimas para su restablecimiento,
hoy esperan la titulación de las tierras para sentir
algo propio.
Ellas
son 70 familias, aproximadamente 560 personas, reasentadas
en la hacienda “La Miel”, en inmediaciones de
Ibagué, que conceden a sus esfuerzos por organizarse
el resultado de su supervivencia. Esperan se haga justicia
en el caso “Marulanda”, pero sobre todo que la
administración departamental construya un indispensable
puente y les solucione el problema del acueducto y el alcantarillado.
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